Marcos Carnevale
Escribió, entre otros, la historia de Padre
Coraje, que siguieron miles de personas. Es cineasta
y acaba de estrenar la película Elsa &
Fred, un canto al optimismo y un llamado de atención
ante las vidas estructuradas y los temores.
En la intimidad, confiesa que su sueño es inaugurar
un cine en el barrio que lo vio nacer.
“Mi
vida es muy
Cinema Paradiso”
No
hay vuelta que darle: detrás de aquella sonrisa que
ensaya al abrir la puerta de su casa, en el barrio de Palermo,
uno no puede dejar de imaginar que se esconden tantos personajes
como historias que han ido marcando, de una u otra forma,
a los televidentes y seguidores del cine de la última
década.
Están Facundo Arana y su padre Coraje; Federico Luppi
y China Zorrila en su reciente optimismo reflejado en Elsa
& Fred; Susana Giménez y esa costilla que se hizo
tan popular en las boleterías; y ahí andan,
también, Osvaldo Laport, rompiendo corazones como Amador,
en Soy Gitano, o el propio Adrián Suar, interpretando
a Federico Falcone en 22. El loco. Es que ellos, y muchos,
muchos más, son personajes creados a partir de la pluma
de Marcos Carnevale, el guionista de Pol-Ka producciones;
el mismo que ahora sonríe y me hace pasar a un comedor
enorme con paredes repletas de películas en vhs, dvds
y algunos libros. La luz es tenue pero suficiente para darle
intimidad a una charla que se va dejando llevar hasta que
la tarde sea, definitivamente, noche de viernes.
Carnevale es, además, director de cine. También,
uno de los responsables de que Padre Coraje haya arrasado
en la reciente entrega de los Premios Martín Fierro.
Y en medio de tantos proyectos, a fines del mes pasado estrenó
Elsa & Fred, la joyita cinematográfica en la que
reunió a Federico Luppi y China Zorrilla para cantarle
al optimismo y a la ilusión de los sueños que
nunca se pierden.
Un
parto que pasó por el cine
“La escribí y la dirigí. Es la historia
de amor entre dos personas mayores que se conocen a los ochenta
y pico de años. El es viudo, hipocondríaco,
siempre cuidó a su familia, se cuida demasiado a sí
mismo, tiene miedo a la muerte. Ella, lo contrario: vivió
a pleno, tuvo dos hijos, se divorció. Y tiene un sueño:
repetir la escena de Fellini de Anita Ekberg y Marcello Mastroianni
en La dolce Vita, en la Fontana di Trevi. La película
cuenta cómo la mujer le enseña a vivir al hombre;
le cambia la vida a los ochenta y pico. Y él le cumple
el sueño de llevarla a Roma para repetir la historia.
Desde siempre observaba que los seres humanos, al menos en
Argentina, vivimos muy atados a las estructuras, a los miedos,
al qué dirán, a la seguridad económica,
al miedo a la pobreza y a perderlo todo. Y en definitiva no
vivimos por todos esos miedos. La película refleja
un poco eso: cómo a la gente mayor, por sí misma
o por los otros, se la deja quieta, como si no tuviera proyectos
ni actividades. Y después noté que también
le ocurre a los jóvenes, y a quienes tienen 40”,
dice a manera no sólo de presentación de la
película, sino de una forma propia de vivir y sentir
la vida.
“Soy de esos que cuando se proponen algo van hacia adelante,
y lo hacen”, agrega.
La historia de Marcos Carnevale surge en Inriville, Córdoba,
y es, según él, algo extraña; sin embargo,
le sirve como tenue explicación para saber por qué
se dedicó al cine desde que tenía ocho años,
cuando salía a filmar sus propias películas
protagonizadas por amigos y estrenadas en la pantalla local.
–Cuando nací, el médico que atendió
a mi madre estaba en el cine. Ahí arrancó mi
historia con él. Algo habrá traído en
sus manos que me traspasó al momento de nacer. Creo
que por eso existe un gran guión. Mi vida es muy Cinema
paradiso. –No cabe duda de que tu vida empezó por
el cine.
–A veces pienso que existe un gran guión. Estaba
obsesionado con vivir en el cine de mi pueblo, comprarme la
súper 8. Creo que a los 4 o 5 años me llevaron
por primera vez. Después iba solo. Y los sábados
y domingos veía las mismas películas. Era mi
religión, y el cine mi templo. A los 8 años
empecé a filmar mis propias películas. –¿Cómo se lleva una historia en
un medio tan conflictivo como la televisión?
–El medio en sí no es conflictivo, sino que tiene
mucha ansiedad, neurosis, los ánimos se encrespan,
hay egoísmo a veces. Sin embargo, eso no pasa en Pol-Ka.
Adrián (Suar) tiene una presencia marcada, es un tipo
que se ve, que habla con lo actores, con los productores,
que resuelve los problemas, hasta los más pequeños.
Es una gran familia. –¿Quién cambió últimamente:
la televisión o el público que la acepta?
–La televisión viene cambiando. En ocasiones,
se ve una tevé mejor y en otras peor, pero en términos
de ficción se están haciendo buenas cosas, se
apuesta alto, con elencos caros, producciones más ambiciosas.
Considero que ahora hay contenidos mejores, aunque no en toda
la tevé. Claro que la gente también cambió. –¿Qué te genera el hecho de que
tu guión provoque tanto sentimiento en el televidente?
–Es una gran satisfacción. A mí me genera
algo de vértigo y me provoca un ataque de responsabilidad
muy grande. Hay gente que se ve modificada por algo que vio
en la pantalla. Entonces, te das cuenta del poder de la televisión
y de la responsabilidad que tenés. –¿Alguna vez viviste una situación
tensa en cuanto a que alguien confunda la ficción con
la realidad?
–Recuerdo que cierta vez una actriz, que hacía
de muy mala y que vivía en Ituzaingó, me llamó
desesperada para pedirme que revisara su papel, porque tenía
que viajar en remís debido
a que la insultaban en el tren. Eso se vuelve raro. “Aflojá
un poco con mi personaje”, me dijo.
“Susana me llamó y le corté:
pensé que era una broma” –¿Tus guiones, a veces, son reflejo de
tu vida privada?
–Cuando trabajo me invento un mundo con personajes.
A veces, si se puede, reflejo lo privado, pero en general
me meto en un mundo que no sé de dónde sale,
ni quiero saberlo. Quizás me pasó con Padre
Coraje: mi vieja había muerto y también debía
morir en ese momento Amanda, el personaje de Leonor Benedetto.
Entonces, le hice decir cosas que me hubiera gustado escuchar
de mi madre. –Padre Coraje arrasó en los últimos
Martín Fierro. Aunque no hayas ganado en el rubro guión
(ganaron Pablo Lago y Susana Cardozo por Locas de amor), ¿sos
el ganador oculto?
–Me siento ganador del Martín Fierro. Padre Coraje
representó un proyecto muy ambicioso en el que todos,
actores, productores y escritores, construimos una gran unidad
como para que fuera lo que fue. Creo que quienes participamos
nos consideramos ganadores. Personalmente me siento ganador
y me hizo bien porque significó un esfuerzo muy grande.
Padre Coraje fue la suma de otros guiones que venía
haciendo en Pol Ka, como Botines, Soy Gitano, 099 Central
o El Día que me amen. Significó una experiencia
muy fuerte, porque trabajamos con la época. Y porque
le exigíamos mucho a la producción. Es decir,
no hacíamos un capítulo potente y los cuatro
siguientes tranquilos. Quemábamos mucho en uno solo.
Acá le dimos un gran ritmo y por eso salió así,
uno de los programas más redondos que vi. –¿Cómo se dio tu relación
con Susana Giménez y Sandro?
–Fue muy raro. Una noche Betiana Blum fue a grabar un
sketch con Susana y le propuso que hicieran una película
juntas. Como Susana le señaló que no había
guión y que quería uno bueno, Betiana me pidió
que lo redactara. Nueve meses después me sonó
el celular cuando entraba a un cajero y escuché “soy
Susana Giménez”. “No te creo”, contesté
y corté; insistió, me aseguró que era
ella. Así surgió Esa maldita Costilla. Después
me llamaron para hacer Papá es un genio, con Guillermo
Francella. Y más tarde, cuando estaba en España
haciendo Almejas y mejillones, me habló Suar. Como
me interesaba trabajar en Pol-Ka, cuando volví, empecé
directamente como autor de Ilusiones. Un día después
de que se hizo Soy Gitano me llamó Sandro y me pidió
que le escribiera unos textos para La profecía, su
presentación en el Gran Rex. Y tuve la suerte de trabajar
con él. Así pude coleccionar a monstruos sagrados
que me acompañaron. –Si tu vida es muy Cinema paradiso, como decías,
qué harías con el cine de tu pueblo?
–Creo que el cine se convirtió en un salón
de eventos. Se perdió como tantos otros en el país
y me duele verlo así. Me quedó un recuerdo tan
lindo... Si tuviera la plata lo compraría. No creo
que cueste mucho. Lo compraría, sí. Lo acondicionaría.
Tengo la asignatura pendiente de poner un cine en mi pueblo.
Porque ese era mi sueño de chico. Yo jugaba al cine.
Dejaba la vida en eso. El cine es mi vida.
Por
Alejandro Duchini / Fotos: Ariel Gutraich. Las fotos de la película
son gentileza de la producción del film.
“Es una historia
tan
bien escrita por Marcos Carnevale... Si no
fuera así, Elsa sería
una vieja insorportable, descabellada. Pero
tiene gracia y mucha ternura. Y además, es una mujer
con claroscuros,
no es siempre
buena o mala.”
China Zorrilla
Marcos Carnevale está
casado con Lily Ann Martin, guionista de Amor mío
y tienen a Simón de 3 años.
“Tengo
la asignatura pendiente de poner un cine en mi pueblo. Porque
ése era mi sueño de chico. Yo jugaba al cine
.”