Entrevista
  Cultura
  Investigación
  Actualidad
  Historia de vida
  Cocina

 

 

Numerofonía

Réquiem
para el
pentagrama

Pentagrama, clave, compás, nota e intensidad, reemplazados por un número de un color y un tamaño. El sistema, creado por Sergio Aschero, permite representar además de música, el sonido de la Naturaleza. Un antes y un después. Ya se enseña en muchas partes del mundo, pero en la Argentina...

Elamá María Fux y papá Juan Aschero, reconocieron la vocación musical del pequeño Sergio. No podía ser menos para el hijo de la bailarina, que a los 80 años, sigue danzando con la levedad del no-tiempo y de un artista plástico y músico de la vanguardia de los años ’50. A los 6 años entró al Collegium Musicum. A los 20, ya era un profesional experimentado: docente, director y compositor. Una beca otorgada por el Fondo Nacional de las Artes lo llevó hasta Jujuy para compartir 15 días con la comunidad de los chahuancos, un pueblo perdido en la selva que ejecutaba su música con instrumentos simples. El joven maestro vio jaqueado su supuesto bagaje de erudición, al no poder transcribir esos sonidos. Corría el año 1965 y para Aschero se terminaba el mundo tal como lo conocía. Vive una crisis, un terremoto que no deja parámetro en pie. “¿Por qué tengo que recurrir a tal cantidad de signos imprecisos para representar algo tan sencillo?” se decía, mientras comprobaba la contradicción entre lo escrito y lo sonoro.
Tras cuatro décadas de investigación, y a punto de cumplir 60 años, Sergio pudo resolver el enigma con total precisión y claridad. El resultado es una escritura tan simple como la música (ver recuadro). Aún ignorado en nuestro país, el sistema de Numerofonía se enseña en las escuelas de España e Italia y es reconocido por científicos del mundo entero.
Pero para Aschero no pararon de estallar supernovas. La última (y para él, la definitiva), fue el encuentro con el Amor, así, con mayúscula. Mirta Karp, su compañera desde hace 5 años trajo a su vida, la energía que lo ordena todo. Con ella comparte la pasión por el sistema y los viajes a la comunidad de los wichis, en el monte formoseño, que a través de la Numerofonía, están recuperando su cancionero tradicional perdido tras la evangelización.

–Como bien se dice, la crisis es cambio.
–Mi encuentro con los chahuancos fue el gran sentido de mi existencia. Al no poder escribir exactamente su música, estuve a punto de abandonar la música. Fue uno de los momentos de soledad e incomprensión más terribles de mi vida. Comprobé que muchas veces la formación actúa más como corset o limitación, que como elemento de libertad.
–¿Qué tuvo que des-aprender?
–Un poeta sabe escribir, un pintor sabe pintar, pero hay muchísimos músicos que no saben escribir partituras. Si todos amamos la música, pero la leen solamente el 5% de la población, algo pasa. La música occidental se basa en el piano y todo lo que no se puede normativizar sobre esa base, es considerado exótico. Sin embargo, el mundo está lleno de culturas diversas con su música propia.
–¿Cómo llegó el sistema a los wichis?
–Nos invitaron a trabajar los maestros y educadores de la Fundación Miwok, que significa en idioma wichi Red de pescar colectiva que están desarrollando la primera escuela bilingüe wichi-castellano para docentes y otras especialidades, en el departamento de El Potrillo en la punta de la provincia de Formosa que limita con la provincia de Salta y con Paraguay. En medio del monte. Allá llevamos el curso para formadores, hicimos demostraciones del sistema con niños y la recepción ha sido maravillosa.
–¿Por qué es tan importante su aprendizaje y aplicación?
–Porque los wichis han perdido su tradición musical tras la evangelización de los anglicanos que llegaron a la zona de Formosa en 1920, estableciendo un corte con su pasado. Los jóvenes wichis, con el sistema de Numerofonía, están haciendo el primer cancionero de su historia hablando de su realidad cotidiana. Así se dieron cuentan que podían cantar a la naturaleza, al río, a los frutos. También han creado sus instrumentos y se reunieron para darles nombre. Algo impensado en un mundo donde parece que todo ya está nombrado.
El sistema es trascendental por donde se vea. Por su creación, por su aplicación y por lo que está permitiendo que ocurra.
–Por la barba ¿se está preparando para el bronce?
–(Lanza una carcajada policromática) Me estoy preparando para seguir caminando. No importa lo que uno hace sino lo que uno va abriendo. En la Argentina hay muchos que lo están aplicando, pero falta una decisión política que acepte hacer una experiencia piloto en las escuelas, como en España o en Italia.

Estuvo treinta años casado en España con la madre de su hija Irene, que es cantante. Una vez separado, se marchó a Brasil, donde estalló el enigma final: “sentía que la vida me debía algo: me había equivocado de prioridades.” Ya en Buenos Aires en el estudio de mamá María, conoce a Mirta Karp. “Con el amor todo se ordena, se dulcifican los contornos y uno comienza a sentirse vivo”, dice mientras se miran, entablando un diálogo inaudible.


Cromáfono ordenando los colores de menor a mayor frecuencia óptica en el espectro, como en el arco iris.

1: Rojo
2: Anaranjado
3: Amarillo
4: Lima
5: Verde
6: Esmeralda
7: Cian
8: Cobalto
9: Azul
10:Violeta
11:Magenta
12:Púrpura