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Cualquier
intención de Cecilia Roth para conservar el bajo
perfil, que alimenta desde hace muchos años, se desvanece
ante su atractivo personal y la fuerza de una personalidad
muy definida. De todas formas, frente a ella se plantea
una dualidad desafiante: la invitación a una charla
franca al mismo tiempo que demarca, sutilmente, los límites
para salvaguardar una intimidad que defiende a capa y espada.
Poco importa el torbellino que plantea Buenos Aires a las
seis de la tarde, cuando la premiada actriz internacional
llega al lobby del hotel céntrico para la entrevista.
El mundo se detiene y es ella quien recrea un nuevo espacio,
mucho más calmo y totalmente acogedor. “Disculpa”
–dirá con el tu totalmente asumido en su lenguaje–,
para explicar luego las vicisitudes de una semana complicada
por una conjuntivitis que la tuvo a mal traer, pero que
a la hora de las fotos, parece no haber existido nunca.
Porque a pesar de reconocer que no le agradan las sesiones
fotográficas, la cámara se enamora de ella
y consigue lo mejor de Cecilia, una y otra vez. El encantamiento
es “a primera vista”, de la misma manera como
ya sedujo con su profunda mirada y su temperamento actoral
a directores de la talla de Pedro Almodóvar, Adolfo
Aristarain, los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, Alejandro
Agresti y Marcelo Piñeyro,
entre otros.
“No se puede
vivir sin estar enamorado,
pero muchas veces, vivis igual, sin estarlo”.
Cecilia habla con entusiasmo de su
último trabajo para televisión, la miniserie
policial Epitafios, que le permitió acceder por primera
vez a un trabajo de “género”, pero esa
excusa profesional sirve para bucear en una mujer que defiende
como una leona su mundo privado, y también se permite
compartirlo a través del centro de su universo, que
es su hijo de cinco años. “Martín es
un ser inmenso, con él siento que tengo una relación
de una enorme profundidad, de una enorme entrega, y fundamentalmente
una enorme incondicionalidad. Es un niño básicamente
feliz y eso me hace muy feliz a mí”, sintetiza
la actriz para develar su profundo amor de progenitora.
–¿Qué aprendés día
a día como madre?
–Me enseña a estar todo el tiempo en el lugar
de madre, es una relación única e intransferible.
También te cambia mucho, creo que a partir del hecho
de tener un hijo, dejamos de lado cierta ironía con
la cual nos manejamos en nuestra vida como adultos, especialmente,
al querer resolver situaciones puntuales. Un hijo te permite
volver a encontrarte con tu parte más honesta, la
más pura que podés tener.
–Con tu situación tan particular de
vivir viajando por el mundo para filmar, ¿cómo
organizás tu rol de madre?
–Mi hijo va a la escuela en Buenos Aires, eso es muy
determinante a la hora de elegir donde vivimos. Intento
que los trabajos en el exterior sean coincidentes con las
vacaciones de invierno o verano de Martín. Además,
cuando filmo en España, él tiene allí
a sus abuelos (los padres de la actriz) y ese lugar, es
también sin duda, nuestro segundo hogar.
–El niño tiene dos padres que viajan
mucho, y con agendas completas de tareas profesionales...
–Con Fito tenemos un afecto entrañable, nos
unirá por siempre ser los padres de Martín.
Lo que más nos importa a ambos, es que él
nos tenga siempre a los dos. Por eso, si uno viaja, lo que
intentamos es que el otro esté aquí. Martín
está siempre con su mamá, su papá o
su gente, muy contenido. Pero, la verdad, trato de llevármelo
todo el tiempo posible, porque lo extraño horrores.
Un lugar
en el mundo
Cecilia no tiene tregua en su carrera, luego de Epitafios
que grabó a fines de 2003, viajó a España
para filmar bajo las órdenes del director Eduard
Cortes, Otros días vendrán, luego a Italia
para una miniserie con los hermanos Taviani y ahora espera
el 2005 con un nuevo filme en Argentina, La Intrusa, de
Ulises Rosell y un reencuentro con uno de sus directores
favoritos: el español Almodóvar.
–Parecen acosarte los papeles de madre.
–Es cierto, en su gran mayoría, mis últimos
trabajos tuvieron que ver con madres en diferentes circunstancias,
pero también tiene que ver con los cambios de edades,
dentro de algunos años, tendré que hacer papeles
de abuela y si es así, tendré que aceptarlos
y vivirlos con plenitud. Sin embargo, estos roles no sólo
son madres, son muchas cosas más que madres, les
pasan situaciones fuertes como a toda mujer en la vida.
–¿Y, cómo será ese reencuentro
con Almodóvar?
–Tengo un proyecto maravilloso con Pedro para el 2005,
es lo único que puedo adelantarte, si hablo más,
me va a matar. Es una hermosa película, con un excelente
guión. Por supuesto, un drama, típicamente
Almodóvar.
–A partir del éxito de Todo sobre mi
madre en Estados Unidos muchos pensaron que se podrían
abrir las puertas de Hollywood, ¿tuviste propuestas
para filmar allá?
–Para trabajar en Estados Unidos uso el mismo criterio
que tengo cuando elijo una película argentina, china
o mexicana. En su momento tuve propuestas, pero no terminaron
de cerrarme y no porque fuera Hollywood iba a hacerla. Hasta
que no llegue un buen proyecto, no lo voy a hacer.
–¿En qué lugar preferís
filmar?
–En lo personal, antes que en Estados Unidos me seduce
mucho más filmar en Europa o Latinoamérica.
–Durante más de una década,
tuviste una exposición pública muy fuerte
a partir de tu relación con Fito, ¿te sentís
ahora un poco más protegida?
–Creo que es una decisión mía absolutamente
estar en un plano más tranquilo ahora. Estando con
Fito, era quizás más difícil estar
más atrás, la exposición a mí
me angustia mucho, me siento muy invadida. Me gusta hacer
un trabajo con la prensa que tenga que ver con mi tarea
como actriz y siempre tuve un muy bajo perfil con relación
a mi vida personal. Esta es la manera que elijo para moverme
en esta profesión. Seguramente ahora puedo hacer
una vida más propia.
El Amor
después del Amor
Cecilia seduce, es una condición natural que ella
no la impone, se materializa por sí sola. Más
aún cuando da rienda suelta a su sonrisa y comienza
a disfrutar de la charla, es el momento que abre una pequeña
puerta y permite contemplar sus sentimientos. Allí,
aparecen las imágenes de su ex pareja, el músico
Fito Páez, de quien se separó hace tres años,
y esa apertura permite escuchar una definición sobre
el amor que se transforma en una radiografía personal:
“No se puede vivir sin estar enamorado, pero muchas
veces, vivís igual, sin estarlo. El amor no es tan
fácil, pero cuando uno logra el estado de enamoramiento,
todo comienza a tener otros colores, un brillo especial”,
define.
–¿En este momento de tu vida qué
espacio ocupa el amor?
–En lo particular el amor me cambia totalmente, para
bien o para mal. En ese momento, siento que mi hijo es una
prioridad absoluta. Mi trabajo es también otra prioridad
y no siempre es fácil coincidir un vínculo
con estas realidades.
–Al amor, ¿lo buscás o lo esperás?
–Ni lo espero ni lo busco, no es en este momento una
prioridad el amor. Sí amo a mis amigos, amo a mis
vínculos del presente y del pasado. Soy una convencida
que el amor no termina cuando una relación de pareja
llega a su fin, cuando dos personas adultas dicen esto no
va más y no se puede seguir. El amor no acaba ahí,
no termina ni con la muerte, ni con las separaciones, ni
con los alejamientos. El amor es un sentimiento de una enorme
profundidad, que no debe terminar por las circunstancias
del momento.
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