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Tiene 40 años y una vida signada por el misterio.
Respetado y criticado por igual, este actor prolifero
trabajo con los mejores directores y ahora filma, con
el argentino Alejandro Agresti, un remake que se estrenara
el próximo año.
Keanu
Reeves no se parece en nada a los seductores galanes que interpreta.
Cuando uno se encuentra cara a cara con el protagonista de
Matrix y Máxima Velocidad se topa con una persona parca,
fría y distante. Sin la menor intención de ser
carismático, o al menos amable. Poco y nada se sabe
de este personaje que algunos consideran un gran actor y otros,
simplemente un chico lindo. Keanu Reeves es un interrogante.
Lo único que muestra son sus películas y un
currículum impecable. Trabajó con Francis Ford
Coppola, Bernardo Bertolucci, Gus Van Sant, Kenneth Branagh
y los hermanos Wachowski, entre otros; lleva filmadas más
de 35 películas –algunas emblemáticas
como Matrix–, y otras que él prefiere no recordar…
y el público también. Está filmando tres
películas, una de ellas, Il mare a las órdenes
del argentino Alejandro Agresti. Compartió cartel con
genios como Gary Oldman, Jack Nickolson y Al Pacino y…
aún así, pocos actriz inglesa Rachel Weisz,
su partenaire en Constantine, luego de varios meses de filmación
sólo pudo describirlo como “un ser misterioso”.
Hasta Erwin Stoff, su representante desde hace 27 años
reconoce que es una persona muy privada que siempre mantiene
distancia con la gente. “No me interesa mostrar lo que
hay detrás de la cortina. Me gusta mirar un buen documental
acerca de algo interesante, pero no quiero que ese ‘algo’
sea mi vida”, se justifica.
Tan misteriosos es, que parece venido de otro mundo.
Allá
lejos...
Lo que muchos no saben es que nació en Beirut, el Líbano,
el 2 de septiembre de 1964. Por aquel entonces residían
allí debido al trabajo de su padre un geólogo
hawaiano, que los abandonó cuando Keanu tenía
2 años. Entonces su mundo privado se redujo a su madre,
una ex bailarina, y sus hermanas Kim y Karin. Juntos vivieron
en el Medio Oriente, Hawai, Australia, Nueva York y Toronto,
hasta que a los 16 años decidió radicarse en
Los Angeles y probar suerte en Hollywood. “Nunca sentí
ninguna vocación. Con lo de la actuación, no
tenía en claro si podría lograrlo pero al menos
estaba convencido de que era lo que quería hacer”
confesó alguna vez. Se podría decir que se hizo
de abajo. Empezó haciendo comerciales, siguió
interpretando papeles secundarios en buenas películas
como Relaciones Peligrosas, de Stephen Frears, en donde compartió
cartel con John Malcovich, Glenn Close y una casi desconocida
Uma Thurman, pero fue recién en Máxima velocidad,
cuando pegó el gran salto. Allí ingresó,
para quedarse, en el olimpo de las celebrities, con todo lo
que esto implica: fama, cachet millonario y la tan preciada
estrella en el Paseo de la Fama, en Hollywood. Está
claro que el éxito no se le subió a la cabeza
y lejos de los escándalos o el divismo, siguió
con una vida dedicada al trabajo. A más de 10 años
de su consagración sigue siendo un exótico,
solitario y bohemio que sufre de pánico en la oscuridad.
Hasta hace muy poco optaba por vivir en hoteles, antes de
cumplir con el sueño de la casa propia. Prefería
alternar entre el rancho dedicado a la cría de caballos
que le regaló a su hermana Kim y la fabulosa casa que
le compró a su madre, en las colinas de Hollywood.
Por allí se lo suele ver deambulando enfundado en ropa
usada y con barba de dos días, pero eso sí,
en una increíble Harley o un Porsche nada discretos.
Aunque desprolijo e informal, él se define como un
virginiano de pies a cabeza: meticuloso, obsesivo por el orden
y el control y muy reservado. De su vida privada solo trascienden
las tragedias: la muerte de la hija que tuvo con Jennifer
Syme, a las pocas horas de nacer, el accidente que Syme tuvo
unos años más tarde que le costaría la
vida, y la leucemia que le diagnosticaron a su adorada hermana
Kim en 1999.
“Se
dice de mí”
Esto es lo poco que se sabe de él. Lo demás
son solo rumores. Dicen que cuando Francis Ford Coppola lo
convocó para Drácula, lo hizo por su característica
de sex symbol entre las jovencitas más que por sus
cualidades interpretativas. Para eso estaban Gary Oldman y
Anthony Hopkins. También se comentó que tenía
manías excéntricas, que era un maleducado, que
no le gustaba bañarse y que odiaba el teléfono
celular y la computadora. A pedido de su agente tuvo que ocuparse
de desmentir personalmente el rumor de su presunta homosexualidad,
aunque a él pareció no molestarle. Lo mismo
que la infinidad de romances que se le adjudican con cada
mujer con quien se lo ve. Es evidente que a los 40, sigue
siendo un soltero empedernido, aunque esperanzado. “Dicen
que es la edad en que finalmente maduramos, y si tengo suerte,
hasta puedo formar una familia”, –confiesa.
Amante de la música, la velocidad, el silencio y la
privacidad, se reconoce muy apegado a su madre, sus hermanas
y sus amigos de la infancia. Súper generoso, luego
de la filmación de Matrix Reloaded, regaló una
Harley Davidson a cada uno de los 12 especialistas que durante
semanas lo prepararon para las escenas más difíciles,
en la lucha de Neo contra los 100 agentes Smith. Reconoce
que le gustan los papeles de héroe y eso es Costantine,
el personaje que interpreta en su última película
que se estrenó este año en Argentina.
Misterioso y reservado, algunos lo comparan con el príncipe
Sidharta, que interpretó en la película de Bertolucci.
De hecho, el director se quedó prendado de su belleza
que le inspiraba una “imposible inocencia”. Keanu
es diferente. Tanto como su nombre, tan difícil de
pronunciar para algunos y a la vez tan simbólico. Es
un susurro, una presencia, una “brisa fría de
las montañas”.
Constantine
es una historia de ángeles y demonios, en la que Keanu
interpreta a un hombre que se está muriendo. El actor
de Matrix, admite que a esta altura de la vida, los papeles
con tanta exigencia física, ya le cuestan un poco .
A
LAS ORDENES DE UN
ARGENTINO
Keanu Reeves vuelve a filmar con
Sandra Bullock, a los 11 años del éxito
de Máxima velocidad. En esta oportunidad será
Il Mare, un drama romántico con elementos fantásticos,
en el que Reeves interpreta a un arquitecto solitario
que comienza una relación epistolar con una médica,
interpretada por Bullock. Jeremy Irons y Christopher
Plummer también participarán de esta superproducción
de más de 60 millones de dólares, que
se está filmando en Chicago a las órdenes
del argentino Alejandro Agresti, director de Valentín
y El viento se llevó lo que. La película
es un remake del film coreano Siworae. De Reeves, Agresti
dice que es un tipo fantástico y un gran trabajador.