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BONO
El político del rock

Es el líder de U2, una de las mejores bandas del mundo. Cantó con Pavarotti y Frank Sinatra. A pesar de que acaba de presentar un nuevo disco,
la única preocupación de este nominado al premio Nobel de la Paz en 2003, está centrada en su activismo, contra la guerra y el hambre.

Hay una definición para la palabra ‘carisma’ que escapa al uso habitual. La Real Academia la ubica dentro de una idea religiosa y explica: “Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad”. La inevitable pregunta que sigue es: ¿Conoce a algún político carismático? Por supuesto que puede contestar: “Pero por favor, si Dios no elige políticos...”. ¿Qué pasaría si le dijera que la otra acepción para el término ‘carisma’ refiere a la especial capacidad de ciertos individuos para atraer o fascinar? La alta dirigencia mundial comenzó a descubrir a una persona, cuyas acciones en el ámbito de la política internacional inquietan y dan mucho qué hablar. Cada vez que recita sus filosos discursos, mandatarios como Tony Blair o George W. Bush le sugieren que se dedique a lo suyo, porque, ¿sabe qué?, no se trata de un joven diputado sino de un músico de rock. No usa traje ni se pavonea en actos públicos. Prefiere vestir jeans, zapatillas y un par de anteojos violáceos. Aunque vive de su imagen, se deja crecer varios días la barba y ni siquiera le interesa usar su verdadero nombre. Bienvenidos al mundo de Bono, el cantante del grupo irlandés U2 y el más carismático de los políticos
de la actualidad.
¿Qué hace este artista de rock de 45 años, el primero en la historia en ser nominado en 2003 al Premio Nobel de la Paz? Bueno, hará poco menos de un año, cansado de la burocracia, llamó él mismo a la Aduana de Sudáfrica y en minutos, resolvió un problema que llevaba cuatro meses, y que impedía que un container con medicamentos para portadores de HIV/SIDA pudiera distribuirse en un hospital de la región. Sin temor a represalias, se peleó con el presidente de los Estados Unidos, le pidió dólares para llevar adelante su lucha contra el hambre mundial y tras la reelección, le recordó: “Seré un grano molesto a lo largo de esta gestión”.

“Tenemos el dinero, tenemos las drogas,
tenemos la ciencia, pero ¿tenemos la voluntad
de hacer de la pobreza, historia?”

Como si se tratara de un viaje a Disney, invitó al ex secretario del Tesoro de EE.UU. Paul O’Neill, y lo llevó a pasear por Africa, con el fin de mostrarle la verdad acerca del hambre y la pobreza. A pesar de que había jurado no cantar durante el viaje, tuvo que faltar a su promesa en dos oportunidades. La primera, cuando se topó con un grupo de chicos sudafricanos bailando al ritmo de I’m still haven’t found what I’m looking for. De golpe, el equipo de música dejó de funcionar y el irlandés no pudo evitar continuar con la canción para que siguieran con su juego. A los pocos días, una chiquita de Ghana le dijo que nunca había escuchado su voz y tampoco pudo resistirse.
Pero eso no es todo. Le entregó una de sus 300 guitarras a Tony Blair, a cambio del compromiso de Inglaterra para con el Tercer Mundo. Creó la fundación DATA (www.data.org) para ayudar a bajar la pobreza en el continente negro. Habla casi a diario con Kofi Annan (secretario de la ONU), Nelson Mandela y los líderes del G7. En los últimos años, además, cedió más horas de entrevistas para hablar de este tema, que de su música. Es, sin dudas, el nuevo mesías del rock.
La lista se extiende, pero la gran duda sigue en pie: ¿Por qué lo hace? De alguna manera, lo dijo un par de años atrás cuando empezó a pedirles a los países más poderosos la condonación de la deuda de los estados pobres del Africa (el movimiento se llama Jubilee 2000: www.jubileedebtcampaign.org.uk) con su tradicional ironía: “Mi ego no se conforma con el cariño de 80 mil personas por noche. Desde el rock podemos ayudar mucho, nuestra música es poder”.

Cuatro amigos, una historia
Claro que antes de vivir casi exclusivamente dedicado a estas causas, Bono cobró notoriedad por su trayectoria de más de 25 años al frente de esta banda que lleva 12 álbumes editados. Ha grabado con con Luciano Pavarotti y Frank Sinatra, por nombrar algunos grandes. En 1998 llenó el estadio de River Plate a lo largo de tres inolvidables noches. Y a diferencia de otros grupos con la misma permanencia en la cima, U2 supo evolucionar y logró enamorar a fanáticos de todas las generaciones.
La anécdota cuenta que fue Larry Mullen (baterista), el que formó la banda, cuando, con apenas 15 años, colgó un aviso solicitando músicos en la cartelera del colegio secundario Mount Temple. Respondieron Paul Hewson (Bono, voz), David Evans (The Edge, guitarrista) y Adam Clayton (bajista). Ninguno sabía tocar ni una sola nota pero, por alguna extraña razón, Larry decidió incorporarlos y todos se pusieron a estudiar. Eligieron ese nombre porque pronunciado en inglés (‘you too’) significa ‘vos también’. Y además, porque es el nombre del avión espía norteamericano que derribaron los rusos en plena guerra fría.
En medio de la convulsión mundial por el lanzamiento de su nuevo disco, How to dismantle an atomic bomb? (¿Cómo desmantelar una bomba atómica?), en lo que todos consideran un guiño contra la falsa acusación de Bush para invadir Irak, este católico irlandés lleno de preguntas existencialistas, no se olvida de su objetivo. De hecho, The Edge, contó en una entrevista: “Pensamos que no lo lograríamos. Bono andaba de acá para allá con sus discursos, muy metido en la política. Y eso generó más de una discusión entre nosotros. Pero, al final, salió todo bien; estamos frente a, quizá, nuestro mejor disco. Y Bono es así, esto es una gran familia, por eso lo acompañamos en todo”. La frase viene como anillo al dedo para destacar la paciencia infinita de sus tres amigos y compañeros de banda.

“Mi ego no se conforma con el cariño de 80 mil
personas en un estadio. Desde el rock podemos
ayudar, nuestra musica es poder”.

No por nada el álbum que U2 editó en 1982 fue uno de los pocos dedicados enteramente a la política. Se llamó War (guerra), y las letras estaban cargadas de mensajes que apuntaban contra la guerrilla en Irlanda. En 1986, Bono viajó a Centroamérica para convivir con tribus indígenas y conocer de cerca la realidad latinoamericana. Y en su momento, decidió enfrentar a casi todo Medio Oriente con su decisión de respaldar al escritor Salman Rushdie, quien durante 10 años vivió oculto y custodiado por Scotland Yard tras la publicación de Versos Satánicos, que el ayatolá Khomeini consideró
una blasfemia.
Si de discursos hablamos, nada mejor que transcribir el que pronunció el 29 de septiembre pasado, en la Conferencia del Partido Laborista, en Brighton, Inglaterra. Subestimándolo, los congresistas supusieron que iban a encontrarse con un rockero loco, fuera de sí. Pero, claro, la historia fue otra. “Mi nombre es Bono y soy una estrella de rock. Disculpen si parezco un poco nervioso. No estoy acostumbrado a enfrentarme a un público de menos de 80.000 personas. Escuché la palabra Party (en inglés puede significar “Partido” o “fiesta”), pero obviamente entendí otra cosa. He venido porque el Primer Ministro Blair me lo pidió. Podría estar arrepintiéndose”, espetó el músico, y los mismos que lo habían subestimado comenzaron a mirarlo de reojo. Bono continuó su discurso enumerando las razones de su lucha y les explicó que había estado en Etiopía de incógnito junto a su esposa Alison –su novia de la adolescencia y madre de sus cuatro hijos: Jordan, Memphis Eve, Elijah Bob y John Abraham– y que un hombre les quiso dar a su hijo porque sabía que allí no sobreviviría. “Entonces me convertí en lo peor de todo: una estrella de rock con una causa. Excepto por una cosa, ¡esto no es una causa! Son 6.500 africanos que mueren a diario de enfermedades prevenibles, que requieren medicinas que podemos conseguir en nuestra farmacia de barrio. Como ven, es una emergencia”.
Pavada de discurso, tamaña confusión para todos, más bofetadas para despertarlos. El hombre continuó: “Africa pone en ridículo nuestra idea de justicia, convierte en una farsa nuestra idea de igualdad. Ustedes pueden quedar en la historia del Siglo XXI...”.
Los aplausos bajaron desde las butacas como si hubiera dado el mejor recital de su vida. Algunos no lo saben, pero Bono está absolutamente convencido de que lo hizo, sólo que en vez de endulzarlos con su canto, los condujo con su sola voz, a capela, por un mundo real pero escondido, conocido pero ignorado, despreciable para el mundo pero netamente humano. No se sabe muy bien si logró su cometido con esas palabras, pero a nadie le quedó la duda de que allí estuvo, de pie, frente a ellos, uno de los más carismáticos de los políticos de la actualidad.