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Vivir a mil

Florencia Peña no para. Empezó a los seis años cantando en “Festilindo” y tras pasar por todos los rubros, es protagonista de “La Niñera”, la versión argentina, de la popular serie norteamericana. Tiene perdilección por Tomás, su hijo de un año y medio. Y dice que el año que viene, quiere
agrandar la familia.

Florencia espera en la puerta de su casa. Descalza y sonriente, saluda con frescura e invita a pasar. Los rayos del sol mañanero se cuelan por los grandes ventanales y un aire de calidez se percibe en el ambiente. Sin perder ni un segundo la calma, ella se dispone a posar para las fotos, organiza los últimos detalles para la grabación de la tarde, autoriza la entrada a un equipo de técnicos que vienen a arreglar vaya uno a saber qué desperfecto y claro, cada vez que puede se deshace en abrazos para con su nuevo y más fiel enamorado: su hijo Tomás. Con media tostada del desayuno en una mano y un vaso de jugo de manzana en la otra, el gesto picarón se asoma cada vez que el pequeño ríe, y persigue a mamá corriendo con la velocidad que le permite su año y medio envuelto en pañales. Ella está acostumbrada a atender varios frentes al mismo tiempo, y se nota que no le molesta. Más bien la divierte. Es que Florencia es de esas mujeres que descubrió muy pronto el valor de arriesgarse, y jugar el todo por el todo para conseguir aquellas cosas, que verdaderamente quería. Con apenas seis años y a fuerza de pura insistencia, logró que papá y mamá Peña la llevaran al casting de Festilindo. “Era fanática del programa, pero ellos no querían exponerme a la frustración de que no me eligieran”, recuerda. El resto es historia conocida. Su carrera fue creciendo junto con ella y hoy, arañando los 30, asegura con franqueza que se siente plena. Y otra vez, se nota.

“Mi carrera es bastante
eclectica y va a seguir siendo asi, porque
me divierte mucho,
el cambio constante, no estar en ningun
lugar fijo”.

“Me parece que el riesgo tiene que ver con la seguridad, y también con la necesidad. Obviamente, mis necesidades fueron cambiando y mi carrera también. Lo que a mí me pasó fue que crecí al mismo tiempo a nivel personal y a nivel profesional. Al haber empezado a trabajar de tan chiquita, la gente siguió mi evolución y fue viendo cómo me convertía en lo que soy, hoy. En ese crecimiento, fui desechando cosas que ya no me interesaban y también fui tomando nuevas. Entre las últimas, creo que el camino de ‘hacer reír’ es lo que más me marcó. Y no fue un camino que elegí de entrada. Tardé en darme cuenta de que me hacía feliz y de que, además, tiene mucho que ver con quién soy yo. En el medio me fui mandando, produciendo y probando, y he hecho de todo. Tengo una carrera bastante ecléctica y va a seguir siendo así, porque de hecho, me divierte mucho el cambio constante y no estar en ningún lugar fijo”, analiza Florencia. Ahora maneja; se detiene a cargar nafta; piensa en dónde va a dejar a Tomás y a Aurelia, la señora que lo cuida, porque está llegando tarde al canal; habla por teléfono con Mariano Otero, su marido; y una vez que está todo resuelto, vuelve a la carga. “Realmente no sé cómo descubrí esta faceta. El humor tiene que ver con la experiencia de vida. Empecé a encontrarlo a medida que me fui sintiendo más grande. Con el tiempo logré volcarlo a la actuación y creo que en De Corazón le encontré la veta”, repasa. Entonces, continúa, llegó el teatro. “La primera obra infantil que produje, con la que me nominaron al ACE, se llamaba Tommy. Ese camino me llevó a lo que me pasa hoy con la comedia, porque es muy parecido. Siempre digo que el humor tiene que ver con el niño interno, es salir a jugar, pero de verdad. Es cero tamiz intelectual en cuanto al qué pensarán, es tirarse a la pileta. Más allá de eso, soy muy extrovertida y no tengo miedo al ridículo. Puedo divertirme haciendo pavadas con Marley y no sentir que soy únicamente eso. Y también puedo hacer La Niñera, un personaje que tuve que componer con una precisión, que casi nunca había utilizado. Incluso en Disputas, por ejemplo, que si bien era un programa con una connotación bastante fuerte, mi personaje combinaba esta cuestión de lo patético con lo gracioso”, resume. Hasta diciembre, Florencia estará grabando la segunda temporada de la adaptación de la serie norteamericana, que saldrá al aire durante el verano. Además, es la embajadora de Miss Ylang–Maybelline.

“Tener un hijo es el cable
a tierra mas increible.
Para mi, es muy
importante, en un momento
donde estoy tan expuesta”.

Tomás no había cumplido el mes cuando Florencia se transformó en Majo, una de las prostitutas de Disputas, y es inevitable preguntarle cómo hizo para estar divina en tan poco tiempo. “Me relajé y no me importó nada”, responde con sinceridad. Mirando de reojo al rubio pelilargo que duerme en el asiento de atrás del auto, reflexiona: “Tener un hijo es el cable a tierra más increíble. Es muy importante en un momento donde estoy tan expuesta. Es una carrera muy difícil la nuestra. Pareciera que todo es genial, pero el nivel de exposición, que la gente hable de vos como si te conociera, que se metan en tu vida e inventen cosas, es muy complejo. Entonces, cuando llegás a tu casa y te sacás ese disfraz, el de lo que la gente cree que sos, y te conectás con quien sos realmente, no existe nada más”. Se pierde en el horizonte cuando piensa en lo que le gustaría hacer si pudiera volverse anónima por un día. “Llevar a Tomás al zoológico”, afirma. Y quizás justificándose, dice: “Soy la mejor mamá que puedo ser. Con Mariano, coincidimos en querer educarlo con la libertad y las herramientas para que él pruebe y pueda elegir”.
Entre los proyectos que maneja para el año que viene, tener otro hijo, es el más importante. Es que Florencia se siente feliz en su ‘plan familiar’: adora preparar platos agridulces y pasar con los suyos todo el tiempo que puede. “Mariano es músico de jazz, grabó su segundo disco y ahora lo está presentando. Y me gusta mucho acompañarlo. Salirme del rol de ‘la chica famosa’ y ser ‘esposa de”, confiesa.
Llegamos al estudio: le toca convertirse en Flor Finkel: tacos altos, pelo enrulado y ropa ajustada. Al despedirse, reflexiona: “A veces siento que la gente cree que la fama es todo y resulta tan efímera… Lo único real es sentirse realizada con lo que una eligió. Yo me siento muy plena con mi actriz, la siento muy satisfecha”.