En
lo mejor de su carrera y segura de no haber llegado
a la cima. Protagoniza Los Roldán en tevé
y Tax1 en teatro. Además, se ocupa de su familia.
Una mujer que vive cada momento con gran intensidad.
Abre
la puerta de la camioneta e invita a subir. Presenta a las
asistentes que la acompañan y se dispone a partir rumbo
a una esquina del barrio porteño de Palermo, donde
filmará, en exteriores, unas escenas de la serie. Peinadísima,
maquillada a la perfección y vestida con impermeable
y tacones, la ex modelo, conductora y actriz, vende una imagen
tan sexy que cuesta imaginarla “puertas adentro”.
Ella no duda en afirmar que las mujeres son más lindas
al natural y agrega: “Mi búsqueda es la del equilibrio
físico para conseguir los otros dos: el mental y el
emocional”.
Habla y contagia entusiasmo. Es inquieta y curiosa como la
criatura que fue alguna vez. Esa que participaba de actos
escolares, animaba las reuniones familiares, estudiaba ballet,
francés, inglés, piano, guitarra, solfeo, practicaba
tenis y hockey. Esa que creció, pasó por la
facultad y al poco tiempo de nacer Tomás –hijo
de Eduardo Frigerio–, y casi sin querer, se inició
en el modelaje, que “le dio de comer” durante
casi veinte años. “Nunca me interesó ser
modelo. Yo quería ser licenciada en biología,
especializada en genética. ¡Era pésima
alumna! –se ríe–, pero ésas eran
mis intenciones en mi adolescencia”, asegura y cuenta
la anécdota de su primera sesión de fotos en
la que conoció a Nequi Galotti –hoy, una de sus
mejores amigas–. Por entonces, la famosísima
mannequin le comentó al agente de modelos Ricardo Piñeiro,
jefe de ambas: “esta chica va a triunfar”. Y no
se equivocó.
–¿Qué te dio
la pasarela y las tapas de revista?
–Cierta actitud de elegancia y distinción, el
saber sacarle el jugo a lo mejor de mí y esconder lo
que no está tan bueno. Aprendí a “marketinear
mi imagen”. Eso me fue trayendo hacia lo que hago actualmente.
Cuando hay vocación y uno está designado a dedo
por Dios u otra energía superior, llega a ocupar su
lugar. Lo dice el dicho: “al final del camino, se acomoda
la carga”. Uno tarda más ó menos, da vueltas,
pero finalmente lo que pugna por salir es la verdadera vocación.
Creo que hay que respetarse y escucharse mucho.
Eterna
“laburante”
Sin duda, lo que más deseaba era ser actriz, y lo consiguió.
Hoy protagoniza Los Roldán junto a Miguel Angel Rodríguez,
éxito televisivo indiscutido en el 2004 que ya va por
su segunda temporada, aunque en el 2005 el rating dejó
de marcar los picos de antaño. Y en teatro, es parte
del elenco de Tax1, éxito teatral de la temporada de
verano en Mar del Plata, y en junio llegará a la calle
Corrientes. –Mucho más allá de los números
de Los Roldán, ¿cómo te sentís
en esta segunda temporada?
–Prefiero no estar pendiente de las planillas de rating.
Tengo claro que estamos en una segunda temporada, y eso ya
es un éxito. También en un canal nuevo y en
un horario distinto que es más complicado para un programa
de tipo familiar –22 horas–. Sin embargo, a pesar
de todo, la historia está creciendo. Los Roldán
gira en torno al enfrentamiento entre las distintas clases
sociales, y en una Argentina con una sociedad tan polarizada,
creo que resta mucha tela para cortar. –Y también tenés un proyecto de
conducción, ¿no?…
–Sí, pero no sé para cuándo. Aprendí
que en el rubro trabajo hay que hacer la “plancha”
y no apurarse. Una vez que llega algo, hay que romperse el
alma, pero no ir a contrapelo buscando cosas que no son. Cada
vez creo más en el destino. Y el trabajo también
tiene que ver con eso. Tengo la sensación de que algo
muy “groso” está por venir. Lo mejor aún
está por llegar.. –Cómo te relacionás con la madurez…
–Me siento en un momento muy especial y lo estoy pasando
bien. ¿Sabés qué creo? Que las mujeres
se acercan a mí porque se identifican con lo que me
pasa: laburo, me rompo el alma, tengo hijos, a veces me va
mal y me frustro, en otras la “pego”, tengo un
marido que no es el típico, es un par. Nunca tuve un
marido que me mantuviese, nunca vino uno y me dijo: “te
regalo un brillante o un auto”. –No tuviste la vida resuelta…
–No, nunca nadie me pagó el teléfono.
A algunos hombres les incomoda, pero esos, no me interesan. –¿Y qué tiene Lucas que no tengan
otros?
–Me protege y me acompaña. Me organiza todo lo
referente al trabajo. Creo que lo conozco de otras vidas y
que Dios me lo puso en el camino para protegerme. –¿Creés en la fidelidad, el amor,
la pareja?
–Simplemente en que hay almas que están destinadas
a estar juntas. Más allá de los caminos que
por ahí uno recorra en la vida, hay un destino de almas
que se tienen que acompañar.
Familiera
como pocos
Andrea es una “madraza” que hasta se hace tiempo
para ir al “super” y seleccionar personalmente
los alimentos de sus pichones. “Me gusta saber lo que
comen los míos. No quiero perder ese contacto de la
mamá con la familia”, cuenta. Además,
cuando no graba por la mañana, lleva a su hija Josefina
al colegio, y no pierde el contacto con su hijo mayor, quien
la espera en la puerta de Canal 9 para salir a almorzar. “Tengo
un hijo muy profundo y maduro, es como mi par, a pesar de
ser mi hijo. Tengo conversaciones con él que me cuesta
tener con cualquier otro adulto”. –¿Te asesora sobre tu trabajo?
–Tommy me da una visión muy particular. Por un
lado, la de su generación y en segundo lugar, la de
un chico muy inteligente. Y lo que me dice, lo tengo en cuenta.
Me gusta ir tomando la temperatura de lo que comenta la gente
y no encerrarme en un sub-mundo y no saber qué es lo
que está pasando afuera. –Tu hija, completamente distinta. Es más
como vos…
–Totalmente. La veo a Feeney y me veo en chiquita, muy
sociable, tratando siempre de que nadie esté decaído,
de que todos se rían. –Una vez dijiste que tenías tiempo hasta
los 45 para tener otro hijo…
–¡Dios mío! No sabés la presión
que tengo todos los días en mi casa. Es un tema recurrente.
Mi marido y mis hijos me lo piden, pero tengo miedo de no
estar con la cabeza en ese embarazo y en ese hijo, disfrutándolo.
Y para tenerlo porque los demás me presionan, no quiero.
Por eso pataleo, pero después otra parte mía
me dice: “¿y si resulta que después te
quedás con las ganas?”. Es todo un tema… –Además de madre, sos hija. Hace poco
la salud de tu mamá te tuvo bastante preocupada…
–Se curó, por suerte. Es la segunda vez que tiene
un linfoma llamado Hodgkin. La primera fue hace 12 años
y se curó. Ahora, increíblemente, porque tenía
un 1% de posibilidades, volvió a tener la misma enfermedad,
siguió un tratamiento y se repuso rapidísimo.
Su buena predisposición y el hecho de que soy obstinada,
obsesiva y hasta que no consigo lo que quiero, no paro, ayudaron.
Además no sabés lo importante que fue el apoyo
de mi gente, de mi público –se le hace un nudo
en la garganta y se le humedecen los ojos–. Todas las
noches salía a la puerta del teatro y encontraba gente
que me decía: “estamos rezando por tu mamá”
o “se va a poner bien”, “estamos haciendo
cadenas de oración”. –¿Cómo hiciste para estar fuerte
en ese momento?
–No soy fuerte, pero me hago fuerte ante la adversidad.
Es muy difícil que me quiebre, salvo cuando veo que
no puedo hacer nada, ahí me entrego. Me ha pasado dos
veces: una fue en un accidente de avión y otra en 1992,
cuando se me disparó un caballo y no lo podía
parar. Me solté de los estribos, caí y me desmayé.
Pero cuando veo que hay una luz mínima, no me para
nadie. Es un rasgo de mi personalidad: agoto hasta las últimas
consecuencias en todo. No me doy por vencida, ni aún
vencida.
Así, natural, apasionada y sensible, a los 43 años,
Andrea Frigerio se dedica a disfrutar de la vida y vibrar
con ella. No es poca cosa.
Por
Laura Zavoyovski / Fotos: Gentileza Ideas del Sur
Frigerio,
según pasan los años
Dio sus primeros pasos como modelo durante 20 años en
la agencia de Ricardo Piñeiro. En la pantalla chica trabajó
en ATC junto a Daniel Mendoza, luego, en El Periscopio junto
a Jorge Rial y en Viva la Diferencia. Pero Andrea daba para
más. No tardó en llegar la actuación y
su ascenso a las tablas. Participó de cinco obras de
teatro, como Money Money, éxito durante la temporada
de 2003-2004, y Tax1, en la que comparte escenario con Carlos
Calvo, Fabián Gianola, Mónica Ayos y Carlos Moreno.
En la obra, interpreta a Mary Smith quien al descubrir que su
marido le es infiel, pierde el control de su vida. En televisión,
participó en Poné a Francella y en Los Roldán,
que la catapultó a la fama. En la tira da vida al personaje
de Cecilia Bernardi, una “pituca” que se enamora
de “Tito” Roldán, verdulero devenido empresario.
De todos modos Frigerio aún tiene mucho por hacer. Y
lo sabe. Tiene claro que tan importante como llegar a la meta,
es haber disfrutado del camino. Por eso va, paso a paso. Sin
prisa, sin pausa.