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NIK El talento que hace reir

Tiene sólo 34 años, y es uno de los humoristas gráficos más reconocidos,
y el que mejor refleja el pulso político del país. El, en cambio, asegura que su mayor logro es conseguir arrancarle una carcajada
a la gente. Antes de leer
la nota, sonría... que
Gaturro, lo está filmando.

Por la puerta del estudio fotográfico asoma una cabeza y se escucha “permiso”..., recién ahí aparece el cuerpo. El entrevistado llega todo vestido de negro y su figura contrasta con el blanco inmaculado del salón. Mientras el fotógrafo acomoda las luces, aprovechamos para entrar en confianza. Cristian Dzwonik, más conocido como Nik, es un tipo tímido, pero con toda la intención de hacernos reír, y lo consigue gracias a sus poses muy cómicas durante la sesión. Como las fotos irán con fotomontaje, él en cada toma imagina que Gaturro está presente y logra que todos le creamos... Para cuando termina la sesión fotográfica, la presencia del minino amarillo y cachetón es casi real.
“Yo soy feliz cuando veo a Gaturro en las páginas de las revistas y siento que él se hace famoso. Debe ser un proceso psicológico de sublimación, supongo, uno deposita todo lo propio en el otro. Quiero que él sea el protagonista, pero soy consciente de que tengo que aparecer yo, porque él es un dibujito y no puede venir a dar la nota, yo hablo por él y a través de él, ya que muchas cosas que le suceden a Gaturro son mías”, comenta como excusándose por ser introvertido, mientras caminamos hasta el café para hacer la nota.
–¿Cómo y por qué empezaste a dibujar?
–No tengo un por qué… Ni recuerdo cuándo comencé porque siempre lo hice. No es que hubo un momento en que dije: “voy a dibujar”. En realidad, no recuerdo haber hecho otra cosa que no sea dibujar. Cuando era muy chiquito, como mis papás trabajaban todo el día afuera, yo me quedaba con mi abuelo, y él para entretenerme me había armado un gran pizarrón donde me enseñaba las nociones básicas del dibujo. Aún antes de ir al colegio primario, yo sabía todas las letras del abecedario, a lo mejor no entendía su significado, pero conocía sus formas. Cuando aprendí a escribir, empecé a redactar cuentos cortos, siempre me gustó lo breve, y creo que en ese momento, relacioné la vocación por escribir con mi gusto por el dibujo y empecé a hacer humor gráfico: chistes que tenían imagen y texto.

“Despertar en el otro una reacción
como la risa, para mi era mágico,
porque de ninguna otra forma
lo podía lograr, y sí lo conseguía,
a través del dibujo.”


–¿Qué sentías al hacer esto?
–De chico era muy, pero muy tímido e introvertido (y todavía lo soy) y ésa era la forma que encontraba para conectarme con mi familia, con mis amigos y con el mundo en general. Uno de chico siempre quiere ser el que juega mejor a la pelota, el que salta mejor, o el líder de la pandilla, y como a mí no me salía nada de eso, trataba de impresionarlos con el mejor chiste, porque era lo que yo mejor sabía hacer.
–¿Contabas chistes entre tus amigos?
–No, no. No sé contar chistes, no soy una persona graciosa, no tengo esa capacidad oral, de hecho me cuesta mucho sociabilizar. Es una característica común en los humoristas gráficos, justamente nos dedicamos a esto por esa limitación: sociabilizamos a través de la gráfica. Despertar en el otro una reacción como la risa, para mí era mágico, porque yo de ninguna otra forma lo podía lograr, y sí lo conseguía, a través del dibujo. Es y fue siempre así.
–¿En qué momento decidiste mostrar lo que hacías?
–En la primaria. Hacía chistes, los encuadernaba y les ponía título.
compañeros de colegio para tratar de engancharlos, y aunque contagié a varios para que se pusieran a hacer historietas, ninguno lo continuó, yo fui el único. Todavía tengo de esa época toneladas de libros, era bastante prolijo en ese sentido, los ordenaba por título y fecha. Creo que ahí desarrollé el tema de la firma.
–¿Y cómo los firmabas?
–Al principio firmaba Crist, como un diminutivo de Cristian, pero ya había un humorista con ese nombre y entonces se me ocurrió usar la última parte de mi apellido: Nik. Me acuerdo que yo tenía 10, 11 años y pensé “voy a tener que firmar así, porque si firmo con mi verdadero apellido, no se va a acordar nadie”. Esa fue mi primera acción marketinera –dice entre risas–. Yo tenía esta necesidad comunicacional, y la limitación de no poder llevarla a cabo, me llevó a buscar todos los factores para que la comunicación llegue más clara y mejor, inclusive con la firma para despertar una reacción positiva en el otro.

Un placer que se
convirtió en profesión

Cuando Nik terminó el colegio secundario, decidió estudiar diseño gráfico en la UBA (Universidad de Buenos Aires): “Siempre me gustó todo lo relacionado con la gráfica, las artes visuales, el cine, la publicidad y el diseño. Además, yo venía de un colegio –el Nacional Buenos Aires–, donde todos mis amigos iban a ser universitarios, y yo no podía no serlo, era como un mandato implícito”. Con la carrera recién iniciada, Cristian empezó a recorrer editoriales ofreciendo sus trabajos con la ilusión y el objetivo de publicar su humor. Finalmente, y con sólo 17 años, la revista Muy Interesante editada por García Ferré, le abrió sus puertas dándole una oportunidad para dar sus primeros pasos en la profesión. De ahí en adelante Nik pasó por la Editorial Kapelusz, el Diario El Cronista y la revista de CableVisión hasta que hace trece años desembarcó en el diario La Nación, donde aún hoy trabaja.

“Si el lector esta avisado,
no le causa gracia lo que haces.”

–¿Es difícil hacer humor político en un país como la Argentina donde la gente es tan susceptible?
–Sí, a veces uno tiene miedo de hacer simpáticos a personajes que no tendrían que serlo, como sucedía en una época con Carlos Menem. Yo no trabajo para mí, porque el chiste político no me hace reír, es más, a veces lo sufro, porque no me sale, no me llega la inspiración y el ABC del humor es sorprenderse. En definitiva, es el lector a quien va dirigido todo y depende mucho de su estado de ánimo y del humor de la sociedad, en ese momento.
–¿En qué te inspirás para crear los chistes?
–Para el chiste de actualidad es fundamental oler qué es lo que está flotando en el ambiente, que no sale en la tapa de los diarios, lo que la gente habla en los bares. Vos tenés que tomar la información básica, pero también tenés que salir, escuchar radio, intuir lo que le está pasando por la cabeza a la gente en ese momento. Si vos no sorprendés al lector, es muy difícil que lo hagas reír, por eso siempre trato de cambiar la estructura del cuadro. A veces hago afiches de película, otras chistes tradicionales con globos o fotomontaje. Me gusta manejar un abanico de posibilidades y no hacer siempre lo mismo. Cuando el lector ya está avisado, no le causa gracia lo que hacés.
–¿Cómo es un día de trabajo en la vida de Nik?
–Empezamos con mi mujer, Laura, teniendo un pantallazo de las noticias, sobre todo de Internet, somos chicos muy cibernéticos. Una vez que detectamos la información, empezamos con un ping-pong de ideas: frases, palabras, a mí me gustan mucho los juegos de palabras. Cuando ya tenemos detectados los temas empezamos a hacer asociación libre de ideas, lo que en publicidad se llama “brain storming” y ahí va saliendo.
–¿Y qué pasa si no te sale?
–Siempre sale, y si no, lo sacamos a la fuerza (se ríe como sí recordara una situación real). Es como cualquier profesión, después de tantos años, tenés un oficio y el día que la inspiración no llega, recurrís al oficio.

El hijo único
Empezó a hacerse conocido por sus chistes de actualidad y de a poco, fue ganándose el cariño de la gente, pero hay un personaje que es sinónimo de Nik y ese es Gaturro. Podría decirse que su nacimiento fue casual y su permanencia en las páginas del diario, inesperada. “Había una época en la que Menem se había hecho un entretejido capilar, y todo el mundo se reía mucho de eso. En un programa de televisión apareció una vez con todo el “gato” torcido y yo dibujé una caricatura del ex presidente con un gato arañándole la cabeza, como cayéndose. Ese fue un poco el inicio. Gustó tanto ese “gag” y ese gato (que en realidad, era más flaco que el Gaturro de ahora) que la gente empezó a pedirlo”, recuerda Nik haciendo un poco de memoria. Así fue como del cuadro de humor político, el minino amarillo pasó en 1996 a tener su propio espacio dentro del diario, y del corazón de los lectores. Tan famoso se hizo que ahora sale en publicaciones internacionales: está en México, Ecuador, Venezuela, Colombia, España y en Estados Unidos en diarios de habla hispana, en Chicago, Miami y Texas. También está por entrar en Brasil.
–¿Gaturro es tu personaje más querido?
–Es el que más queremos porque es propio, gracioso y carismático. Para nosotros que no tenemos hijos, es como nuestro hijito al que vemos crecer. La verdad es que nos encariñamos mucho con él. Además, a mí me ocurre una cosa extraña, que también me pasaba de chico con Mafalda (la creación de Quino). Miro libros viejos de Gaturro, como si fuera un lector y empiezo a sentir cómo el personaje tiene vida propia. Existe por sí solo, a veces, sueño que me guiña un ojo, o que me está dibujando, y empiezo a creer que el tipo existe. Cuando sucede eso, es porque conseguiste darle un tinte y un cariz muy propio al personaje. Pero, lo que más nos emociona es la llegada de mails que dicen “la verdad es que nos alegrás la vida todos los días”, “lo seguimos como si fuera parte de la familia”, o “lo sentimos como nuestra mascota”. Eso a mí me encanta, porque ¡qué otra cosa busca uno al hacer humor! De algún modo, siento que en parte, logré lo que perseguía cuando era chico: conseguí transmitir un poco de alegría, que de otra forma, no hubiera podido.
–¿Qué te falta conseguir entonces?
–Soy una persona muy feliz: porque trabajo en lo que me gusta y vivo de eso, también doy alegría a los demás, que es lo máximo para mí. Comparto la vida con la persona que quiero, trabajar juntos todos los días y despertarme rodeado de las cosas que me apasionan, bueno… ¿Qué más puedo pedir?

 

 


 

 

 

NIK