Es uno de los mejores actores
argentinos y es, al mismo tiempo, uno de los mas grandes
defnsores del teatro. Hablo
de sus comienzos, de por
que “uno siempre suma” en la vida, aunque
se pierda o se gane.
LITO CRUZ
"Uno
con el tiempo se va transformando en actor, así como
otro selecciona los sonidos de su infancia y se hace músico
y otro las pinturas y se hace pintor. Y un actor selecciona
las conductas humanas, y con el tiempo pugnan por salir. Porque
uno no puede expresar más que sus impresiones: vividas,
inventadas, imaginadas, soñadas, pensadas. El mundo
del arte son las expresiones de las impresiones que el hombre
ha tenido en su vida. Y las de la infancia son las más
fuertes”, me dice Lito Cruz una tarde de éstas,
refugiándonos ambos de la locura de Buenos Aires en
su estudio de la calle Suipacha. “Y me hice actor sin
quererlo, porque era maestro mayor de obra, estudié
arquitectura, y el teatro me fue ganando. No lo elegí.
Me ganó”, devela, casi como en un remate de sorpresiva
sinceridad, durante lo que iba a ser una entrevista periodística
pero que, de entrada no más, se asemejó a una
charla de café que se prolongó más de
lo previsto.
Y ya saben: las charlas de café son informales y pueden
abarcar muchos temas pero, casi siempre, tienen algo de filosofía
de calle o de universidad. Pero filosofía al fin. Entonces
empezó y terminó hablando de la vida y la muerte,
de Dios, de la Capital Provincial del Inmigrante que es Berisso
(donde nació), la Argentina, la familia, la condición
humana y Racing (“yo soy de Independiente”, le
dije mientras me miraba con cara de pocos amigos a la que
continuó un comentario futbolero suyo acompañado
de una sonrisa).
Charlamos en el Instituto Lito Cruz, que funciona en el mismo
céntrico lugar desde hace treinta años. Su oficina,
ubicada en lo que fue alguna vez un estudio de radio, rebasa
historia: fotos que se fueron tomando durante la vida de quien
es, lejos, uno de los mejores actores argentinos y cuyas condiciones
van más allá de la televisión, el escenario
o el cine. Como cuando luchó por la Ley del teatro
o al dejar su huella al frente del Instituto Nacional del
Teatro, bregando para que la actividad también sea
reconocida en el interior del país.
Entre las fotos que cuelgan de las paredes hay una en la que
se lo ve junto a su amigo Robert De Niro: una anécdota
señala que el norteamericano dijo alguna vez que tenía
mucho que aprender de Lito. De Lito Cruz, claro. También
su familia espía desde los costados; y amigos, montones
de amigos y hombres a quienes él admira, y que lo vigilan
cada vez que pasa por su oficina.
El comienza a hablarme de sus proyectos para darle inicio
a la entrevista-charla de café.
Es que acaba de ser nombrado director del Teatro Coliseo Podestá,
en La Plata, y a su vez será el encargado de supervisar
las obras de refacción que se le harán al centenario
edificio. De ahí ramifican otras ideas que también
apuntarán a mejorar la actividad teatral.
–Lo de trabajar en el Podestá es algo que me
pone contento. Va a estar parado durante ocho o nueve meses
porque se trata de un lugar con problemas edilicios ya que
tiene más de cien años. Luego crearemos un circuito
nacional de teatros municipales y otro del Mercosur. Así
le podremos dar cabida a mucha gente y generaremos que se
pueda salir desde La Plata a otros teatros y que otros teatros
vengan a La Plata.
–¿Qué
análisis hace de la actividad teatral actual?
–Se encuentra bárbara, con cuatrocientos espectáculos
por sábado, en todo el país. Creo que desde
el Instituto Nacional del Teatro se la hizo crecer.
–¿Por
qué cree que no muere el teatro?
–Porque es inherente a la raza humana; existe donde
hay dos personas juntas. En el mismo acto sexual existe el
teatro. Es el único espacio de libertad que queda,
donde no hay nada entre el artista y el espectador.
–¿Cuáles
son los motivos para que se viva este presente?
–Supongo que se centra en el hecho de que los jóvenes
tienen inquietudes, estudian. Y encima ayuda la televisión,
que al no tener un buen nivel hace que muchos se vuelquen
a otras actividades.
–¿Hace
mucho que está acá, en esta oficina? Está
buena.
–Hace 30 años que estoy acá. Era un estudio
de grabación. Puse una foto, después otra, luego
profesores, actores. Y dije que iba a hacer en esta oficina
no lo que soy sino lo que fui. Porque una foto es lo que fuiste.
Y empecé a poner fotos de mi infancia, de mis hijos,
de mi señora, de mis nietos.
–¿Cómo
ve al pasado?
–Está en fotos y en
alguna parte de tu cabeza, pero no está en la realidad.
Y esto que fui es lo que recuerdo cada día. Creo que
es una energía importante recordar. Este pasado permite
sumar. Cuando uno tiene hijos, nietos, una obra, suma; cuando
se muere alguien, suma. La resta no existe. Sufrimientos o
alegrías, siempre estás sumando.
–Ah,
lo suyo es optimista.
–Mi madre me decía, cuando moría gente
en mi familia: “Si nadie volvió es porque están
bien allá”. O “tomo mate amargo porque
para dulce basta la vida”, comentaba también.
–¿Cómo
fue su infancia?
–Berisso poseía ese mundo incomplejo en el que
había dos países. Uno de chico tenía
dos países; el que se iba construyendo y también
el que te contaban tus abuelos: un pueblito, cerca del mar…
Y en la mente infantil ese pueblo es tan fuerte como la realidad.
Creo que todo eso te da una experiencia de vida como la de
cualquiera. Sólo que tiene la diferencia de tu personalidad.
–Después
vino el Lito Cruz artista.
–Carlos Gandolfo, el cine, Alejandro Doria con Situación
límite, Hedy Crilla y los alumnos del teatro... y apareció
esa mezcla de la enseñanza con la actuación.
Y luego la parte de funcionario público, para dirigir
el teatro de La Ribera, Pacho O’Donnell para la secretaría
de Cultura, después el Instituto Nacional del Teatro.
Uno recibió tanto de su país que siente que
debe devolverle. Devolver con leyes es una forma de hacerlo.
Mi función pública siempre fue desde el punto
de vista del artista y no del político.
–¿El
arte supera a la ideología?
–El arte está más allá de las ideologías.
Sobre todo en un país en el que los partidos políticos
y los presidentes han fracasado. Los sueños de Perón
no se han cumplido. Evidentemente algo ha fracasado, no se
consiguieron los objetivos. Como pasó en todo el mundo.
–¿Y
las religiones?
–Fracasaron todas. Fijate que ahora se pelea en nombre
de Dios y uno se pone dinamita y sale a matar. Todos se pelean
por su Dios.
–Alguna
vez dijo que no terminaba de creer en Dios. ¿Cree ahora?
–Me sigue pasando que no termino de creer en Dios; es
una hipótesis que sigo buscando. No tengo fe en que
camino; camino. No tengo fe en que respiro; respiro. Las hipótesis
te hacen crear un puente y el hombre debe crearlo entre uno
y la humanidad. No sé si lo descubriré, pero
mi hipótesis me hace avanzar. Así como las creencias
te hacen instalarte. Y el humano no está hecho para
instalarse, sino para avanzar; y para avanzar necesitás
una hipótesis. Dios es algo que está para ser
encontrado.
–¿Cómo
ve al ser humano en líneas generales: avanza o retrocede?
–El hombre está evolucionando. Hay una parte
de la humanidad que está sosteniendo a la otra: la
Madre Teresa, etcétera. Hay una cantidad de gente que
tiene sus seguidores pero, al no estar promocionada, muchos
se quedan con lo que los medios te venden. Pero la persona
que quiere desarrollarse tiene que convertirse en buscador
porque no todo lo importante está a la vista.
–¿Piensa
que se puede ser buscador hoy en día, con la manera
en que vivimos?
–A pesar de todo, es posible. Lo interesante es que
hay que tomar la realidad actual y dentro de eso comenzar
a desarrollar tus propias percepciones. Hay algo más
y el sentido de la vida es descubrir ese algo más.
–En
otra entrevista respondió que tenía dudas acerca
de si era un buen actor.
–Siempre dudo si soy bueno con lo que hago; me pregunto
si consigo aquello que ambiciono. Creo que hay algo de verdad
en lo que dice la gente. Pero también cuando un crítico
me comenta que estuve mal me digo que algo de verdad tiene.
Entonces, ese crítico en vez de restar, suma.
Ya pasó más tiempo del acordado
para el encuentro. A metros, los alumnos esperan al maestro.
Y el maestro acaba de terminar su improvisada charla de café.
Por
Alejandro Duchini / Fotos: Ariel Gutraich / Agradecemos a La
Martina (indumentaria)
Sus comienzos
“Empecé un poco la carrera con Carlos Gandolfo,
haciendo primero Salvados, América hurra; luego me incorporé
a la vida teatral de Buenos Aires, después de trabajar
con Luppi y otra gente en Berisso… y me fueron llamando
otros, como Fernández, que me invitó a trabajar
en el equipo experimental del teatro de Buenos Aires, donde
quisimos dedicarle cuatro horas diarias al teatro. A partir
de entonces comenzó mi carrera de manera más profesional”.
Perfil
Lito Cruz, uno de los mejores actores del país, se llama
Oscar Alberto y nació el 14 de mayo de 1941. Está
casado con Nilda Gutiérrez, de nacionalidad peruana,
con quien tuvo dos hijas, María Alejandra y Micaela.
Durante la entrevista, no deja pasar de largo la ocasión
de mencionar a sus cuatro nietos: Santino, Angelo, Vicenzo y
Dante Cruz.
“No, no soy feliz. Pero tengo la hipótesis de que
existe la felicidad”, responde en un momento de la conversación.
Asegura también que no le tiene miedo a la muerte pero
sí “un poco al dolor de la enfermedad”.
Trabajó en cine, televisión y teatro; en esta
última actividad también se destacó como
director. Es uno de los artistas más respetados del país.