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Mediación
El arte de aprender
a convivir
Desde el año 2003 está en vigencia en las escuelas argentinas un plan de mediación que aspira a convertirse en una cantera democrática para los futuros ciudadanos. El plan coincide con una tendencia cada vez más generalizada de adoptar un método de resolución de conflictos en todos los ámbitos que ha probado su eficacia en el mundo entero.

Cerca de 50.000 mediadores sólo en la Capital Federal, más de 11.000 docentes de 20 provincias que se están formando como multiplicadores y una infinidad de conflictos resueltos alientan la idea de que un modo diferente de encarar los problemas es posible en la Argentina de hoy.
Hay quien piensa que el detonante fueron los incidentes de violencia que empezaron a desbordar a los maestros al compás de la crisis: disparos en las aulas, agresiones y muertes antes impensadas en un ámbito considerado como el último baluarte de la convivencia. Hay quien dice que la tendencia es anterior, universal, y que viene del espíritu filosófico de la posmodernidad: esta idea de que las diferencias son parte esencial de las comunidades humanas; esta otra acerca de que la búsqueda de la paz y la armonía universales se encuentran no en la negación de las diferencias sino, por el contrario, en su adecuado reconocimiento de ellas por parte de todos los afectados.
Aplicada en la Argentina cada vez más en forma masiva en ámbitos tan disímiles como el judicial, el comunitario y el educativo, la mediación se postula como quizás la última utopía para alcanzar el bien común sin el arbitrio de un poder que exceda la buena voluntad y el sentido de responsabilidad de las personas involucradas en un conflicto o un problema.

Historia con pioneros
Según datos provistos por la Dirección Nacional de Promoción de Métodos Participativos de Justicia, 4500 abogados figuran inscriptos en la Justicia Nacional como mediadores en la Ciudad de Buenos Aires, en el marco de la Ley Nacional de Mediación y Conciliación 24573 por la cual se instituyó, con carácter obligatorio, la mediación previa a todo juicio promoviendo “la comunicación directa entre las partes para la solución extrajudicial de la controversia” en todo el territorio federal desde fines del año 1995.
Nueve provincias (Salta, Santa fe, Corrientes, Santiago del Estero, San Juan, Chubut, Córdoba, Río Negro y Chaco) poseen leyes propias de mediación equivalentes, que involucran a cientos de miles de particulares y profesionales que bregan por la resolución previa de los conflictos comunitarios o jurídicos. Por su parte, más de 11.000 docentes, desde Tierra del Fuego a la Capital Federal, se han anotado como participantes y multiplicadores de un programa de difusión de este sistema de pensamiento y convivencia democrática que está desarrollando, en forma de talleres de capacitación y jornadas, el Ministerio de Educación de la Nación desde el año 2003.
La mayoría de los especialistas consultados para la realización de esta nota coincidieron en señalar a la actual miembro de la Corte Suprema de Justicia, Elena Inés Highton de Nolasco, como una las principales promotoras de la mediación en el país. “Desde la Fundación Libra, ella y Gladys Alvarez propulsaron a partir del año ’93 una serie de cursos inspirados en experiencias similares que se venían haciendo en los Estados Unidos desde la década del sesenta”, explica el abogado Maximiliano Peicovich, ex director del Departamento de Mediadores de la Universidad Maimónides y autor de la obra Temas de mediación.
“Sí, ellos fueron los pioneros, junto con el Ministerio de Justicia”, concuerda el consultor Eduardo Press, autor del libro Psicología de las organizaciones, y desliza otro elemento fundamental: “Se pensaba que iba a ser un gran negocio”. Pero a nivel educativo la experiencia también tuvo a la ONG Poder Ciudadano como gestora en los años 90. Según recuerda Press, “convocaron a especialistas y consultores para capacitar a directivos escolares. El plan quedó en la nada pero sirvió de antecedente en el tema.”

Los “facilitadores”
“En un colegio privado había un cuerpo directivo y un directorio pedagógico; ocurrió que los pedagogos tenían que presentar un plan de trabajo al cuerpo directivo y no podían hacerlo porque continuamente se ponían a discutir sobre quién había tenido la culpa de lo que salía mal y quién el mérito por lo bueno. Para facilitar el trabajo, lo primero que hice fue que se escuchasen sin interrumpirse; lo segundo fue pedirles que cada uno dijera cuál fue su contribución a la demora, a la traba, pero no hablando de los otros sino de cada uno de ellos. Es decir, que no repitieran el clásico: ‘Lo que pasa es que yo, si no fuese por él…’. Yo les decía: ‘a mí lo que me interesa es que hables de vos’. A partir de ahí la cosa marchó sola. Después de un rato de eso ya nadie se tenía que defender de nada porque nadie era acusado”.
El estilo de trabajo puesto en escena por el relato del consultor Press coincide con uno que comenta Peicovich: “Un médico nefrólogo había sido mal operado de un dedo por un cirujano: el clavo que le pusieron se había caído al suelo y se infectó. Era un tema que judicialmente iba para cuatro, cinco años, la típica demanda cuyo monto además crece. En ocho reuniones todos comprendieron que la mala praxis no había sido originada por mala intención sino por un imprevisto. Se le dio una reparación al nefrólogo y lo resolvimos”.

Un boom
Según los expertos, cosas como estas explican el éxito de la mediación prejudicial. Algo que todos los consultados coinciden en definir como “un boom”. “Esto funciona. Hoy en día, antes de hacer un juicio la gente va a la mediación. Se dieron cuenta de que pueden resolver temas de contratos, de mala praxis, de problemas familiares en una oficina cómoda, fuera del horario de trabajo y en un clima distendido”, afirma Peiocovich. “Por eso nos gusta decir que nosotros somos facilitadores: nuestro trabajo es el de ayudar a la gente a resolver sus conflictos”, vuelve a coincidir Press y muestra otra de las facetas del tema: “Cuando la gente discute entre sí y busca tener razón se pone muy poco creativa. Entonces no aporta, baja la producción y no se pueden llevar adelante planes de trabajo. Que la gente ponga la energía en otro lado es lo que nosotros trabajamos”.
En los colegios
“Aceptar la mediación en el mundo de la educación es francamente difícil, sobre todo en un país que tiene una formación autoritaria como el nuestro”, reflexionan expertos que trabajan con docentes. “El concepto de la autoridad implica, mal entendido, que si abro la mediación yo no tengo más gobierno sobre los demás”, observa Press. Y Peicovich dice: “Un directivo es difícil que aplique este sistema porque corre el riesgo de que su autoridad se vea limitada”.
Según la responsable de los programas de mediación del Ministerio, licenciada Mariana Moragues, el plan de mediación es muy abarcador, no necesariamente está destinado a las situaciones de violencia escolar, además, puede “prevenir las situaciones de violencia. Al saber resolver los conflictos en forma comunicativa, empática, se sabe resolver las tensiones”, considera. “No en vano de las 20 provincias que participaron, el taller de difusión llegó a 150 personas por provincia”, dice. El plan contempla en última instancia que los alumnos se conviertan en los mediadores del futuro, claro que siguiendo el ejemplo de sus maestros. “Si los adultos de la comunidad educativa no desarrollamos y utilizamos en nuestro hacer cotidiano esas habilidad sociales o habilidades para la vida, será difícil que los estudiantes las adquieran y desarrollen. Pretender que ellos aprendan a pensar, sentir de un modo que nosotros no lo hacemos resulta una empresa imposible”, observan las autoridades.
“Lo que se busca es multiplicar los liderazgos heroicos”, opina por su parte Peicovich. “Aquel alumno que se destaca por mérito propio, tanto por sacarse buenas notas como por ser el que acata las reglas y ser respetado por sus pares. Todos los chicos quieren ser como él. No se quieren parecer al que tiene la fuerza y es el más malo”. Muchos colegios trabajan en esta línea desde hace un tiempo pero el nudo gordiano de la participación escolar sigue siendo el cuerpo directivo.

Cómo mediar
Pero eso no invalida, por cierto, el mecanismo de acción que se está pretendiendo masificar. Y que es el siguiente: surgido el conflicto, uno o ambos protagonistas recurren a la mediación. Maestro, ordenanza, asesor pedagógico o incluso un compañero pueden ser los intermediarios en la cuestión. No los padres. Si los padres intervinieran les quitarían “protagonismo” a sus hijos (no se los excluye: siempre pueden aportar sus opiniones). Asesorado, contenido, amparado acaso por el equipo interno que se capacitó para coordinar el proyecto en cada escuela el mediador entonces toma, como quien dice, cartas en el asunto.
“El programa está bajado a los docentes, lo cual no es poco. Los docentes han recibido las técnicas de mediación. Lo que sucede es que más allá de la cuestión pedagógica en particular nosotros vamos detrás de un cambio de mentalidad… Ya tener a los docentes reflexionando sobre su propia práctica hace un cambio”, evalúa Moragues con optimismo. “Resultados de alumnos mediadores vamos a tener recién en un par de meses, después de las vacaciones.”

Habilidades para la vida
Aprender a comunicarse eficazmente, a relacionarse, a conocerse a sí mismo y tomar decisiones; conseguir manejar adecuadamente las emociones y las tensiones, o bien desarrollar la capacidad de empatía y de resolución de conflictos forman los grandes objetivos del sentir de la mediación en la Argentina, tanto desde el mundo de la educación como desde los vinculados a las prácticas comunitarias y la producción. ¿Pero funciona en definitiva este sistema en el país?
“Sí. Eso es lo notable. Y bastante bien”, afirma el director nacional del área, Mario Resnik. ¿Y cuánto es “bastante bien” a su criterio? “Bastante bien para lo que somos nosotros. Sólo en la Capital Federal, en la actualidad hay 12.000 mediadores trabajando por sorteo y 40.000 en forma privada. ¿Sabe cuántas son las quejas o denuncias que recibimos con respecto a ellos? Cinco o seis por mes. Lo que significa que la gente se acostumbró a los resultados”, señala.
“Se puede trabajar mucho más todavía”, agrega y ejemplifica: “En Chicago, en 1954, un autor que se llamaba H. Thelen trabajó con comunidades marginales de negros y blancos enfrentados por diferencias étnicas y consiguió bajar el nivel de la violencia en forma notable. Obviamente la mediación no es la panacea. No es que borra la violencia; no es la justicia social, pero es algo”. ¿Un paliativo entonces? “El paliativo de que en los conflictos que uno vive hay algo que puede hacerse siempre. Esto puede sonar utópico, lo reconozco, pero algo de utopía hay que tener”, concluye.
En la mediación, una cosa queda clara: la implementación de un trabajo así es lenta, paulatina, con marchas y retrocesos. Cuándo se podrá instaurar la fraternidad entre la gente, cuándo la generosidad hacia nuestros congéneres en un país, un mundo sistemáticamente castigado por los avatares políticos y económicos, tal vez ésa sea la pregunta que los mediadores nunca lleguen a poder contestar.