Entrevista
  Jardín
  Investigación
  Actualidad
  Personaje
  Cocina

 

En Palermo, el mejor polo del mundo

Palermo luce este año como nunca.
La llamada Catedral del polo mundial siempre tiene una mística particular, seductora, glamorosa y con notables espectáculos deportivos. Sin embargo, el Abierto 2004 ha superado ampliamente las expectativas, en cuanto a nivel de juego y cantidad de espectadores. Historias de un deporte, donde los argentinos brillan.

Con récord de público en las tribunas, más visitantes extranjeros que de costumbre y partidos vibrantes de principio a fin, la 111ª edición del campeonato de polo más importante del planeta ya se convirtió en un éxito rotundo. Y eso que todavía falta lo mejor, el encuentro en el que todos los equipos quieren estar: la final. Si bien los organizadores eran optimistas y presumían que este año la concurrencia de gente podía ser significativa, los dos mil abonos que se vendieron antes de que la bocha comenzara a rodar, apenas entregaron un indicio de lo que sucedería luego. Porque los encuentros de la cancha 2 jamás habían despertado tanto interés como ahora y el campo principal de Palermo –con sectores agotados no bien iniciado el torneo– alberga más y más aficionados cada fin de semana. Esto ratifica que, a pesar de algunos preconceptos, la popularidad del polo continúa en aumento.
Todo comenzó hace más de un siglo. Allá por 1875 o antes, con ganaderos de habla inglesa y peones criollos hermanados con el único propósito de “taquear”. Los británicos buscaban recordar los buenos viejos tiempos vividos en casa, lejos de aquí. En tanto, los modestos lugareños querían ver de qué se trataba y les gustó. Jamás podrían haberse imaginado entonces –ni los unos ni los otros– que el polo argentino se convertiría en el más renombrado y prestigioso del mundo,
por mérito propio.
Y para acreditarlo, miles de personas se reúnen año tras año en el campo de Palermo (ubicado en Avenida del Libertador y Dorrego, en la Capital Federal), donde se disputa el Campeonato Argentino Abierto. Al certamen se lo considera el más importante, ya que en ninguna otra competencia como en ésta, los aficionados pueden ver juntos a tantos polistas de primerísimo nivel. Se trata de los mismos jugadores que en el exterior hacen valer su profesionalismo, pero que aquí batallan por el honor, en la llamada Catedral del polo mundial. “Ganar el Abierto es la máxima aspiración que un jugador puede tener. En Palermo las sensaciones se potencian. Si salís campeón sos el tipo más feliz de la Tierra y si perdés, la tristeza es muy grande. Es un torneo único en el mundo, en la mejor cancha del mundo, y eso es lo que tiene de lindo”, remarca el genial Adolfo Cambiaso (hijo), en diálogo con Nueva. También conocido como el Maradona del polo, Cambiaso (La Dolfina) es uno de los cinco argentinos con 10 goles de handicap que toman parte de la competencia. Los otros son Bautista y Marcos Heguy (Indios Chapaleufú I), Ignacio Heguy (Indios Chapaleufú II) y Miguel Novillo Astrada (La Aguada). Además, está el estadounidense Adam Snow (Isla Carroll IPC), que también alcanzó la máxima valoración en este deporte.
El Abierto comenzó a disputarse en 1893 y en su 111° edición son ocho los conjuntos que pugnan por el título. Aparte de los ya mencionados, en la nómina de aspirantes a la corona figuran Ellerstina, La Mariana y Miramar, aunque éste último en menor medida. Los equipos con mejor valoración colectiva –sumando los goles de handicap de sus cuatro integrantes– son Indios Chapaleufú II y el campeón vigente, La Aguada, con 37. Luego aparecen Indios Chapaleufú I y La Dolfina (36), La Mariana (34), Ellerstina (33), Miramar (32) e Isla Carroll IPC (31). No es un dato menor éste si se tiene en cuenta que los campeonatos internacionales más afamados suelen reunir formaciones de bastante menor puntaje, por motivos de emparejamiento reglamentario. El taquillero Indios Chapaleufú I es el equipo que más veces se adjudicó el Abierto (6) entre los que compiten en esta edición. Además, posee un temible goleador como Bautista Heguy y la hinchada más numerosa le brinda su respaldo fuera de la cancha. Por su parte, La Dolfina busca su quinta final consecutiva. Y para esta oportunidad reclutó al mejicano Carlos Gracida, de 43 años y seis veces campeón del Abierto, en su afán de reeditar el festejo desatado en 2002, cuando se alzó con el título.
El polo se está esforzando en pos de convertirse en “pasión de multitudes” entre los deportes de a caballo. “Es increíble la demanda de entradas que tenemos”, comenta el presidente de la Asociación Argentina, Gonzalo Tanoira, que celebra a viva voz este aumento de popularidad. Quizá desconozcan las reglas del juego o qué significa chukker (tiempo / período) y cuánto dura cada uno (7 minutos). No importa. En los últimos años asistieron a la final del certamen más de 17 mil personas, entre curiosos y entendidos. “Este no es un deporte exclusivo, por lo menos en Argentina. Aquí el público puede ir con el termo y el mate a disfrutar del verde y de los mejores jugadores y caballos del mundo”, comenta Eduardo Heguy, líder de Indios Chapaleufú II. “Es un espectáculo que solamente se da acá, donde los polistas damos todo por el prestigio y el honor, no por el dinero”, recalca. Y añade: “En otros países el polo es un deporte sofisticado, pero acá somos todos gente de campo y es por ese motivo, cada vez son más los que vienen a vernos”.
Existen múltiples anécdotas sobre el Abierto de Palermo. Sin embargo, pocas son tan risueñas como la insólita protesta que el año pasado protagonizó un grupo de espectadores, en plena final. Cambiaso decidió vestir a su equipo La Dolfina con los colores de Nueva Chicago (el club de sus amores), y el público, enojado porque los seguidores de este team, que son parte de la hinchada de Nueva Chicago, habían ingresado en tropel a la tribuna Dorrego con bengalas de humo, decidieron saltar al campo y realizar una “sentada” en señal de protesta. El partido (frente a La Aguada) tuvo que interrumpirse para reubicar a los malhumorados aficionados.