Este puntano
de 36 años es, en estos dias, el niño
mimado entre los diseñadores de joyas. Vive
en Holanda, y sus trabajos con diamantes, que incluyen
prendedores, relojes, anteojos, e incluso automoviles,
son disputados por celebridades como Britney Spears,
Robbie Williams, madonna y la realeza europea.
Si
alguien cree que la moda es algo frívolo, debería
repensar la cuestión. No solamente por los miles de
millones de pesos (o de euros o dólares) que mueve
anualmente, sino también porque da trabajo a centenares
de miles de personas, y porque es, al mismo tiempo, arte creativo
de primer nivel. Que un argentino –puntano, de Villa
Mercedes– sea en estos días uno de los creadores
de moda elegido en el mundo entero, es un detalle nada menor.
El se llama Rodrigo Otazu (Correa, en sus documentos; adoptó
el apellido de su madre, la periodista Titi Otazú,
“porque suena mejor para los europeos”), tiene
36 años de edad y sus joyas (porque de eso se tratan
sus diseños) pueden llegar a pagarse dos millones de
pesos argentinos cada una. Rodrigo trabaja con diamantes de
la mayor pureza y brillo posibles, de esos que iluminan la
oscuridad y que, según se cree, son eternos. Ese talento
es innato, pero antes de radicarse en Amsterdam, Holanda,
en donde tiene su cuartel general, Rodrigo anduvo por el mundo
y no siempre le fue bien. –¿Qué hacías en Villa Mercedes
antes de viajar por el mundo?
–Bueno, la vida de todo chico que tiene una madre popular,
que trabaja en televisión, en radio, en periódicos…
crecí en ese mundo, que para muchos puede parecer imaginario,
pero que para mí era normal. Y jugaba con los grabadores,
con máquinas de escribir o con las cámaras fotográficas
de papá. Después, antes de decidirme a ir al
extranjero, estudié teatro, mientras trabajaba en la
agencia de publicidad de mi padre.
Con
el piano al hombro
De chico, Rodrigo era fanático por la música,
y tocaba el piano bastante bien, tan bien que pensó
que podía ser su medio de vida. “Pero cuando
cumplí 18 años y decidí viajar por el
mundo me di cuenta de que no podía llevarme el piano
en la mochila. Y ahí pensé en fabricar joyas,
artesanías. Salí de la Argentina con el pasaje
de ida y cincuenta dólares en el bolsillo. Destino:
Madrid”. –Fuiste de hippie-artesano. Y de diamantes,
ni hablar.
–Digamos que por muy poco tiempo. Sí, hacía
joyas con piedras comunes, pero el caso es que me las compraban,
y un buen día me fui a Australia, en donde hice mi
primer collar de perlas. Y bueno, lo vieron periodistas de
Vogue, y me hicieron un reportaje y publicaron fotos de mis
creaciones y ahí empezó todo. Empecé
a tener mucho trabajo y a venderlo. –Y llegó la fama. Sos famoso en Europa
pero no en tu país…
–Es cierto. No sé por qué, pero es así.
Y la fama llegó cuando diseñé joyas para
la cantante Britney Spears, que las usó para presentar
White Snake en la entrega de los premios MTV, en septiembre
de 2002. –Y te instalaste en Amsterdam. ¿Por qué
elegiste Holanda?
–Por varias razones. Una, es porque Amsterdam es una
ciudad maravillosa, con sus canales, sus habitantes, todo.
En sus calles se respira un aire de libertad como en ninguna
otra ciudad del mundo. La segunda, porque Holanda tiene los
mejores talladores de diamantes del mundo, y las mayores empresas
del mundo dedicadas a la búsqueda y comercialización
de diamantes.
“Me inspiran
la vida y el amor.
Lo que es bueno y original.
La música, los libros de arte, los paisajes.
El mundo es una fuente de ideas.”
Un
asado con cuero
Rodrigo extraña a su familia. Pero sus trabajos no
lo dejan venir a la Argentina. Una de sus fantasías
es comer un asado con cuero, como lo hace su papá.
Un sueño modesto para quien gana millones de euros.
–¿Y cómo son tus días cuando
no trabajás?
–Me siento en mi balcón a contemplar el sol o
la luna, llamo a mi mamá por teléfono…
leo al Dalai Lama, un hombre lleno de sabiduría y de
amor por la Humanidad… o simplemente miro el más
bello espectáculo posible, que es el espectáculo
de la vida. Muchas veces, esos paseos me inspiran. Porque
veo formas, brillos, e inevitablemente pienso en cómo
se verían en una joya. Me resulta casi imposible no
trabajar. –¿Y qué más te inspira?
–La vida y el amor. Todo lo que es bueno y original.
La música, los libros de arte, los paisajes. La lista
es larga no terminaría nunca. Para quien sabe mirarlo,
el mundo es una fuente inagotable de inspiración y
de ideas. Están allí. Sólo tenés
que saber descubrirlas. Y después, no tenerle miedo
a lo contradictorio. Mis joyas van con colores vivos en el
invierno, y con el negro en el verano. Me divierto con lo
que hago. Cuando lo que hacés te divierte y le ponés
onda y te matás de risa, la gente se ríe con
vos, se divierte con vos y se siente bien usando tus creaciones.
Sin
límites
Alguna vez, casi dos décadas atrás, Rodrigo
fue modelo. También trabajó como vendedor en
una casa de ropa masculina. Todas esas experiencias le sirvieron.
Por eso incluye sus diseños de joyas en colecciones
como las de Christian Lacroix, o para espectáculos
que luego aplaudirá el mundo entero, como Moulin Rouge,
o Los tres mosqueteros. Extrañamente, él no
usa demasiadas joyas. Viste con sobriedad y elegancia, trajes
de Helmunt Lang, bufandas blancas signée Chanel, y
maneja él mismo una lancha blanca con asientos de cuero
negro por los canales de Amsterdam. Ese y el avión
(sus negocios lo llevan por todo el mundo) son sus transportes
preferidos. –¿Y la princesa Máxima, usa tus
joyas?
–Las casas reales no identifican con una marca lo que
usan. No conozco a la princesa Máxima, aunque me encantaría
conocerla. Los holandeses la aman. –Los joyeros de Amsterdam, que son los más
exigentes del mundo, dicen que vos agregaste “un soplo
de aire fresco al diseño tradicional”.
–Trato de sacarle el polvo a un arte muy antiguo, de
darle juventud a los diamantes, que siempre son viejos, de
poner en los diseños un toque de locura… como
yo. –¿Y no se te va la mano cuando la cucha
de tus gatos es de Louis Vuitton y tiene cristales de Swarovski?
–¿Te parece? A mí me parece simplemente
divertido. –¿Cuáles son los límites
en la creación de joyas?
–No los hay. No solamente en los diseños, a veces
inevitablemente parecidos, porque no hay mil formas de tallar
un diamente, sino en la aplicación de ellos. Así,
podés aplicarlos a los automóviles, o en joyas
para el pelo, collares finitos, broches. Ahora estoy diseñando
anteojos con diamantes. Y los diamantes, o las joyas, van
con los automóviles, o las motocicletas. Esto es solo
el comienzo.
Con
la firma de Otazu “Empecé
inflando globos para eventos. Inflaba 300 por día.
Hoy en mi empresa (www.rodrigootazu.com)
hay doscientos cincuenta
empleados, todos jóvenes, menores de 30 años.
Todos creativos. ” Es socio de Gassan, una de
las firmas de diamantes más importantes de Europa.
“Además, comparten mi criterio. Yo digo
que no soy un diseñador, sino un entretenedor
de personas. Digo que las joyas , o las aplicaciones
de las joyas, deben ser divertidas y entretener. Empezando
por mí. No importa dónde me haya inspirado,
si no me divierten pienso que tampoco divertirá
a los demás. Y entonces empiezo de nuevo. Es
como aquella frase que se le atribuye al inventor Franklin:
‘un uno por ciento de talento, y un 99 por ciento
de trabajo’. Esa es la fórmula del éxito.
Y esto es es el comienzo.”
Por Carlos Baudry
/ Fotos: gentileza Rodrigo Otazu
Rodrigo con su hermano Marcel que es el
gerente de su fábrica en Bali.