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No
se ve, no se toca. Pero se siente. Es como una energía
que nos llena, nos moviliza, nos activa, nos quita
el sueño y nos acelera. Nos vuelve distraídos
y nos hace hervir la sangre.
Si hasta parece que el corazón va a salirse
por la boca: el entusiasmo es así, casi imposible
de describir.
“Es que como emoción en sí misma,
el entusiasmo no está descrito. Se trata de
una combinación de dos estados anímicos:
la motivación y el optimismo”, explica
Juan Manuel Bulacio, psiquiatra, psicoterapeuta cognitivo
y director del Instituto de Ciencias Cognitivas Aplicadas
(ICCAp). Según el especialista, el optimismo
permite al hombre creer que aquello que desea es posible
de lograr y la motivación, es lo que lo mueve
a buscar sus objetivos, cuando anhela el premio que
estos objetivos implican. “De esta manera –continúa
Bulacio– el entusiasmo supone un estado anímico
que impulsa a la acción”.
Cosquillas en la panza, mariposas en el estómago
o “un algo en el pecho” que no podemos
explicar. Es así: se trata de sensaciones inespecíficas
y sin nombre propio que invaden el cuerpo del entusiasta
cuando éste encara algún proyecto, por
más pequeño que sea. Detalla el psiquiatra:
“Son manifestaciones orgánicas relacionadas
con el bienestar. Se experimenta ansiedad positiva,
una expresión corporal que se refleja en un
tono muscular expectante, ni demasiado relajado ni
tan tenso, de tono justo y activado. La fisiología
del hombre acompaña el estado de emoción
positiva”. Tanto, que alguien entusiasmado,
aunque habitualmente no lo registre, libera sustancias
químicas como endorfinas u opioides que aumentan
el estado
de bienestar.
Pero bien: ¿de qué depende ser más
o menos entusiastas? Desde el enfoque psicológico,
Bulacio explica que el entusiasmo tiene que ver con
el temperamento, que lo traemos al nacer, y con los
aprendizajes realizados en nuestras vidas. “A
esa base debe agregarse la situación vital
actual, la calidad de vida y las expectativas razonables
de la persona. El estado anímico influye fuertemente
sobre la posibilidad de estar entusiasmado, por lo
cual cualquier anomalía (como la depresión
o la euforia), se verá reflejada en dicho entusiasmo”.
Por último, el médico afirma que no
existen diferencias de género entre entusiastas
mujeres y varones. Tampoco difiere por la edad de
la persona. Más bien, éstas actúan
sobre la base de las creencias positivas que tienen
de sí mismas, de los demás y del mundo.
Aunque el entusiasmo puede ser oscilante en el transcurso
de nuestras vidas, “la tendencia de base es
bastante estable, con lo cual, aun en condiciones
difíciles, la persona entusiasta intentará
encontrar las mejores respuestas a la demanda de la
situación, aumentando las posibilidades de
éxito”.
En su Teoría sobre el entusiasmo, el filósofo
argentino Alejandro Rozitchner, dice que este concepto
“puede representarse con la sensación
de estar adentro de las cosas. Es un estar adentro
de todo ocasionado por el mero hecho de estar involucrado
de manera especial con algo”. Por otro lado,
Rozitchner afirma que el entusiasmo es una acción
“en donde los movimientos se enhebran con gracia,
en donde uno se siente arrastrado por una fuerza no
intencional, pero a la que reconoce como particularmente
propia”.
“La
persona entusiasta intentara
encontrar las mejores respuestas
a la demanda de la situacion,
aumentando las posibilidades de exito”.
Juan Manuel Bulacio
En Ilvem, el instituto de aprendizaje de lectura veloz,
enfocan al tema desde la óptica educativa:
“Es una virtud que se puede alcanzar motivando
el querer: si el deseo es suficientemente grande,
cualquier obstáculo se vuelve pequeño”,
afirma Horacio Krell, director de la academia. Desde
su ámbito, Krell insiste en que el entusiasmo
requiere de una metodología y capacidad de
gestión. “Pero no es cuestión
sólo de metodología sino también
de desarrollo de las capacidades humanas que se encuentran
adormecidas, todos tenemos un gigante interior que
no sabemos cómo despertar”, afirma. Y
sostiene que al entusiasmo se lo puede fomentar únicamente
si se tienen en claro los objetivos personales: “El
sentimiento no se sujeta a la razón sino a
la acción, por eso hay que poner el autoarrancador
y hacerlo ya. Los estados de ánimo acompañan
a quien se moviliza. Para entusiasmarse, precisamente
hay que apropiarse del entusiasmo y transformarlo
en acto”.
Retrato
de un entusiasta
“Una persona entusiasta es ante todo alguien
que no especula, que no se mide, que se entrega. Al
punto tal que se deja ganar por un impulso interno
en contacto con algún estímulo externo;
una persona tan generosa que ni siquiera importa la
calidad del objeto (que puede ser mínimo) y
sin embargo, es causa suficiente para que el/la entusiasta
se encienda y contagie a los demás con su propio
fuego”, opina Silvia Mazza, directora y docente
de El entrenamiento creativo y del pensamiento analógico,
el estudio-taller dedicado a potenciar la creatividad,
la expresión, la comunicación y el desarrollo
personal. Según Mazza, “el entusiasmo
habla del derecho a apasionarse por lo que sea, y
de ser libres para volcarnos al mundo, según
nuestro propio modo”.
Para Krell, el entusiasta es un ser proactivo, que
no se ata a los hechos y que logra lo que quiere,
justamente, porque cree que es posible. “Disfruta
con lo mínimo, se manifiesta en lo que hace,
se lleva a sí mismo a todas partes. Y el fracaso
no lo asusta: el disfrute está en el proceso
y no en el resultado, lo importante es cómo
viaja: su felicidad no es la estación a la
que arriba sino la manera en que disfruta del viaje”,
sostiene el director de Ilvem.
“El
entusiasmo es el camino
subjetivo para acceder al sentido,
el punto de nieve, la ebullicion
que nos cocina y realiza”.
Alejandro Rozitchner
De esta manera, de la vereda de enfrente del entusiasmo,
estarían los escépticos o los indiferentes,
que no están cargados de esa energía
y creen que siempre están de vuelta. Los “gomas
desinfladas” como los llama Rozitchner. “Son
los que están tristes, los pesimistas o los
faltos de deseo. Necesitan algo que los apasione,
un proyecto que no los deje dormir, que los vuelva
distraídos, los motive y les dé sentido.
A veces la pasión es la pareja, la ciencia,
la literatura, la música, la política,
el deporte, el trabajo, o el estudio”, agrega
Krell.
“Lo importante del entusiasmo es que es un fin
en sí mismo, es decir, que es el entusiasmo
mismo el que te da la felicidad, no que ella deriva
del fin al que el entusiasmo se dirige”, sostuvo
el filósofo Rozitchner en una conferencia que
dio en la Young Presidents Organization. En el marco
de la misma charla, le preguntaron al pensador cómo
se logra el bien común si cada uno se entusiasma
con algo que se propone a nivel personal. Y Rozitchner
respondió: “Justamente lo que necesita
una sociedad no es que el individuo se olvide de sí
mismo para plegarse al trabajo comunitario sino que
la comunidad se realiza precisamente cuando el individuo
se afirma a sí mismo”. A su vez, el filósofo
hace hincapié en “no dejarse de lado”,
y en la importancia de alentar la producción
del individuo: “si uno deja que desee y se entusiasme
libremente, eso genera lazos sociales mucho más
sólidos”.
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