| Rodeada
de majestuosos acantilados de 100 metros de altura que
encierran aguas serenas y azules, la gran bahía
es el lugar elegido por la ballena franca para sus rituales
amorosos y para la parición de su cría.
Desde mayo hasta fines de noviembre, cerca de 400 ejemplares
se refugian en estas aguas y se vuelven la principal atracción
de turistas y locales. En el mapa del turismo nacional,
Puerto Madryn es un lugar de visita obligada. También,
unos pocos minutos hacia el sur, siguiendo el camino del
boulevard que va al Monumento al Indio Tehuelche, está
Punta Cuevas. Allí, en donde en 1865 desembarcaron
los colonos galeses a bordo del Mimosa, el mar cavó
los acantilados sobre los que se levanta una casa, de
inconfundible influencia galesa que se integra sin disonancias
al entorno: el Ecocentro. Un emprendimiento que, siguiendo
con la tendencia mundial de los multiespacios culturales,
incluye, además, la invitación a incorporar
todo lo que la naturaleza tiene para ofrecer.
El hombre
y el mar
Corría el año 1995 y frente a las aguas
del golfo, un grupo de hombres emprendedores y conservacionistas
soñaron un lugar en donde la naturaleza se acoplara
con el devenir del pensamiento. Inspirado en el mar
patagónico, el Ecocentro empezó a gestarse
como un centro cultural. Con la ayuda de naturalistas
y científicos vinculados a la zona, liderados
por Alfredo Lichter –actual presidente del centro-,
y a una donación de la empresa Isaura, a través
de la iniciativa de su presidente José Manuel
Elicabe, a fines de 1999, la casa se terminó
de construir. “Como la simple extensión
silenciosa de un acantilado en las costas de la Patagonia”,
el Ecocentro abrió sus puertas el 15 de junio
del 2000. “La idea era impulsar actividades que
estuvieran orientadas a la difusión del conocimiento
y la protección de los ecosistemas marinos, pero
no en forma exclusiva, sino como paso inicial a una
reflexión más abarcadora” –
explica Daniel Pérez Martínez, coordinador
del área de Educación.
Cultura,
ciencia y educación
“El Ecocentro aparece en la curva final con su
silueta de faro vigilante. Estamos en el interior de
una ballena transparente: ventanales, escaleras, espacios
fluidos e inteligentes. Textos de Neruda, Borges y uno,
particularmente delicioso, de mi amigo Pedro Mairal.
Esculturas lunares hechas para el tacto de un ciego,
comenta Raquel. Olas de chicos pasean su asombro entre
videos de las profundidades, esqueletos flotantes, espacios
donde poesía y ciencia se abrazan en una sola
mirada. Juventud, disponibilidad, apuesta, visión.
Valeria y Mariana: atención, diálogo,
dinamismo. Alfredo y Claudio: vigías de lo abierto”.
En las palabras de Ivonne Bordelois, se respira la atmósfera
del lugar. La lingüista y poeta, así como
otros tantos pensadores y artistas, pasaron por sus
salas compartiendo sus talentos como parte de su propuesta
cultural.
En sus salones se ofrecen muestras e instalaciones,
y en el auditorio, conferencias, conciertos y recitales.
Este año, además, como parte del proyecto
de la Secretaría de Cultura de la Nación
de realizar muestras itinerantes de colecciones del
Museo de Bellas Artes, fue escenario de la muestra Goya:
la condición humana. “El objetivo es traer
cada vez más y mejores propuestas culturales
a la región” – continúa Pérez
Martínez.
El Ecocentro es un espacio de encuentro y reflexión
para una actitud más armónica con el océano.
Además de la cultura, la educación y la
ciencia son los otros dos pilares en donde se estructura
el proyecto. El programa educativo Mar abierto contempla
visitas interpretativas gratuitas para escuelas de la
provincia del Chubut y se “traslada” a las
escuelas rurales con un programa de educación
ambiental, que pretende motivar el conocimiento del
mundo natural a partir del mar. También con Mensajes
Oceánicos abre sus puertas a contingentes de
estudiantes que llegan a la Península de Valdéz
en viaje de estudios. Recorriendo estaciones imaginarias,
los chicos comparten experiencias ecológicas
y con dibujos; poemas y frases plasman la experiencia
de su viaje. En el plano científico buscan desarrollar
proyectos que tengan que ver con el entorno, como el
programa de la ballena franca austral, con objetivo
de fotoidentificación en Puerto Pirámide
o seguimiento satelital de aves y mamíferos marinos
de la Península Valdés. La naturaleza
vibrante es el punto de partida para desarrollar estos
programas que promueven el respeto y la voluntad de
descubrir.
En medio de un paisaje sublime como el de Puerto Madryn,
la mirada contemplativa y solidaria se vuelve hacia
el mar.

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