| Mamá,
papá y la hija miran una película por
televisión cuando de buenas a primeras, la
protagonista del film dice algo que ni la señora
de la casa ni su marido preveían. La mamá
delata confusión y el papá empieza a
hacer movimientos instintivos buscando el control
remoto hasta que logra cambiar de canal. Ya con el
noticiero en la pantalla, la chiquita pregunta: “¿Má,
qué es un orgasmo?” La mamá contesta
sin titubeos: “Una tormenta de campo, mi amor”,
y el papá sentado a su lado asiente con una
mueca.
La situación es imaginaria pero pudo haber
ocurrido en alguno de los tantos hogares en los que
la sexualidad y sus afines aún se encuentran
bajo la clasificación de temas tabúes.
Según una reciente encuesta de la consultora
D’Alessio IROL, sólo el 19% de los jóvenes
de entre 18 y 21 años manifiesta que dialoga
con sus padres sobre sexo. Sin embargo, el 69% de
los mayores consultados dice que charla con sus hijos
de estos temas. Conclusión: los grandes consideran
que el sexo es algo de lo que se conversa abiertamente
en casa mientras los chicos creen que todavía
resta mucha tela por cortar. ¿De dónde
surgen las diferencias? De lo que para cada uno significa
hablar de “eso”. Pero, ¿por qué
les cuesta tanto a los padres? “Existe un gran
problema de comunicación en la familia y prima
la falta de intimidad en el diálogo. Hay muchos
temas de los que no se habla, y la sexualidad es uno
de ellos”, opina Adrián Dall’ Asta,
licenciado en Ciencias Humanas y Sociales, director
ejecutivo de la Fundación Proyecto Padres.
De
“eso”sí se debe hablar
Hay adultos que creen que hablar de sexualidad implica
fomentarla, y la confusión se origina al pensar
que la adolescencia marca la hora de conversar de
“esos temas puntillosos”, cuando éstos
se deben tratar desde la cuna. “La educación
sexual empieza mucho antes de que hagan la primera
pregunta. Hay que incorporar el tema de la sexualidad
como uno más. Es imposible preservar a los
hijos del bombardeo de información e imágenes
eróticas o sexuales. En la televisión,
por ejemplo, abundan ese tipo de situaciones, aun
en los programas ‘para la familia’. Ante
ellas, se suele cambiar de canal automáticamente,
pero es importante poder dialogar sobre el valor o
disvalor de esas escenas. Esas son oportunidades de
oro, mucho más efectivas que decir: ‘sentate
que vamos a hablar de sexo’. Los chicos averiguan
y saben mucho, aunque a veces, mal. Ante sus dudas,
la calidad de la respuesta dependerá del interlocutor.
Si es un compañerito o hermano mayor, éste
le transmitirá lo que sepa”, plantea
la doctora Alicia Figueroa, miembro del comité
de desarrollo del Centro Latinoamericano Salud y Mujer
(Celsam), médica ginecóloga del Hospital
Durand de Buenos Aires. Por eso, es fundamental que
la información que reciban sea made in –hecha
en– casa. “Siempre es mejor que proceda
de la familia, el ámbito natural de formación.
Somos los primeros educadores y nuestra misión
es indelegable”, comenta Adriana Ceballos, orientadora
familiar, psicóloga social, coordinadora general
y miembro del consejo directivo de Padres en Red,
quien recomienda evacuar las dudas de los hijos, sin
dar demasiados detalles ni explicaciones que no requieran.
“Los padres debemos responder todas sus inquietudes
en el momento en el que ellos las planteen, o bien
favorecer situaciones de intimidad para animarlos
a preguntar. Desde luego es necesario tener en cuenta
el modo de ser de cada hijo, la etapa que está
atravesando, y su grado de curiosidad”, dice.
Sex@
online
La web suele ser muy consumida por chicos y jóvenes
quienes, impulsados por la propia curiosidad hacia
temas vinculados a la sexualidad o en búsqueda
de sexo explícito, incursionan en un espacio
poco conocido por la mayoría de los padres.
“Internet es, hoy en día, la fuente de
todo: lo bueno y lo malo. Los adultos deben mantener
una mirada atenta sobre los sitios a los que sus chicos
ingresan. Si en un momento su hijo entró a
alguno poco recomendable, es importante charlarlo,
de lo contrario quedará expuesto al riesgo
de pensar que lo que ve y lee es el fiel reflejo de
la realidad, cuando no siempre es así”,
manifiesta la doctora Figueroa quien considera que
la computadora en el cuarto da lugar a excesos en
el uso. “Convengamos que Internet se instala
con la excusa de educar y, en la práctica,
se utiliza como un elemento lúdico”,
dice la especialista, quien sugiere que la computadora
de la casa esté en un lugar común de
la misma.
¿Adultos “sabelotodo”?
Las arrugas alrededor de los ojos o las canas no son
sinónimo de sabiduría ni infalibilidad,
como algunos creen. Es importante tenerlo claro a
la hora de hablar de sexo con los hijos: hay temas
y cuestiones meramente técnicas que no tienen
por qué saber explicar y transmitir a sus pichones.
A veces, pedir apoyo para despejar dudas, puede ser
de mucha ayuda. “Ante cualquier duda en materia
de sexualidad, se puede acudir con el chico a un especialista.
No está mal consultar a un profesional. Los
padres no sabemos todo, tenemos nuestras limitaciones”,
asegura Dall’Asta, quien enfatiza que los padres
no tienen que dar cátedra, sino actuar en forma
espontánea. “Para hablar de sexualidad
no hace falta agarrar un mapa del cuerpo humano. No
se trata de una charla técnica, ni de generar
una conversación especial sobre sexualidad.
Cuando lo hacemos, los padres generamos acartonamiento,
una situación antinatural y forzada, un clima
en el que el padre o madre hablan, y el hijo escucha.
Y lo más importante: no tener vergüenza
de conversar de aquello de lo que no tenemos vergüenza
de hacer”, concluye el director de Proyecto
Padres. A esto, Ceballos agrega: “es fundamental
hablar de amor, informarse, formarse y acordar padre
y madre una postura sin fisuras y con bases sólidas.
En la medida en que creamos en lo que proponemos y
sepamos expresarlo, ellos formarán su criterio
personal y podrán mantenerlo también,
frente a una sociedad que se muestra descontrolada,
sin límites, y con serias conductas de riesgo”.
No quedan dudas: el diálogo en familia es altamente
recomendable en altas dosis. También se incluye
en la receta tener claro que la sexualidad empieza
al nacer y no cuando deciden sentarse a hablar, que
charlar sobre sexo tiene poco que ver con fomentar
su práctica, y que los padres son la mejor
fuente de información con que cuentan los chicos.
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