| De
acá hacia el mundo. Estas nueve maravillas
constituyen nuestro aporte al patrimonio de la humanidad.
Nuestro porque son de todos; nuestros, y de cada uno
de los habitantes del planeta. Con los que se agregaron
a lo largo de este año, en total son 812 los
sitios declarados Patrimonio Cultural o Natural de
la Humanidad (628 culturales, 160 naturales y 24 mixtos).
¿Esto qué implica? El tratado internacional
adoptado por la Convención especial de la UNESCO
en 1972 establece que son la herencia del mundo y
su uso es universal, independientemente del territorio
en el cual estén emplazados. Los 180 países
que adhieren a este convenio tienen la obligación
de identificar, proteger y preservar aquellos espacios
que tengan un valor excepcional para la humanidad.
La Argentina ratificó el acuerdo el 23 de agosto
de 1978 y tres años más tarde, la comisión
declaró Patrimonio Natural de la Humanidad
al Parque Nacional Los Glaciares. Después vendrían
las Misiones jesuíticas guaraníes, el
Parque Nacional Iguazú, la Cueva de las Manos
del Alto Río Pinturas, la Península
Valdés, los Parques Nacionales Ischigualasto
y Talampaya, la Manzana y estancias jesuíticas
de Córdoba y, por último, la Quebrada
de Humahuaca.
Cada año, 21 representantes de estos 180 países
se reúnen para evaluar la posibilidad de sumar
nuevos espacios a esta larga lista y corroborar que
los que ya la integran estén siendo cuidados
y conservados de la manera que corresponde. Unicamente
aquellos países que adhieren a la Convención
pueden proponer el nombramiento de nuevos espacios.
Para ser incluidos en la lista, los sitios deben responder
a, por los menos, uno de los diez criterios de selección
reglamentados, que son revisados regularmente para
reflejar la evolución del concepto de la herencia
del mundo. En la actualidad, se toman en cuenta los
siguientes aspectos:
1. Que represente una obra maestra.
2. Que exhiba un intercambio importante de valores.
3. Que sea el único testimonio –o al
menos uno excepcional– de una tradición
cultural o una civilización.
4. Que desde la arquitectura, la tecnología
o un paisaje ilustre un momento significativo en la
historia.
5. Que sea un ejemplo excepcional de un establecimiento
humano, de aprovechamiento de la tierra o el mar.
6. Que se relacione directa o tangiblemente con acontecimientos
o tradiciones vivas.
7. Que contenga fenómenos o áreas naturales
de belleza natural superlativa.
8. Que represente etapas importantes de la historia.
9. Que sean ejemplos excepcionales que representen
procesos ecológicos y biológicos significativos
en la evolución.
10. Que contenga los hábitats naturales más
importantes y más significativos para la conservación
in-situ de la diversidad biológica.

De paseo por el mundo, en Italia se encuentra la mayor
cantidad de sitios protegidos (40). Le siguen España
(38), China y Alemania (31) y Francia (30). Más
abajo están la India (26) y México (25).
¿Cuáles fueron los primeros elegidos?
Durante 1978, la Comisión de la UNESCO distinguió
al Parque Nacional Nahani, en Canadá, un ecosistema
en el que confluyen cataratas, cuevas y una inigualable
variedad de fauna salvaje. También a la ciudad
de Quito, en Ecuador, que fue fundada en el siglo
XVI sobre las ruinas del Imperio Inca y que, a pesar
del terremoto que sufrió en 1917, es la que
mejor preserva los vestigios de ese centro histórico.
A la iglesia Rock-hewn en Lalibela, Etiopía
y a la Catedral Aachen, en Alemania.
Una recorrida por la lista nos remonta a sitios tan
fantásticos como la ciudad de Antigua, en Guatemala
(1979); el valle de Katmandú, en Nepal (1979);
el Teatro Romano y sus alrededores y el Arco del Triunfo
de Orange, Francia (1981); la antigua ciudad de Jerusalem
(propuesta por Jordania en 1981); el Taj Majal, India
(1983); el santuario del Machu Picchu, en Perú
(1983); la Acrópolis, en Atenas, Grecia (1987);
la imponente muralla china (1987); Venecia y sus canales,
en Italia (1987); y los paisajes arqueológicos
de la primera plantación de café, al
sur de Cuba (2000). Entre las que fueron declaradas
a lo largo de 2005 aparecen la histórica ciudad
de Gjirokastra, en Albania; la ruta del incienso en
las ciudades del desierto del Negev, en Israel; y
la tumba sagrada de Osun-Osogbo, en Nigeria. Cada
uno de ellos suma su aporte para que todas nuestras
maravillas se conserven de la mejor manera que sea
posible. De acá a la eternidad.
|