Los
compases de violines y acordeones inundan el salón,
los platos con blinis, caviar y crema ácida pasan
a nuestro lado, y los piegori ruskie compiten con los
varéniki ucranianos. Es que la cocina polaca
es muy variada e intensa y con mucha influencia de los
países vecinos como Rusia, Alemania y Austria.
El clima, extremadamente frío, y las largas distancias
los obligaron a conservar las carnes –especialmente
la de cerdo– saladas y ahumadas, que son las vedettes
de sus menúes. ¡Claro, en esa época
los freezers brillaban por su ausencia! Las pastas,
que también sobresalen en las mesas polacas,
son herencia de los chinos, no de los italianos y ellos
le sumaron hongos secos y papas. “Y de Austria
heredamos el amor por la pastelería, los dulces
y las tortas - apunta Soledad Krasicka, mandamás
de Kosako, un restó porteño de cocina
eslava- aunque nosotros reemplazamos el chocolate por
la amapola, pero no semillas aisladas, la utilizamos
en abundancia al igual que los frutos rojos”.
Porque casi todos los postres tienen ese no sé
qué muy montañés. Y hablando de
productos, los pescados (especialmente los arenques
y todos los de río) pelean el primer puesto con
el cerdo, seguidos muy cerca por el trigo burgol, las
sémolas, las papas y la intensidad de las remolachas.
Pero si de sabores se trata, el vodka es el rey de la
velada y conforma la mejor compañía para
acompañar las delicias eslavas. En una ambientación
muy cálida y fina con obras de arte y adornos
que denotan la influencia europea, los violines nos
despiden mientras el volumen del ambiente va en ascenso
y la noche promete convertirse en una velada exitosa.
Makoviec
(tarta
de amapola)
Para 6 personas
Masa: 300 g de harina; 80 g de azúcar; 150
g de manteca; 1 huevo; agua, cantidad necesaria.
Relleno: 400 g de amapola; 200 g de azúcar;
50 g de miel; 50 g de nueces; 50 g de pasas de uva;
4 huevos.
Mezcle la harina con el azúcar, incorpore
la manteca bien fría y cortada en trocitos,
ir incorporando la manteca a la harina y el azúcar
con el tenedor hasta lograr el punto de la “arena
mojada”; agregue el huevo y si fuese necesario,
un poco de agua. Forme un bollo y reserve en frío
por 1 hora bien tapado. Pasado este tiempo, extienda
la masa en un molde enmantecado y enharinado previamente,
reserve en frío.
Cubra los granos de amapola con agua bien caliente
y deje en remojo por 1 hora. Luego escurra, pase
2 veces por una moledora de carne, agregue la miel,
las pasas de uva y las nueces. Aparte bata los huevos
a punto letra y agregue a la amapola.
Vierta el relleno sobre la masa y hornee por 50
minutos en un horno precalentado a unos 200ºC.
Sirva con salsa de frutos rojos y crema chantilly.
Foto:
Rex Features / Dachary
PIEROGI
RUSKIE
(PASTA RELLENA DE QUESO Y PAPA)
Masa: 300 g de harina; 1 huevo; 150 ml de agua con sal; 20 g
de manteca derretida. Relleno: 600 g de papa; 300 g de queso
blanco; 3 cebollas rehogadas; sal, pimienta y nuez moscada.
Prepare la masa con la harina tamizada, agua con sal, el huevo
y la manteca, trabájela hasta que quede elástica,
deje que repose por 1/2 hora. Mientras prepara el relleno, hierva
las papas en su cáscara, déjelas enfriar, quite
la cáscara y píselas. Agregue la cebolla rehogada
en manteca, el queso y los condimentos. Estire la masa, córtela
en círculos con un cortapasta de 10 cm aprox. de diámetro.
Rellene los círculos y ciérrelos como las empanadas.
Hierva los pierogi en agua salada hasta que floten en la superficie,
cuélelos y reserve. Se pueden servir con salsa de hongos
o, a la manera tradicional, con cebolla dorada con panceta.