Hay
una definición para la palabra ‘carisma’
que escapa al uso habitual. La Real Academia la
ubica dentro de una idea religiosa y explica:
“Don gratuito que Dios concede a algunas
personas en beneficio de la comunidad”.
La inevitable pregunta que sigue es: ¿Conoce
a algún político carismático?
Por supuesto que puede contestar: “Pero
por favor, si Dios no elige políticos...”.
¿Qué pasaría si le dijera
que la otra acepción para el término
‘carisma’ refiere a la especial capacidad
de ciertos individuos para atraer o fascinar?
La alta dirigencia mundial comenzó a descubrir
a una persona, cuyas acciones en el ámbito
de la política internacional inquietan
y dan mucho qué hablar. Cada vez que recita
sus filosos discursos, mandatarios como Tony Blair
o George W. Bush le sugieren que se dedique a
lo suyo, porque, ¿sabe qué?, no
se trata de un joven diputado sino de un músico
de rock. No usa traje ni se pavonea en actos públicos.
Prefiere vestir jeans, zapatillas y un par de
anteojos violáceos. Aunque vive de su imagen,
se deja crecer varios días la barba y ni
siquiera le interesa usar su verdadero nombre.
Bienvenidos al mundo de Bono, el cantante del
grupo irlandés U2 y el más carismático
de los políticos
de la actualidad.
¿Qué hace este artista de rock de
45 años, el primero en la historia en ser
nominado en 2003 al Premio Nobel de la Paz? Bueno,
hará poco menos de un año, cansado
de la burocracia, llamó él mismo
a la Aduana de Sudáfrica y en minutos,
resolvió un problema que llevaba cuatro
meses, y que impedía que un container con
medicamentos para portadores de HIV/SIDA pudiera
distribuirse en un hospital de la región.
Sin temor a represalias, se peleó con el
presidente de los Estados Unidos, le pidió
dólares para llevar adelante su lucha contra
el hambre mundial y tras la reelección,
le recordó: “Seré un grano
molesto a lo largo de esta gestión”.
“Tenemos
el dinero, tenemos las drogas,
tenemos la ciencia,
pero ¿tenemos la voluntad
de hacer de la pobreza, historia?”
Como si se tratara de un viaje
a Disney, invitó al ex secretario del Tesoro
de EE.UU. Paul O’Neill, y lo llevó
a pasear por Africa, con el fin de mostrarle la
verdad acerca del hambre y la pobreza. A pesar
de que había jurado no cantar durante el
viaje, tuvo que faltar a su promesa en dos oportunidades.
La primera, cuando se topó con un grupo
de chicos sudafricanos bailando al ritmo de I’m
still haven’t found what I’m looking
for. De golpe, el equipo de música dejó
de funcionar y el irlandés no pudo evitar
continuar con la canción para que siguieran
con su juego. A los pocos días, una chiquita
de Ghana le dijo que nunca había escuchado
su voz y tampoco pudo resistirse.
Pero eso no es todo. Le entregó una de
sus 300 guitarras a Tony Blair, a cambio del compromiso
de Inglaterra para con el Tercer Mundo. Creó
la fundación DATA (www.data.org) para ayudar
a bajar la pobreza en el continente negro. Habla
casi a diario con Kofi Annan (secretario de la
ONU), Nelson Mandela y los líderes del
G7. En los últimos años, además,
cedió más horas de entrevistas para
hablar de este tema, que de su música.
Es, sin dudas, el nuevo mesías del rock.
La lista se extiende, pero la gran duda sigue
en pie: ¿Por qué lo hace? De alguna
manera, lo dijo un par de años atrás
cuando empezó a pedirles a los países
más poderosos la condonación de
la deuda de los estados pobres del Africa (el
movimiento se llama Jubilee 2000: www.jubileedebtcampaign.org.uk)
con su tradicional ironía: “Mi ego
no se conforma con el cariño de 80 mil
personas por noche. Desde el rock podemos ayudar
mucho, nuestra música es poder”.
Cuatro
amigos, una historia
Claro que antes de vivir casi exclusivamente dedicado
a estas causas, Bono cobró notoriedad por
su trayectoria de más de 25 años
al frente de esta banda que lleva 12 álbumes
editados. Ha grabado con con Luciano Pavarotti
y Frank Sinatra, por nombrar algunos grandes.
En 1998 llenó el estadio de River Plate
a lo largo de tres inolvidables noches. Y a diferencia
de otros grupos con la misma permanencia en la
cima, U2 supo evolucionar y logró enamorar
a fanáticos de todas las generaciones.
La anécdota cuenta que fue Larry Mullen
(baterista), el que formó la banda, cuando,
con apenas 15 años, colgó un aviso
solicitando músicos en la cartelera del
colegio secundario Mount Temple. Respondieron
Paul Hewson (Bono, voz), David Evans (The Edge,
guitarrista) y Adam Clayton (bajista). Ninguno
sabía tocar ni una sola nota pero, por
alguna extraña razón, Larry decidió
incorporarlos y todos se pusieron a estudiar.
Eligieron ese nombre porque pronunciado en inglés
(‘you too’) significa ‘vos también’.
Y además, porque es el nombre del avión
espía norteamericano que derribaron los
rusos en plena guerra fría.
En medio de la convulsión mundial por el
lanzamiento de su nuevo disco, How to dismantle
an atomic bomb? (¿Cómo desmantelar
una bomba atómica?), en lo que todos consideran
un guiño contra la falsa acusación
de Bush para invadir Irak, este católico
irlandés lleno de preguntas existencialistas,
no se olvida de su objetivo. De hecho, The Edge,
contó en una entrevista: “Pensamos
que no lo lograríamos. Bono andaba de acá
para allá con sus discursos, muy metido
en la política. Y eso generó más
de una discusión entre nosotros. Pero,
al final, salió todo bien; estamos frente
a, quizá, nuestro mejor disco. Y Bono es
así, esto es una gran familia, por eso
lo acompañamos en todo”. La frase
viene como anillo al dedo para destacar la paciencia
infinita de sus tres amigos y compañeros
de banda.
“Mi
ego no se conforma con el cariño de 80
mil
personas en un estadio. Desde el rock podemos
ayudar, nuestra musica es poder”.
No por nada el álbum
que U2 editó en 1982 fue uno de los pocos
dedicados enteramente a la política. Se
llamó War (guerra), y las letras estaban
cargadas de mensajes que apuntaban contra la guerrilla
en Irlanda. En 1986, Bono viajó a Centroamérica
para convivir con tribus indígenas y conocer
de cerca la realidad latinoamericana. Y en su
momento, decidió enfrentar a casi todo
Medio Oriente con su decisión de respaldar
al escritor Salman Rushdie, quien durante 10 años
vivió oculto y custodiado por Scotland
Yard tras la publicación de Versos Satánicos,
que el ayatolá Khomeini consideró
una blasfemia.
Si de discursos hablamos, nada mejor que transcribir
el que pronunció el 29 de septiembre pasado,
en la Conferencia del Partido Laborista, en Brighton,
Inglaterra. Subestimándolo, los congresistas
supusieron que iban a encontrarse con un rockero
loco, fuera de sí. Pero, claro, la historia
fue otra. “Mi nombre es Bono y soy una estrella
de rock. Disculpen si parezco un poco nervioso.
No estoy acostumbrado a enfrentarme a un público
de menos de 80.000 personas. Escuché la
palabra Party (en inglés puede significar
“Partido” o “fiesta”),
pero obviamente entendí otra cosa. He venido
porque el Primer Ministro Blair me lo pidió.
Podría estar arrepintiéndose”,
espetó el músico, y los mismos que
lo habían subestimado comenzaron a mirarlo
de reojo. Bono continuó su discurso enumerando
las razones de su lucha y les explicó que
había estado en Etiopía de incógnito
junto a su esposa Alison –su novia de la
adolescencia y madre de sus cuatro hijos: Jordan,
Memphis Eve, Elijah Bob y John Abraham–
y que un hombre les quiso dar a su hijo porque
sabía que allí no sobreviviría.
“Entonces me convertí en lo peor
de todo: una estrella de rock con una causa. Excepto
por una cosa, ¡esto no es una causa! Son
6.500 africanos que mueren a diario de enfermedades
prevenibles, que requieren medicinas que podemos
conseguir en nuestra farmacia de barrio. Como
ven, es una emergencia”.
Pavada de discurso, tamaña confusión
para todos, más bofetadas para despertarlos.
El hombre continuó: “Africa pone
en ridículo nuestra idea de justicia, convierte
en una farsa nuestra idea de igualdad. Ustedes
pueden quedar en la historia del Siglo XXI...”.
Los aplausos bajaron desde las butacas como si
hubiera dado el mejor recital de su vida. Algunos
no lo saben, pero Bono está absolutamente
convencido de que lo hizo, sólo que en
vez de endulzarlos con su canto, los condujo con
su sola voz, a capela, por un mundo real pero
escondido, conocido pero ignorado, despreciable
para el mundo pero netamente humano. No se sabe
muy bien si logró su cometido con esas
palabras, pero a nadie le quedó la duda
de que allí estuvo, de pie, frente a ellos,
uno de los más carismáticos de los
políticos de la actualidad.
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