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¿Donde estan
los hombres?
El dúo Pimpinela tiene 23 años de carrera y llevan vendidos 18 millones de discos en todo el mundo. Y ahora van por más. Joaquín y Lucía Galán están de regreso con una propuesta que recupera la esencia de la canción conversada, y en la que se preguntan:

Joaquín Galán está casado con Viviana y tienen un hijo,
Panchito Galán. Lucía (María Graciela Galán) es
divorciada y tiene una hija, Rocío.

En la búsqueda
La primera pregunta es casi obligada y llega en clave de humor. ¿Dónde están los hombres? “No sé, eso decímelo vos… Si ya encontraste al tuyo no lo largues, por las dudas”, responde Joaquín entre risas a las que Lucía se suma cuando apunta: “En serio, no lo largues”. Y toma la palabra para explicar que este disco “surge de esas charlas informales entre amigas, y es lo que notamos que está pasando con la pareja. La falta de compromiso, de ganas de asumir una responsabilidad, de formar una familia. La mujer ha dado un gran paso adelante, demasiado grande en algunos aspectos, y eso quizás pueda haber hecho que el hombre se repliegue y no sepa muy bien dónde está parado”.
–¿Cuál es el proceso a la hora de preparar un disco? ¿Cómo desarrollan el concepto?
Joaquín: –La realidad te va llevando. Nosotros siempre le hemos cantado a las emociones, a la pareja. Y sucede que en este momento la pareja vuelve a darnos muchos argumentos. En los últimos tres años empezamos a notar esto que comentaba Lucía. Queríamos reflejar a esta nueva pareja, este formato en el que pareciera que el hombre y la mujer se están midiendo constantemente.

De a dos
Joaquín y Lucía coinciden en que más allá del inevitable costado dramático que tiene esa soledad “no buscada”, intentaron mostrar una veta humorística.
–Y eso vendría a ser…
J: –El hombre que le tiene miedo a la mujer. El que se escapa. Se acabó esa imagen patriarcal del hombre y aparece otro que es el que más ha perdido la identidad. Entonces este juego de ¿Dónde están los hombres? también es para ellos.
–Con tantos años de carrera, lo suyo es casi un ensayo sociológico sobre la pareja…
Lucía: –Creo que la problemática básica sigue siendo la misma. El tema del amor o del desamor. Las dudas, las infidelidades, las mentiras, los engaños y las traiciones siguen existiendo. Lo que se modificó es la forma en la que uno reacciona ante todo eso. En los ’80, muy pocas mujeres –o casi ninguna– se atrevía a enfrentarse con un hombre y decirle ‘estás siendo así, a mí no me gusta, me hacés daño, andate por tu lado y yo me voy por el mío’. Ahora se puede hablar de todas esas cosas de las que antes no se hablaba.
–Y vuelven a la estructura de la canción-conversación…
J: –Teníamos ganas de volver a la esencia del dúo. Y por suerte nuestras ganas casi siempre coinciden con las de nuestro público. Eso sí, los arreglos musicales están aggiornados, es un disco volcado al pop. Fue interesante el desafío de darle modernidad a nuestra música sin quitarle emoción, credibilidad y sin dejar de ser nosotros mismos. Porque luego tenemos que defenderla sobre el escenario y somos muy pudorosos, cuidadosos, éticos y consecuentes con lo que sentimos.
–Eso se nota en sus shows…
J: –Más allá de estar arriba de un escenario, nos entusiasma la gestación de eso que la gente ve al final. Pero no queremos ser pretenciosos. Terminar siendo una caricatura que por actualizarse se convierta en una estupidez. Tenemos una especie de detector del límite. A pesar de que artísticamente nos vivimos arriesgando porque, desde el vamos, dos hermanos haciendo canciones de pareja es toda una locura. De todas maneras, el formato está impuesto y la gente sabe a dónde va. Le gusta o no le gusta, pero esto es Pimpinela. Y siempre tratamos de no pasarnos de la línea. Por nosotros mismos, no por el qué dirán. No nos sentiríamos cómodos de otra manera.
–Durante estos últimos años fueron surgiendo varios grupos exitosos a los que muchos consideran sus sucesores. ¿Por qué creen que sucede? ¿Es lo que el público quiere escuchar?
L: –Más allá del tipo de música que uno haga, lo importante es la originalidad. Salir de lo habitual y del molde de la moda. A nosotros nunca nos gustó estar de moda, siempre fuimos al revés de todo. Grupos con una personalidad tan definida como Miranda! inmediatamente llaman la atención. Más allá del talento, porque ser originales también siginifica componer bien, ser coherentes con la voz, la imagen, todo. Eso es lo que marca a un artista, le da proyección en el futuro y lo afianza.
–¿Y allá en los comienzos, cómo fue para ustedes animarse a presentar esa propuesta tan novedosa que tenían?
J: –Buscábamos algo diferente. Lucía tenía un grupo musical, yo tenía otro y estábamos contentos. La familia insistía para que cantáramos juntos, pero demoramos porque nos importaba mucho el qué cantar. Y un día aparecieron estas canciones, creo que una de las primeras que compuse fue Olvídame y pega la vuelta. Empezamos a actuarlas y a divertirnos en casa, a jugar. Y Luis Castellani, que en aquel momento era el profesor de ella y sigue a cargo de la puesta en escena de los espectáculos, también le vio la parte novedosa. Después fue todo muy rápido. En un año estábamos cantando en Puerto Rico, España, cruzamos fronteras cuando todavía no existían las comunicaciones que existen hoy.
–Han recorrido el mundo con su música, ¿cuál fue el lugar que más los sorprendió?
L: –La zona del norte de Africa, Marruecos… Hombres y mujeres estaban separados. Ellas con sus velos, sus rostros cubiertos y yo pensaba, me van a matar. Pero terminaron todos parados cantando Cuánto te quiero.

“Creo que la problemática sigue siendo la misma:
el amor o el desamor. Lo que se modificó es la forma
en la que la mujer reacciona ante todo eso.”
Lucía

–¿La gente les cuenta sus historias?
J: –Nos toman como consultorio sentimental. Sugieren historias, nos piden consejos, llaman a las radios y cuentan que a través de tal o cual canción han modificado conductas. Se ven reflejados y hacen una gran catarsis porque logran ver sus problemas desde afuera y a partir de ahí resolver sus cuestiones.
–¿Y cuando no están haciendo música?
J: –Dentro del dúo hay dos caminos paralelos, que son dos pasiones. En el caso de Lucía es la actuación y en el mío, la producción. Cuando descubro algún artista con un gran talento, como fue el caso de Lola Ponce u otros que todavía la gente no conoce me gusta mucho eso de volver al backstage. Encargarme de la producción y volver a recorrer el camino que en algún momento hicimos nosotros y abrirles ciertas puertas.
–¿Les queda alguna cuenta por cumplir?
J: –Queremos hacer un programa de televisión, un proyecto que tenga que ver con nosotros. El camino nos fue llevando para el lado de la comedia y grabamos un piloto con Rodolfo Ledo y varios actores importantes.
L: –Va a tener música y, por supuesto, seguimos siendo Lucía y Joaquín, hermanos. Eso es difícil de congeniar, porque obviamente no podemos ser pareja en la ficción.
J: –Vamos a ver… Somos de luchar por lo que queremos, pero también sabemos de dejar que el tiempo fluya, que las cosas se acomoden. Si tiene que ser, va a ser. Lo importante es divertirnos con lo que hacemos.

 

 

Pimpinela es el nombre de una flor hermafrodita del Caribe. Lo eligió el productor de su primer disco, porque ellos querían tener un nombre más fantasioso. “Nos dijo que tenía influencias astrológicas del sol, que era el planeta de la luz y del éxito. Y mal no nos fue”, cuenta Joaquín.

 

“La gente nos toma como una especie de consultorio sentimental. Sugieren historias, piden consejos o nos cuentan que a través de tal o cual canción han modificado conductas.”
Joaquín