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La novelista Isabel Allende, autora de “Eva Luna”, “La Ciudad de las Bestias” y otras maravillas, es una persona tan singular
e interesante como sus personajes. Vivió exilios, desdichas y persecuciones. Aun así, dice que “soy una mujer afortunada, porque he tenido y tengo mucho amor”

“Llevo la libertad en la sangre,
como una rebeldía”

Desde que escribió La Casa de los Espíritus, la chilena Isabel Allende se ha transformado en la novelista latinoamericana favorita de los lectores, no sólo en el mundo de habla española: también ha sido traducida a más de una docena de lenguas.
En estos días, junto con la aparición de El Bosque de los Pigmeos (tercera parte de una trilogía que comenzó con La Ciudad de las Bestias, y que también tiene destino de best-seller), Isabel se ha puesto a escribir sobre... ¡El Zorro!, personaje al cual ve, dice a Nueva, “como una mezcla de Robin Hood, Peter Pan, Ernesto Che Guevara y Antonio Banderas”. Su intención confesa es contar “la verdadera historia del Zorro”, lo cual no es poca cosa.
–Empecemos por la trilogía, Isabel. Sus libros se esperan con expectativa, usted lo sabe. Pero... tres libros para chicos y jóvenes resultan sorprendentes.
–¿Sabés qué? La trilogía nació como un regalo para mis nietos, a quienes les había prometido una novela hacía varios años. Les gustó tanto la primera (La Ciudad de las Bestias) que terminé escribiendo dos más. Acababa de finalizar el último tomo y me preparaba para escribir otro libro para adultos, cuando los dueños de El Zorro –sí, el personaje tiene dueños– me tentaron con la idea de relatar sobre los orígenes de la leyenda. Escribir una aventura para adultos, pero que también es adecuado para chicos, siempre que sean buenos lectores, porque se trata de quinientas páginas de novela histórica.
–Bueno, desde su primera novela, la historia, y también los avatares políticos latinoamericanos, están siempre presentes.
–El Zorro –dice Isabel– es el pretexto para contar una época: la del año 1800. La historia de esa época.
–Pero, ¿por qué El Zorro?
–El Zorro es un arquetipo en el inconsciente colectivo. Es el héroe. En este caso es además un personaje encantador, tiene sed de justicia, es aventurero y valiente, pero se juega la vida con liviandad y sentido del humor. No mata al enemigo: prefiere humillarlo. Defiende a los pobres y a los indios, pero no es una figura trágica. Me lo imagino, ya te lo dije, como una mezcla de Robin Hood, Peter Pan, el Che Guevara y Antonio Banderas. ¡Me divertí como una chiquilla con este proyecto!
–Mezcla rara, Isabel: Robin Hood, un bandolero justiciero que dicen que existió; Peter Pan, un personaje, el de un chico que se negaba a crecer; Guevara, un revolucionario, y Banderas, un actor... de paso, ya que investigó sobre el asunto. ¿Existió alguien como El Zorro?
–No, El Zorro no existió, pero siempre hubo héroes y personas idealistas dispuestas a luchar por defender a los débiles, y a sacrificarse por el bien de otros. Sería bueno que en el mundo de hoy, hubiera más héroes modestos y cotidianos y menos superhéroes de acción en el cine, que exaltan la violencia en todas sus formas. Para empezar, podríamos tener en los Estados Unidos un presidente que fomentara la paz, en vez de hacer la guerra. En cuanto a tus objeciones, el personaje de El Zorro tiene tanto humor que es como un Peter Pan adolescente, Robin Hood también era humorista y enamoradizo, Guevara defendía a los pobres, y Banderas... bueno, es el actor que le dio el último rostro.
–Cambiemos de tema. ¿No le molesta vivir en el extranjero, en Estados Unidos?
–He sido viajera, refugiada política e inmigrante. Mi karma es ser extranjera en todas partes, incluso en Chile. He encontrado mis raíces en la memoria y en mis libros. Mis nietos dicen que tengo una aldea en la cabeza, donde vivo con mis personajes. Por años, me sentí desarraigada, pero ya no. Ahora puedo volver a Chile cuando quiero y, de hecho, lo hago tres o cuatro veces al año. Tengo un pie en California y otro en Chile.
–¿Da a leer sus libros a alguien antes de publicarlos?
–Por lo general no. Pero consulto con mis nietos, les cuento las historias y a veces, me ayudan a resolver problemas. Por ejemplo, mi nieto Alejandro (quien sirvió de modelo para el personaje de Alexander Cold en la trilogía), tuvo la idea de usar cierta teconología moderna para ubicar a los personajes dentro del laberinto de trampas del palacio, donde se guarda el dragón de oro en la segunda novela. La idea de los animales totémicos en la selva del Amazonas se le ocurrió a mi nieta Nicole, que quiere mucho a los animales. Andrea es una gran lectora y ella me ayuda con los aspectos mágicos.
–¿En qué cree, Isabel? ¿Cuáles son sus valores?
–Mis valores más preciados son el amor (especialmente por mi familia), la honestidad, la generosidad, el servicio a los demás, la justicia y la libertad. Parecen una serie de clichés, pero la verdad es que han determinado mi carácter y los temas que escojo cuando escribo.
–¿Se considera una persona afortunada?
–Sí. He sido afortunada en el amor desde antes de nacer, ya que siempre he contado con el cariño de mi madre. Además, me han amado algunos hombres, mis hijos, mis nietos, varios amigos. Incluso me quieren mis nueras, con eso lo digo todo. Y todos, por suerte, comparten mis creencias, y aprueban mi trabajo y la forma en que conduzco mi vida. Mis lectores lo adivinan en mis páginas, tal vez por eso, se entregan con confianza a la historia que les cuento en cada libro. Saben que no les hago trampas. Mi posición política y mi compromiso con causas sociales nacen de un arraigado sentido de la justicia. No se puede andar por el mundo sin ver el dolor ajeno y procurar remediarlo. Y en cuanto a la libertad, admito que la llevo en la sangre, como una eterna rebeldía. He tenido mucha suerte, porque he podido vivir con más libertad que la mayoría de las mujeres de mi generación. No me importa el precio de la libertad, lo pago con mucho gusto y, además, con intereses.