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Clásica y sensual

Peloncha es una de las mejores chefs del país.
En la década del ’70, introdujo en el país la “nouvelle cuisine” francesa en “El Gato que Pesca”, su famoso restaurante de Pinamar. En 1981 fue la primera mujer premiada con el Tenedor de Oro. Hoy regentea su propio bistró, en el porteño
barrio de Belgrano.

Poeloncha, junto con Ada Cóncaro y Ramiro Rodríguez Pardo pertenecen a la generación de chefs renombrados e innovadores del país. Allá por la década del ’70, Peloncha Grosse, convencida de que la cocina necesitaba aligerarse importó la nouvelle cuisine francesa. Eliminó las tradicionales salsas pesadas y las reemplazó por productos frescos del mercado, achicó las largas cocciones y rescató los sabores individuales de cada ingrediente. Así aparecieron las hierbas que pasaron a utilizarse frescas en las comidas. “Al principio –acota– costó un poco que aceptaran las recetas, porque eran sabores nuevos. Y hasta ese momento no se conocían las hierbas aromáticas como el eneldo, el tomillo, la acedera o la salvia. La cocina argentina era muy rutinaria”. También el plato pasó a ser una obra de arte y la decoración de los mismos ocupó el primer plano.
Hoy, Peloncha regentea un restaurante, que como manda la moda, funciona en la misma casa donde ella habita. Es un pequeño bistró y ella ha vuelto a su primer amor: sirve cocina regional, tradicional y riquísima. En el fondo hay un jardín-patio y un salón totalmente conectado con la cocina. Ella sirve los platos de siempre, pero más simplificados. “Para el guiso de hongos –aclara Peloncha– pongo en remojo durante unas horas 50 g de hongos chinos, y corto en láminas gruesas 300 g de champignones, después pico y pelo 2 echalotes, 2 dientes de ajo, y 2 ramas de apio, luego los doro en 2 cucharadas de manteca, después agrego y cocino los hongos con un poco del agua del remojo y añado los champignones. Los cocino unos minutos, salpimento y agrego 2 cucharadas de cognac, 1 cucharadita de tomillo y 100 cc de crema y acompaño con papas hervidas salpicadas con perejil. Es una delicia”. Peloncha piensa el menú mientras pasea por el mercado: le gusta utilizar productos frescos y de estación. “Para mí una receta simple, pero bien hecha es lo mejor. El pollo con manzanas, lo preparo así: doro las presas en 20 g de manteca, las retiro y allí agrego 3 cebollas medianas en rodajas finas y 6 dientes de ajo picados, los cocino un rato y agrego nuevamente las presas. La clave está en revolver para que el pollo se impregne con la salsa. Luego incorporo hebras de azafrán, 6 manzanas verdes cubeteadas y 200 cc de vino blanco. Tapo la olla y dejo que se cocine (20 minutos) hasta que el pollo quede tierno y la manzana mantenga la forma cúbica”. El secreto del éxito de Peloncha tiene sus pilares en la simpleza, frescura, mucho sabor y la comunicación con su clientes: ellos la ven cocinar y ella ve cómo se deleitan con sus creaciones.

 

 



Peloncha recorrió el mundo para capacitarse, pero fue su stage en Freres Toisgros lo que la cambió sustancialmente. Después de rotar un mes por todas las secciones, trajo al país la base de la nouvelle cuisine.

 

 

 



“No es posible lograr siempre un sabor determinado de una receta, aunque se utilicen los mismos ingredientes y sus cantidades. El toque personal de quién realice la receta decidirá su particularidad”, afirma Peloncha en medio de una atmósfera cálida y sensual, mientras prepara los platos para la producción fotográfica. Siempre la acompaña una música suave.