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“El amor no es tan fácil”

En un momento brillante de su carrera profesional
y a pocos meses de volver a filmar con el director
español Pedro Almodóvar, la actriz
Cecilia Roth, contó intimidades de su vida, con el mismo encanto que utiliza para seducir a públicos de todo el mundo.

Cualquier intención de Cecilia Roth para conservar el bajo perfil, que alimenta desde hace muchos años, se desvanece ante su atractivo personal y la fuerza de una personalidad muy definida. De todas formas, frente a ella se plantea una dualidad desafiante: la invitación a una charla franca al mismo tiempo que demarca, sutilmente, los límites para salvaguardar una intimidad que defiende a capa y espada. Poco importa el torbellino que plantea Buenos Aires a las seis de la tarde, cuando la premiada actriz internacional llega al lobby del hotel céntrico para la entrevista. El mundo se detiene y es ella quien recrea un nuevo espacio, mucho más calmo y totalmente acogedor. “Disculpa” –dirá con el tu totalmente asumido en su lenguaje–, para explicar luego las vicisitudes de una semana complicada por una conjuntivitis que la tuvo a mal traer, pero que a la hora de las fotos, parece no haber existido nunca.
Porque a pesar de reconocer que no le agradan las sesiones fotográficas, la cámara se enamora de ella y consigue lo mejor de Cecilia, una y otra vez. El encantamiento es “a primera vista”, de la misma manera como ya sedujo con su profunda mirada y su temperamento actoral a directores de la talla de Pedro Almodóvar, Adolfo Aristarain, los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, Alejandro Agresti y Marcelo Piñeyro,
entre otros.

“No se puede vivir sin estar enamorado,
pero muchas veces, vivis igual, sin estarlo”.

Cecilia habla con entusiasmo de su último trabajo para televisión, la miniserie policial Epitafios, que le permitió acceder por primera vez a un trabajo de “género”, pero esa excusa profesional sirve para bucear en una mujer que defiende como una leona su mundo privado, y también se permite compartirlo a través del centro de su universo, que es su hijo de cinco años. “Martín es un ser inmenso, con él siento que tengo una relación de una enorme profundidad, de una enorme entrega, y fundamentalmente una enorme incondicionalidad. Es un niño básicamente feliz y eso me hace muy feliz a mí”, sintetiza la actriz para develar su profundo amor de progenitora.
–¿Qué aprendés día a día como madre?
–Me enseña a estar todo el tiempo en el lugar de madre, es una relación única e intransferible. También te cambia mucho, creo que a partir del hecho de tener un hijo, dejamos de lado cierta ironía con la cual nos manejamos en nuestra vida como adultos, especialmente, al querer resolver situaciones puntuales. Un hijo te permite volver a encontrarte con tu parte más honesta, la más pura que podés tener.
–Con tu situación tan particular de vivir viajando por el mundo para filmar, ¿cómo organizás tu rol de madre?
–Mi hijo va a la escuela en Buenos Aires, eso es muy determinante a la hora de elegir donde vivimos. Intento que los trabajos en el exterior sean coincidentes con las vacaciones de invierno o verano de Martín. Además, cuando filmo en España, él tiene allí a sus abuelos (los padres de la actriz) y ese lugar, es también sin duda, nuestro segundo hogar.
–El niño tiene dos padres que viajan mucho, y con agendas completas de tareas profesionales...
–Con Fito tenemos un afecto entrañable, nos unirá por siempre ser los padres de Martín. Lo que más nos importa a ambos, es que él nos tenga siempre a los dos. Por eso, si uno viaja, lo que intentamos es que el otro esté aquí. Martín está siempre con su mamá, su papá o su gente, muy contenido. Pero, la verdad, trato de llevármelo todo el tiempo posible, porque lo extraño horrores.

Un lugar en el mundo
Cecilia no tiene tregua en su carrera, luego de Epitafios que grabó a fines de 2003, viajó a España para filmar bajo las órdenes del director Eduard Cortes, Otros días vendrán, luego a Italia para una miniserie con los hermanos Taviani y ahora espera el 2005 con un nuevo filme en Argentina, La Intrusa, de Ulises Rosell y un reencuentro con uno de sus directores favoritos: el español Almodóvar.
–Parecen acosarte los papeles de madre.
–Es cierto, en su gran mayoría, mis últimos trabajos tuvieron que ver con madres en diferentes circunstancias, pero también tiene que ver con los cambios de edades, dentro de algunos años, tendré que hacer papeles de abuela y si es así, tendré que aceptarlos y vivirlos con plenitud. Sin embargo, estos roles no sólo son madres, son muchas cosas más que madres, les pasan situaciones fuertes como a toda mujer en la vida.
–¿Y, cómo será ese reencuentro con Almodóvar?
–Tengo un proyecto maravilloso con Pedro para el 2005, es lo único que puedo adelantarte, si hablo más, me va a matar. Es una hermosa película, con un excelente guión. Por supuesto, un drama, típicamente Almodóvar.
–A partir del éxito de Todo sobre mi madre en Estados Unidos muchos pensaron que se podrían abrir las puertas de Hollywood, ¿tuviste propuestas para filmar allá?
–Para trabajar en Estados Unidos uso el mismo criterio que tengo cuando elijo una película argentina, china o mexicana. En su momento tuve propuestas, pero no terminaron de cerrarme y no porque fuera Hollywood iba a hacerla. Hasta que no llegue un buen proyecto, no lo voy a hacer.
–¿En qué lugar preferís filmar?
–En lo personal, antes que en Estados Unidos me seduce mucho más filmar en Europa o Latinoamérica.
–Durante más de una década, tuviste una exposición pública muy fuerte a partir de tu relación con Fito, ¿te sentís ahora un poco más protegida?
–Creo que es una decisión mía absolutamente estar en un plano más tranquilo ahora. Estando con Fito, era quizás más difícil estar más atrás, la exposición a mí me angustia mucho, me siento muy invadida. Me gusta hacer un trabajo con la prensa que tenga que ver con mi tarea como actriz y siempre tuve un muy bajo perfil con relación a mi vida personal. Esta es la manera que elijo para moverme en esta profesión. Seguramente ahora puedo hacer una vida más propia.

El Amor después del Amor
Cecilia seduce, es una condición natural que ella no la impone, se materializa por sí sola. Más aún cuando da rienda suelta a su sonrisa y comienza a disfrutar de la charla, es el momento que abre una pequeña puerta y permite contemplar sus sentimientos. Allí, aparecen las imágenes de su ex pareja, el músico Fito Páez, de quien se separó hace tres años, y esa apertura permite escuchar una definición sobre el amor que se transforma en una radiografía personal: “No se puede vivir sin estar enamorado, pero muchas veces, vivís igual, sin estarlo. El amor no es tan fácil, pero cuando uno logra el estado de enamoramiento, todo comienza a tener otros colores, un brillo especial”, define.
–¿En este momento de tu vida qué espacio ocupa el amor?
–En lo particular el amor me cambia totalmente, para bien o para mal. En ese momento, siento que mi hijo es una prioridad absoluta. Mi trabajo es también otra prioridad y no siempre es fácil coincidir un vínculo con estas realidades.
–Al amor, ¿lo buscás o lo esperás?
–Ni lo espero ni lo busco, no es en este momento una prioridad el amor. Sí amo a mis amigos, amo a mis vínculos del presente y del pasado. Soy una convencida que el amor no termina cuando una relación de pareja llega a su fin, cuando dos personas adultas dicen esto no va más y no se puede seguir. El amor no acaba ahí, no termina ni con la muerte, ni con las separaciones, ni con los alejamientos. El amor es un sentimiento de una enorme profundidad, que no debe terminar por las circunstancias del momento.