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El auge de la oliva
Una industria en alza que genera nuevas perspectivas de negocio. Su crecimiento también llega al turismo con la Ruta del Olivo, en Mendoza.

De pronto los argentinos comenzamos a valorar el aceite de oliva. Y con el fanatismo que nos caracteriza quisimos saber todo acerca de este óleo. Todavía no incorporamos las sutiles diferencias en los varietales vínicos y la curiosidad nos lleva a sumergirnos en el poco explorado mundo de la olivicultura y sus potenciales.
Aunque se sabe a través de los hallazgos arqueológicos que en la antigüedad ya conocían muy bien las bondades del mítico árbol del olivo y sus frutos, el mundo moderno ahora abre sus puertas a las diferentes utilidades del aceite de oliva.
Allá lejos y hace tiempo, la molienda de aceitunas en el área mediterránea servía para curaciones, lograr alimentos más nutrivos, y también tenía un uso cosmético. El legado sigue vigente y de este lado del globo, más precisamente en San Rafael, Mendoza, se acaba de inaugurar un spa en donde las terapias y masajes se realizan con el mencionado aceite. El Olivo Tour visita fincas de olivares, ofrece la experiencia directa en la elaboración y un merecido descanso en el Dell Olivo Spa. En pleno boom turístico, las bodegas que integran este circuito abren sus puertas a quienes quieran degustar aceites y aprender a reconocer los sabores de los distintos varietales. Una tentación irresistible.
Una de las razones de este boom es la necesidad de la gente por obtener la mayor cantidad de información acerca de lo que consume, y a partir de esto la capacidad para elegir mejor. “Hace unos años en los Estados Unidos, los norteamericanos no adquirían ningún alimento sin antes consultar el nutrition pack de cada producto, esta tendencia llega ahora a la Argentina y tenemos que responder a esa demanda”, explica Eduardo López Laurenz, director general de Bodegas y Viñedos López. La firma, atenta a los cambios, relanza su tradicional aceite extra virgen Marilén –en el mercado desde 1934-, bajo la marca López, elaborado con el método clásico de primera presión en frío. Otro ejemplo en la búsqueda por asociar la olivicultura a la viticultura es el de la Familia Zuccardi que, con la misma dedicación con la cual elabora sus vinos, inauguró una división Aceites Varietales.
Para Daniel Vargas Arizu, director de la firma que desde la década del 80 fracciona aceites, 1995 fue un año clave para la producción aceitera argentina. “España padeció una gran sequía que dejó como resultado una baja notable en la producción olivícola. Las 600 mil toneladas que extraían habitualmente se redujeron a 200 mil, y tuvieron que restringir sus exportaciones a los países compradores más importantes. Fue entonces cuando Argentina logró colocar sus aceites en Brasil, Uruguay, Chile, Ecuador, incluso Estados Unidos. El superávit en los ingresos que esto generó a la industria local, permitió renovar toda la maquinaria y pasar a elaborar con el llamado método continuo. El resultado fue un notable cambio en el gusto y cierto impacto en los consumidores, quienes, acostumbrados al aceite procesado con el método tradicional de prensa, encontraban en los nuevos aceites un sabor herbáceo como a pasto recién cortado”. El cambio en la tecnología –que no asegura una mejor calidad, sino un aceite con distinto sabor y mayor capacidad de producción a menores costos– generó en los productores la inquietud de mostrar los factores que intervienen en todo el proceso. Así, Vargas Arizu abrió el año pasado un local en su Bodega Tierras Altas, al paso sobre la ruta, donde se pueden degustar los varietales de aceite. El número de variedades de olivo cultivadas en el mundo es muy elevado. En España son más de 250, sin embargo en las degustaciones, para no complicar la tarea de enseñar con simpleza, se hace un muestreo de las olivas aceiteras que mejor se dan en Mendoza: Arbequina, Empeltre, Frantoio, Manzanilla, Farga, Leccino, Arauco y Nevadilla. Mientras los italianos prefieren la Frantoio, los argentinos se vuelcan por aromas y sabores más suaves que encuentran en la variedad Farga.

DE OLIVAS ILUSTRES
“Como el color no tiene importancia a la hora de hacer la valoración sensorial, las degustaciones se realizan en un vasito pequeño color ámbar o azul. El aceite debe estar a 28° y se evalúan sus cualidades aromáticas y gustativas”, explica Félix Panella, enólogo de Bodegas López. “Sólo los catadores avezados se animan a darle un trago al mentado vasito, los visitantes que sólo quieren probar y diferenciar varietales, testean el sabor mojando un pancito en el aceite”, acota Elena Romana, a cargo del local de ventas en Tierras Altas, en donde las degustaciones se hacen en botellas o jarritas, que los comensales prueban en un trozo de pan. En la aceitera Laur, en cambio, se organizan visitas guiadas a la fábrica y exquisitas degustaciones con panes caseros recién salidos del horno de barro. Sólo la variedad que elabora la fábrica se puede saborear junto a deliciosos tomatitos secos envasados con oliva y condimentados con orégano y albahaca.
Según los entendidos, los turistas llegan ansiosos por saber más sobre el aceite de oliva. Durante el último tiempo los argentinos nos dedicamos monotemáticamente al vino y dejamos de lado otros productos agrícolas. Recién ahora los turistas están poniéndose a tono con el olivo.

Oliva a la albahaca. Coloque en la licuadora 1 taza de aceite de oliva con un manojo de hojas de albahaca. Licue hasta ligar, salpimiente y sirva acompañando una ensalada de tomates secos y boconcinos.

En Argentina los primeros olivares se sembraron en las provincias de Mendoza, San Juan, Córdoba, La Rioja y Catamarca, pero sólo las dos primeras se dedicaron a la olivicultura, y desarrollaron la industria en la década del 40 cuando la Segunda Guerra Mundial impedía la importación de aceite. Un dato relevante es que gracias al diferimiento impositivo que beneficia a algunos sectores, en Catamarca y La Rioja se acaban de sembrar 30 mil hectáreas de olivos. Para comparar, Mendoza que hoy es la mejor zona de producción, cuenta con 14 mil. Allí, el olivo, como las viñas ,son parte del paisaje cuyano desde los tiempos de la inmigración italiana. Donde hay una parcela de tierra, existe un viejo olivo. Este árbol que antes no se apreciaba en los jardines, ahora es conservado por quienes construyen sus casas en tierras que fueron fincas. Y así como crecen las bodegas boutiques hay una tendencia a elaborar aceite de oliva con los frutos de los árboles que se conservan en la propiedad. De una planta grande con varios años se pueden extraer hasta 200 kilos de aceitunas que producen unos 40 litros de aceite. Una vez cosechadas las variedades de oliva, se pueden procesar en la fábrica de la Facultad de Ciencias Agrarias. Allí se muelen 300 mil kilos de aceitunas por año, de grandes y pequeños productores que pagan el servicio con un porcentaje del producto obtenido.
En los paseos turísticos característicos de Luján y Maipú, además de los tradicionales viñedos que extienden su perspectiva sobre el majestuoso Cerro del Plata en la cordillera andina, se aprecian los campos de olivares. Centenarios o recién plantados en perfectas hileras destellan bajo el sol. El verde plateado de un follaje inconfundible.

 

 

 

El adn
El aceite de oliva, como los aceites de semilla contiene un 99% de grasa y aporta 9 kilocalorías por gramo. Es más sano freír con aceite de oliva que con otros aceites.
En la foto vemos uno de los pasos del proceso de elaboración.