| Hay
una batalla diaria que únicamente las mujeres
deben enfrentar; o al menos, la mayoría de ellas.
Las cifras que arrojan las estadísticas se vuelven
tajantes: 9 de cada 10 mujeres padecen celulitis. Pero
no sólo eso. A medida que pasa el tiempo se comprueba
que aparece en mujeres cada vez más jóvenes.
En la actualidad, chicas que no llegan a los 15 años
deben aprender a convivir con este problema popularmente
conocido como ‘piel de naranja’.
¿Los términos ‘padecer’ y
‘problema’ le parecen demasiado? Como quien
no quiere la cosa, pruebe deslizar así como al
pasar la palabra ‘celulitis’ en una mesa
de mujeres. Caos, terror, horror, error fatal. Verá
como los rostros se desfiguran, la temperatura se eleva
y se suceden una serie de consejos, recetas caseras
y cuanto nuevo invento esté disponible para intentar
combatir este mal. Ni hablar de lo que pueden llegar
a decir de esa única mujer de la decena que,
por una sumatoria de razones, logra permanecer inmune
al asunto. Lamentablemente en esta nota no vamos a descubrir
ninguna receta, producto o tratamiento que por arte
de magia logre devolver la tersura de la piel. No se
haga ilusiones. En el rubro ‘celulitis’
los milagros no existen. Se trata de combinar una buena
alimentación, una rutina de ejercicios y el tratamiento
adecuado para cada caso. Veamos.
La definición
La celulitis –su nombre científico es paniculopatía
edemato-fibro-esclerótica– se forma por
la modificación del tejido adiposo subcutáneo.
“La retención de líquidos y de toxinas
favorece la aparición de nódulos adiposos
que provocan esa alteración conocida como ‘piel
de naranja’”, explica Claudia Arata, directora
técnica del laboratorio Cinetic. Según
agregan los representantes de los laboratorios Vichy,
“la piel dispone naturalmente de millones de células
capaces de acumular grasas para su reserva: los adipocitos.
Estos adipocitos pueden incrementar hasta 60 veces su
volumen. Se aprisionan en el tejido fibroso formando
verdaderos acúmulos de grasa instalada. Debido
al aumento del volumen de los adipocitos se produce
una compresión de los vasos sanguíneos
y los tejidos se infiltran en profundidad. Es entonces
cuando la superficie de la piel adquiere ese aspecto
‘poceado’”.
Las causas de esta alteración son varias y bien
diversas. En primer lugar aparecen los factores genéticos
o hereditarios. También es muy importante la
relación con el sistema hormonal (básicamente
es la razón por la que los caballeros se ‘salvan’
de la temida piel poceada). Según indican los
especialistas, “existe una relación evidente
entre la aparición de celulitis y las fluctuaciones
hormonales a las que se ve sometida la mujer a lo largo
de su desarrollo (pubertad, embarazo, postparto, menopausia
y, por supuesto, la toma de anticonceptivos). Tanto
los estrógenos como la progesterona tienen un
efecto directo sobre el tejido graso, siendo responsable
del aumento del volumen de los adipocitos en zonas específicas
del cuerpo de la mujer”. Sin pasar por alto la
adicción al tabaco, los problemas vasculares,
el sedentarismo, la mala postura y el estrés.
Claro que en cualquiera de los casos, habrá que
recurrir a un profesional para que diagnostique el grado
de desarrollo de la enfermedad y supervise su evolución.

El pez por la boca...
Hay una máxima que los especialistas en nutrición
enfatizan: “No está probado que la mala
alimentación sea desencadenante de la celulitis”.
De todos modos, existen ciertas pautas que pueden ayudar
a disminuirla o –al menos–, a que no aumente.
“La celulitis es una enfermedad que afecta al
adipocito, lugar en el que será depositado el
excedente calórico convertido en triglicéridos
por el organismo en el hígado –responde
la doctora Susana Gutt, jefa del Servicio de Nutrición
del Hospital Italiano–. Por lo tanto, una dieta
con demasiadas calorías producirá un efecto
negativo sobre un tejido adiposo afectado por celulitis.
Si esas calorías ingresan al organismo como grasas
saturadas, grasas trans o colesterol, las consecuencias
serán más nocivas. A diferencia de las
grasas saludables poliinsaturadas Omega3 u Omega9 y
las grasas monoinsaturadas”. Si se trata de aconsejar
un plan de alimentación, Gutt advierte: “En
el caso de la celulitis, lamentablemente la dieta no
influye sobre el aspecto de la piel, pero sin duda una
buena hidratación ayuda a mejorarlo”. Y
recomienda sumar al tratamiento indicado por el dermatólogo
“una alimentación rica en frutas y verduras
que no contienen grasas y aportan agua, vitaminas y
minerales; una porción de carnes alternando entre
rojas y blancas; cereales, legumbres, harinas y semillas;
y cubrir la ingesta de calcio con lácteos y muy
poca grasa para recibir los ácidos grasos esenciales”.
Mover el
esqueleto
Otro de los pilares de este tratamiento corresponde
a la actividad física. “Todo lo que sea
activar la circulación, la oxigenación
de la sangre y el transporte de nutrientes, sirve”,
dice el profesor Daniel Tangona, especialista en programas
de entrenamiento personalizados. Y agrega: “El
Colegio Americano de Medicina y la Clínica Mayo
recomiendan realizar trabajo aeróbico 6 veces
por semana. Es importante variar entre los distintos
tipos de ejercicios para que los resultados sean más
efectivos y además, evitar el aburrimiento. De
todos modos, no hay que dejar de lado el entrenamiento
con pesas o máquinas. Lo que hay que tener en
cuenta son las cargas, ahí radica el secreto
del éxito del programa”. Además
de proponer una rutina de entrenamiento (ver Piernas
firmes), Tangona sugiere: “Nadar, pedalear en
bicicleta fija o de calle, caminar o utilizar el step
hidráulico. Todo lo que evite el impacto. No
conviene correr, ni saltar en clases violentas, sobre
superficies que no están preparadas”.
Y por último están los tratamientos, como
pueden ser los medicamentos y los tratamientos externos:
cremas y diferentes tipos de masajes que aportan lo
suyo para que la piel de naranja se convierta en el
menor tiempo posible en piel de durazno. |