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Luego de años muy difíciles, empiezan a percibirse aires de bonanza. La soja, el número de habitantes, el nivel socioeconómico y cultural y su índice de crecimiento, la convirtieron en la ciudad de las mil oportunidades. La comparan con Chicago, Nueva York y Barcelona, pero Rosario, lejos de imitar lo foráneo, se animó a rescatar sus tesoros escondidos.
Para la ciudad, el III Congreso Internacional de la Lengua Española, fue el evento cultural más importante de su historia y el gran motor que impulsó estos cambios. La visita de intelectuales, lingüistas, filósofos, de la talla de Ernesto Sábato, José Saramago, Carlos Fuentes, Héctor Tizón y los reyes de España, inspiró a la gente a participar de esta gran fiesta de la lengua castellana. También fue una oportunidad para vestirse de fiesta. Según las palabras del rosarino Roberto Negro Fontanarrosa, “acá cualquier quiosco se puso lindo para recibir a los visitantes. No se hizo cosmética.” Los hechos hablan por sí mismos.
“Imprimir color a la ciudad” fue la propuesta de la arquitecta rosarina Cintia Prieto, cuya “instalación cromática” le valió el Primer Premio del concurso para la pintura exterior del flamante Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRO), allá donde el Boulevard Oroño se junta con el río.
Todo comenzó hace tres años cuando la Fundación Antorchas donó 27 obras de arte contemporáneo con la condición de que el Museo de Bellas Artes de Rosario hiciera un aporte parecido. La crisis económica obligó a solicitar a los mismos artistas el legado de éstas. La gran repercusión motivó a pensar en un anexo para el museo. Entonces, los ex silos Davis entraron en escena, y el emblemático edificio del paisaje rosarino, se engalanó para servir de refugio a una importante colección de 350 piezas de artistas argentinos. La propuesta fue preservar íntegramente el edificio centenario exaltando las características del hormigón, pero la ausencia de los espacios amplios, impuso un concepto diferente: “el museo vertical”, que alberga 970 piezas en 10 pisos, tiene sala de lectura, bar, restaurant y area de servicios, además de servir de mirador.
El MACRO que inauguró hace unos días, con una muestra del rosarino Lucio Fontana, tiene obras de Benedit, Lozza, Kuitka, Iommi, Seguí, Minujín, Testa y Noé, y muchísimos artistas más, que superan los doscientos.
Un poco más hacia el Norte, y con 40 cuadras de distancia entre sí, dos centros comerciales gigantes también modificaron la fisonomía de la ciudad santafesina. En medio del Parque Scalabrini Ortiz, el Alto Rosario aparece imponente con su diseño “a la rosarina”. Con su arquitectura, que celebra la tradición ferroviaria de la ciudad y la estructura inglesa de las edificaciones, se yergue en los antiguos talleres ferroviarios de Junín al 500, con 123 locales comerciales y 40 stands. Por su parte, el Portal Rosario es el mall más grande del interior del país, con 150 locales comerciales (el 65% de los negocios es de capitales rosarinos), un patio de comidas, 10 cines y un área de entretenimientos, un hipermercado y home center que fue inaugurado en el mes de junio. La cúpula vidriada instalada en el último nivel, lo perfilan como una gran catedral del consumo. La gira de compras por la ciudad obliga un paseo por la ex tienda La Favorita, adquirida a mediados de los ’90 por la cadena chilena Falabella, que aún conserva sus importantes marquesinas, sus vidrieras de cristal curvo y la cúpula con su nombre, imágenes manifiestas de fines del siglo XIX.
Caminando un par de cuadras, sobre Córdoba rumbo al río, el edificio de la Bolsa de Comercio –que data de 1927– se vistió de fiesta para recibir a los ilustres lingüistas. La ocasión fue la excusa perfecta para reconstruir las partes faltantes e iluminarlo como su arquitectura merece. Para el otro lado, sobre Sarmiento, el mítico bar El Cairo reabrió sus puertas, luego de que un incendio lo destruyera el pasado mes de mayo. Construida en 1943, la antigua casona que funcionaba como un típico café, fue remodelada en los años ’70 cuando funcionaba como una suerte de ágora para los jóvenes intelectuales. El nuevo milenio lo encuentra totalmente aggiornado, con capacidad para 230 personas, servicio de bar y restaurante, biblioteca y espacio para exposiciones de arte. Con tan agitada vida social, la hotelería también tuvo que ponerse a la altura de las circunstancias: finalmente Rosario tendrá dos hoteles cinco estrellas: el Plaza Real, que actualmente tiene 4, pero será recategorizado debido a las mejoras y al anexo de un restaurante y oficinas temporarias, y el Hotel Dolmen, con 150 habitaciones y todas las comodidades a metros del parque España.

Con la mirada en el Paraná
La influencia del urbanista catalán Oriol Bohigas, responsable del proyecto y construcción del Centro Cultural España que invitó a “abrir la ciudad al río”,
sigue vigente.
Ubicada en las calles España y Wheelwright, la Casa del Tango, edificio construido en 1860, fue refaccionado para convertirse en un espacio cultural dedicado especialmente al género del 2 x 4. El Galpón Peñaflor, edificado cinco años más tarde como la primera estación de trenes de la ciudad, actualmente funciona como restaurante, en esta nueva zona llamada Puerto España.
A lo largo de los años, la ciudad fue demoliendo los muros que la separaban del río, llenando con espacios verdes, balnearios y ramblas la ribera, que llega al imponente Puente Rosario-Victoria, que a mediados del 2003 la hermanó con Entre Ríos.
Este año fue la capital de los grandes acontecimientos, por eso, Rosario celebra.