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récord de público en las tribunas, más
visitantes extranjeros que de costumbre y partidos vibrantes
de principio a fin, la 111ª edición del
campeonato de polo más importante del planeta
ya se convirtió en un éxito rotundo. Y
eso que todavía falta lo mejor, el encuentro
en el que todos los equipos quieren estar: la final.
Si bien los organizadores eran optimistas y presumían
que este año la concurrencia de gente podía
ser significativa, los dos mil abonos que se vendieron
antes de que la bocha comenzara a rodar, apenas entregaron
un indicio de lo que sucedería luego. Porque
los encuentros de la cancha 2 jamás habían
despertado tanto interés como ahora y el campo
principal de Palermo –con sectores agotados no
bien iniciado el torneo– alberga más y
más aficionados cada fin de semana. Esto ratifica
que, a pesar de algunos preconceptos, la popularidad
del polo continúa en aumento.
Todo comenzó hace más de un siglo. Allá
por 1875 o antes, con ganaderos de habla inglesa y peones
criollos hermanados con el único propósito
de “taquear”. Los británicos buscaban
recordar los buenos viejos tiempos vividos en casa,
lejos de aquí. En tanto, los modestos lugareños
querían ver de qué se trataba y les gustó.
Jamás podrían haberse imaginado entonces
–ni los unos ni los otros– que el polo argentino
se convertiría en el más renombrado y
prestigioso del mundo,
por mérito propio.
Y para acreditarlo, miles de personas se reúnen
año tras año en el campo de Palermo (ubicado
en Avenida del Libertador y Dorrego, en la Capital Federal),
donde se disputa el Campeonato Argentino Abierto. Al
certamen se lo considera el más importante, ya
que en ninguna otra competencia como en ésta,
los aficionados pueden ver juntos a tantos polistas
de primerísimo nivel. Se trata de los mismos
jugadores que en el exterior hacen valer su profesionalismo,
pero que aquí batallan por el honor, en la llamada
Catedral del polo mundial. “Ganar el Abierto es
la máxima aspiración que un jugador puede
tener. En Palermo las sensaciones se potencian. Si salís
campeón sos el tipo más feliz de la Tierra
y si perdés, la tristeza es muy grande. Es un
torneo único en el mundo, en la mejor cancha
del mundo, y eso es lo que tiene de lindo”, remarca
el genial Adolfo Cambiaso (hijo), en diálogo
con Nueva. También conocido como el Maradona
del polo, Cambiaso (La Dolfina) es uno de los cinco
argentinos con 10 goles de handicap que toman parte
de la competencia. Los otros son Bautista y Marcos Heguy
(Indios Chapaleufú I), Ignacio Heguy (Indios
Chapaleufú II) y Miguel Novillo Astrada (La Aguada).
Además, está el estadounidense Adam Snow
(Isla Carroll IPC), que también alcanzó
la máxima valoración en este deporte.
El Abierto comenzó a disputarse en 1893 y en
su 111° edición son ocho los conjuntos que
pugnan por el título. Aparte de los ya mencionados,
en la nómina de aspirantes a la corona figuran
Ellerstina, La Mariana y Miramar, aunque éste
último en menor medida. Los equipos con mejor
valoración colectiva –sumando los goles
de handicap de sus cuatro integrantes– son Indios
Chapaleufú II y el campeón vigente, La
Aguada, con 37. Luego aparecen Indios Chapaleufú
I y La Dolfina (36), La Mariana (34), Ellerstina (33),
Miramar (32) e Isla Carroll IPC (31). No es un dato
menor éste si se tiene en cuenta que los campeonatos
internacionales más afamados suelen reunir formaciones
de bastante menor puntaje, por motivos de emparejamiento
reglamentario. El taquillero Indios Chapaleufú
I es el equipo que más veces se adjudicó
el Abierto (6) entre los que compiten en esta edición.
Además, posee un temible goleador como Bautista
Heguy y la hinchada más numerosa le brinda su
respaldo fuera de la cancha. Por su parte, La Dolfina
busca su quinta final consecutiva. Y para esta oportunidad
reclutó al mejicano Carlos Gracida, de 43 años
y seis veces campeón del Abierto, en su afán
de reeditar el festejo desatado en 2002, cuando se alzó
con el título.
El polo se está esforzando en pos de convertirse
en “pasión de multitudes” entre los
deportes de a caballo. “Es increíble la
demanda de entradas que tenemos”, comenta el presidente
de la Asociación Argentina, Gonzalo Tanoira,
que celebra a viva voz este aumento de popularidad.
Quizá desconozcan las reglas del juego o qué
significa chukker (tiempo / período) y cuánto
dura cada uno (7 minutos). No importa. En los últimos
años asistieron a la final del certamen más
de 17 mil personas, entre curiosos y entendidos. “Este
no es un deporte exclusivo, por lo menos en Argentina.
Aquí el público puede ir con el termo
y el mate a disfrutar del verde y de los mejores jugadores
y caballos del mundo”, comenta Eduardo Heguy,
líder de Indios Chapaleufú II. “Es
un espectáculo que solamente se da acá,
donde los polistas damos todo por el prestigio y el
honor, no por el dinero”, recalca. Y añade:
“En otros países el polo es un deporte
sofisticado, pero acá somos todos gente de campo
y es por ese motivo, cada vez son más los que
vienen a vernos”.
Existen múltiples anécdotas sobre el Abierto
de Palermo. Sin embargo, pocas son tan risueñas
como la insólita protesta que el año pasado
protagonizó un grupo de espectadores, en plena
final. Cambiaso decidió vestir a su equipo La
Dolfina con los colores de Nueva Chicago (el club de
sus amores), y el público, enojado porque los
seguidores de este team, que son parte de la hinchada
de Nueva Chicago, habían ingresado en tropel
a la tribuna Dorrego con bengalas de humo, decidieron
saltar al campo y realizar una “sentada”
en señal de protesta. El partido (frente a La
Aguada) tuvo que interrumpirse para reubicar a los malhumorados
aficionados.
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