Apasionada por su carrera siente
una enorme felicidad cada vez que interpreta un papel
o canta sobre un escenario. Ahora, a los 35, sólo
quiere formar una buena pareja y armar una familia.
Es
un día de verano atípico en Buenos Aires. La
temperatura no supera los 20 grados y la ropa que lleva puesta
Cecilia da fe de ello. De jeans, buzo de plush, zapatillas
y campera, aparece por la puerta de un hotel altamente diseñado
de la Recoleta porteña. El maquillaje gastado demuestra
que lleva varias horas en su rostro, su andar es relajado
aunque lleva un poco de prisa porque viene retrasada para
la entrevista. Se acerca hasta el sillón de cuero blanco
al final del salón y se disculpa: “Perdón,
había que filmar en exteriores y todo se complicó”.
Es comprensible su demora ya que se trata de un día
de semana y viene de grabar en Pol-ka, donde comparte cartel
junto a Daddy Brieva y Romina Gaetani en Los secretos de papá,
que finaliza a mediados de marzo. Se saca el abrigo y nos
invita a comenzar la charla.
Aunque su forma de hablar es apresurada, y hasta puede parecer
impulsiva, da la impresión de que Cecilia es una persona
calma, que encuentra tiempos y lugares para cada cosa. Mientras
graba las últimas escenas de la tira, programa su año
laboral 2005, que la encontrará nuevamente en la pantalla
chica, de la mano de la productora de Raúl Lecouna.
“Me gusta muchísimo hacer televisión,
creo que es muy poderosa, porque hay mucha gente sola, que
lo único que tiene es a vos en ese aparato y así
se siente acompañada”, confiesa Milone aunque
asegura que a pesar de esto, su verdadero amor es el teatro.
“El estar en vivo, con el público en la sala,
ya sea en una obra o en una comedia musical, no tiene comparación”.
Ceci hace una pausa cuando se acerca el mozo a preguntar si
necesitamos algo, y pide un té. Hablando de esta bebida,
que es su favorita, dice: “Es como el cigarrillo para
los fumadores”, y luego agrega entre risas, “cuando
estoy de viaje y voy a hoteles, me llevo un kit con mi termo
y taza, porque aunque haya servicio de desayuno, me desespera
pensar que va a pasar algo y no voy a poder cumplir con mi
ceremonia alrededor del té”.
Cuando habla de rituales no puede pasar por alto su encantamiento,
casi mágico y hasta un poco envidiable para cualquier
mortal, con el mundo de las tablas. Su pasión nació
hace ya treinta años, cuando vio por primera vez el
espectáculo Annie. “Papá y mamá
me llevaron sin saber cuál iba a ser mi reacción,
y la verdad es que salí fascinada de la función
y a partir de entonces quise ir con más frecuencia”,
comenta Milone haciendo un flash back hacia su infancia. Ya
instalada su memoria por aquellos tiempos, trae al presente
los mejores y más duros recuerdos y marca una bisagra
que a los 8 años la hizo madurar de golpe. “Hasta
ahí fui muy feliz, pero a los pocos meses de mi cumple
falleció mi tía soltera, muy joven, con quien
yo tenía una gran afinidad porque era muy ruidosa e
histriónica”, desliza con un dejo de tristeza
en la mirada, “eso me marcó mucho”, finaliza.
Otro hito que le cambió la vida para bien, fue su debut
profesional, nada menos que en el clásico universal
Drácula. Corría agosto de 1991 cuando el imponente
estadio Luna Park la vio caracterizada de Mina Murray en el
show dirigido por Pepé Cibrián Campoy y musicalizado
por Angel Malher. “Cuando me enteré de las audiciones
en las que buscaban cantantes y actores, no lo dudé.
Venía estudiando desde hacía tiempo y me presenté.
Entre las 1100 postulantes, quedé elegida para hacer
el papel principal”. La comedia musical co-protagonizada
por Juan Rodó se convirtió en un suceso nacional,
con el que estuvieron de gira por todo el país y permanecieron
casi diez años en cartel. A lo mejor puede resultar
aburrido o rutinario hacer el mismo espectáculo durante
tanto tiempo, sin embargo Cecilia no lo siente así.
Halla en el ejercicio de la reiteración, la delicia
de despertar distintas sensaciones en la audiencia. “En
el 2003 la repusimos en el Opera y fuimos al interior, y ver
al público aplaudir de pie, o llorando es algo inolvidable,
increíble”, concluye.
Disfruta de cada palabra que nos regala y no vacila un instante
antes de responder a las preguntas. Es una mujer segura de
sí misma y de sus capacidades laborales. Piensa y analiza
mucho cada propuesta que le llega y por eso no se arrepiente
de nada de lo que hizo hasta ahora. Asegura que si no la encasillan
es porque ella no lo permite al buscar variedad en sus interpretaciones.
En el programa Poné a Francella, logró sacar
a la humorista que tiene adentro y se dio cuenta de que se
trata de un género maravilloso. “Es uno de los
lugares donde mayor placer encuentro, además creo que
mi profesión es un servicio y me parece que hacer reír
al público es una especie de misión terapéutica”.
También se puso las plumas para subirse al teatro de
revista de la mano de Nito Artaza y Miguel Angel Cherutti,
y se enoja un poco cuando descalifican este tipo de espectáculos
como si tuvieran menor valor. “Hice Lo que el turco
se llevó junto a esos dos talentosos porque no implicaba
ningún tipo de agresión, ni era algo chabacano”,
justifica tratando de despegarse de lo que hoy en día
se vende como pan caliente: el sexo y la ofensa gratuita porque
sí.
Una
chica de barrio
Ella no mira televisión, tiene poco tiempo libre y
prefiere aprovecharlo para hacer cosas que le den más
satisfacción, como agasajar gente en su casa. “No
quiero fanfarronear –aclara entre risas– pero
soy una estupenda anfitriona, es más, si tuviera que
elegir un papel sería ese porque me gusta ayudar a
que los demás pasen un rato ameno”. Servicial
y muy atenta, como lo ha demostrado a lo largo de la entrevista,
Cecilia también disfruta de los momentos que elige
para estar en soledad.
Nacida en el emblemático barrio de San Telmo, “la
Milone” es muy porteña en sus hábitos,
aunque según nos cuenta, por su forma de moverse y
relacionarse con las personas, parece una chica de provincia.
Adora las callecitas y cafés de su ciudad donde pasa
muchas horas. “No hay cosa que más me guste que
instalarme en los bares, además monto una oficina en
ellos: me llevo un libro, la notebook, el discman… estoy
como en casa”, comenta. Cuando piensa en la noción
de hogar, la actriz asume que siente a la Argentina muy dentro
del corazón y se enorgullece por usar escarapela en
las fechas históricas. “Soy muy patriota, amo
mi lugar, y me parece que el país es algo que te da
solidez, es como la familia…es el lugar adonde siempre
podés volver”, reflexiona al mismo tiempo que
explica que no tiene un pensamiento nacionalista porque está
a favor de que los extranjeros lleguen a nuestras pampas.
Sin embargo, a pesar de su cortesía hacia los turistas,
se enfurece cuando alguien le nombra una palabra en otro idioma.
“Amo nuestra lengua y me enoja que en vez de decir,
por ejemplo, jefe de escenario, digan ‘stage manager’
–comenta levantando un poco el tono de voz– imaginate,
que mientras que todo el mundo aprende inglés, yo estudio
castellano, estoy completamente loca y voy en contra de la
corriente”, cuenta riéndose de sus propias ocurrencias,
casi insólitas.
“Afortunada en la vocación, todavía sin
fortuna en el amor” podría ser la frase de cabecera
de Cecilia, que si bien tuvo varias relaciones sentimentales,
(la de más resonancia mediática fue con el actor
Federico Luppi) aún no encontró a su media naranja.
Entre las asignaturas pendientes de su vida privada figura
el establecerse en un amor junto a un hombre que la ayude
a sentirse más sólida y equilibrada. “Tengo
bastante control y soy serena, pero anhelo tener una tranquilidad
más intrínseca, cosa que me daría una
pareja”, dice con un poco de añoranza y afirma
que de todos modos es una mujer paciente y prefiere no apresurarse.
“No me gusta equivocarme, creo que por eso sigo sin
casarme, mis noviazgos son buenas prácticas que me
servirán de experiencia cuando llegue el muchacho indicado”,
finaliza divertida y casi con la certeza de que en cualquier
momento el príncipe azul tocará a su puerta.
Por Leticia Correa
/ Fotos: Agradecemos a Machado-Zicala
“Soy muy patriota,
amo mi lugar, y me parece que el país es algo que te
da solidez, es como la familia…
es el lugar adonde siempre podés volver”.
“Tengo
bastante control y soy serena, pero anhelo tener una tranquilidad
más intrínseca, cosa que
me daría una pareja”.
Su
segundo amor
Más dedicada y destacada por su rol de actriz, Cecilia
Milone también es cantante. Ya tiene editados dos discos,
en los que, con boleros y tangos, revela su alma de barrio:
Besos Brujos y Se dice de mí, un homenaje a Tita Merello.
Todo el tiempo está ideando y generando sus propios espectáculos
musicales, y este año no será la excepción.
Aunque todavía no sabe con certeza en dónde, quiere
desarrollar un nuevo show en el que además de entonar
sus melodías, actuará. Si bien en un principio
el canto nació como un complemento de su actividad teatral,
fue dándose cuenta de que tenía cualidades para
explotar. “Descubrí que tenía más
voz de la que creía, antes lo veía como un plus
y era muy meticulosa porque me gustaban voces con registros
extensos y pensaba que yo no los tenía”, comenta
y agrega complacida, casi orgullosa, “por suerte el tiempo
se encargó de demostrar que mi exigencia dio frutos”.