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Florencia
espera en la puerta de su casa. Descalza y sonriente, saluda
con frescura e invita a pasar. Los rayos del sol mañanero
se cuelan por los grandes ventanales y un aire de calidez
se percibe en el ambiente. Sin perder ni un segundo la calma,
ella se dispone a posar para las fotos, organiza los últimos
detalles para la grabación de la tarde, autoriza
la entrada a un equipo de técnicos que vienen a arreglar
vaya uno a saber qué desperfecto y claro, cada vez
que puede se deshace en abrazos para con su nuevo y más
fiel enamorado: su hijo Tomás. Con media tostada
del desayuno en una mano y un vaso de jugo de manzana en
la otra, el gesto picarón se asoma cada vez que el
pequeño ríe, y persigue a mamá corriendo
con la velocidad que le permite su año y medio envuelto
en pañales. Ella está acostumbrada a atender
varios frentes al mismo tiempo, y se nota que no le molesta.
Más bien la divierte. Es que Florencia es de esas
mujeres que descubrió muy pronto el valor de arriesgarse,
y jugar el todo por el todo para conseguir aquellas cosas,
que verdaderamente quería. Con apenas seis años
y a fuerza de pura insistencia, logró que papá
y mamá Peña la llevaran al casting de Festilindo.
“Era fanática del programa, pero ellos no querían
exponerme a la frustración de que no me eligieran”,
recuerda. El resto es historia conocida. Su carrera fue
creciendo junto con ella y hoy, arañando los 30,
asegura con franqueza que se siente plena. Y otra vez, se
nota.
“Mi carrera
es bastante
eclectica y va a seguir siendo asi, porque
me divierte mucho,
el cambio constante, no estar en ningun
lugar fijo”.
“Me parece que el riesgo tiene
que ver con la seguridad, y también con la necesidad.
Obviamente, mis necesidades fueron cambiando y mi carrera
también. Lo que a mí me pasó fue que
crecí al mismo tiempo a nivel personal y a nivel
profesional. Al haber empezado a trabajar de tan chiquita,
la gente siguió mi evolución y fue viendo
cómo me convertía en lo que soy, hoy. En ese
crecimiento, fui desechando cosas que ya no me interesaban
y también fui tomando nuevas. Entre las últimas,
creo que el camino de ‘hacer reír’ es
lo que más me marcó. Y no fue un camino que
elegí de entrada. Tardé en darme cuenta de
que me hacía feliz y de que, además, tiene
mucho que ver con quién soy yo. En el medio me fui
mandando, produciendo y probando, y he hecho de todo. Tengo
una carrera bastante ecléctica y va a seguir siendo
así, porque de hecho, me divierte mucho el cambio
constante y no estar en ningún lugar fijo”,
analiza Florencia. Ahora maneja; se detiene a cargar nafta;
piensa en dónde va a dejar a Tomás y a Aurelia,
la señora que lo cuida, porque está llegando
tarde al canal; habla por teléfono con Mariano Otero,
su marido; y una vez que está todo resuelto, vuelve
a la carga. “Realmente no sé cómo descubrí
esta faceta. El humor tiene que ver con la experiencia de
vida. Empecé a encontrarlo a medida que me fui sintiendo
más grande. Con el tiempo logré volcarlo a
la actuación y creo que en De Corazón le encontré
la veta”, repasa. Entonces, continúa, llegó
el teatro. “La primera obra infantil que produje,
con la que me nominaron al ACE, se llamaba Tommy. Ese camino
me llevó a lo que me pasa hoy con la comedia, porque
es muy parecido. Siempre digo que el humor tiene que ver
con el niño interno, es salir a jugar, pero de verdad.
Es cero tamiz intelectual en cuanto al qué pensarán,
es tirarse a la pileta. Más allá de eso, soy
muy extrovertida y no tengo miedo al ridículo. Puedo
divertirme haciendo pavadas con Marley y no sentir que soy
únicamente eso. Y también puedo hacer La Niñera,
un personaje que tuve que componer con una precisión,
que casi nunca había utilizado. Incluso en Disputas,
por ejemplo, que si bien era un programa con una connotación
bastante fuerte, mi personaje combinaba esta cuestión
de lo patético con lo gracioso”, resume. Hasta
diciembre, Florencia estará grabando la segunda temporada
de la adaptación de la serie norteamericana, que
saldrá al aire durante el verano. Además,
es la embajadora de Miss Ylang–Maybelline.
“Tener un
hijo es el cable
a tierra mas increible.
Para mi, es muy
importante, en un momento
donde estoy tan expuesta”.
Tomás no había cumplido
el mes cuando Florencia se transformó en Majo, una
de las prostitutas de Disputas, y es inevitable preguntarle
cómo hizo para estar divina en tan poco tiempo. “Me
relajé y no me importó nada”, responde
con sinceridad. Mirando de reojo al rubio pelilargo que
duerme en el asiento de atrás del auto, reflexiona:
“Tener un hijo es el cable a tierra más increíble.
Es muy importante en un momento donde estoy tan expuesta.
Es una carrera muy difícil la nuestra. Pareciera
que todo es genial, pero el nivel de exposición,
que la gente hable de vos como si te conociera, que se metan
en tu vida e inventen cosas, es muy complejo. Entonces,
cuando llegás a tu casa y te sacás ese disfraz,
el de lo que la gente cree que sos, y te conectás
con quien sos realmente, no existe nada más”.
Se pierde en el horizonte cuando piensa en lo que le gustaría
hacer si pudiera volverse anónima por un día.
“Llevar a Tomás al zoológico”,
afirma. Y quizás justificándose, dice: “Soy
la mejor mamá que puedo ser. Con Mariano, coincidimos
en querer educarlo con la libertad y las herramientas para
que él pruebe y pueda elegir”.
Entre los proyectos que maneja para el año que viene,
tener otro hijo, es el más importante. Es que Florencia
se siente feliz en su ‘plan familiar’: adora
preparar platos agridulces y pasar con los suyos todo el
tiempo que puede. “Mariano es músico de jazz,
grabó su segundo disco y ahora lo está presentando.
Y me gusta mucho acompañarlo. Salirme del rol de
‘la chica famosa’ y ser ‘esposa de”,
confiesa.
Llegamos al estudio: le toca convertirse en Flor Finkel:
tacos altos, pelo enrulado y ropa ajustada. Al despedirse,
reflexiona: “A veces siento que la gente cree que
la fama es todo y resulta tan efímera… Lo único
real es sentirse realizada con lo que una eligió.
Yo me siento muy plena con mi actriz, la siento muy satisfecha”.
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