Entrevista
Tendencias
Investigación
Deporte
Educación
Predicciones

 

“Lo que
hago
me hace
sentir
vivo”
Diego Peretti
es uno de los actores que más se afianzó en los últimos años.
El 2005 fue exitoso
por partida doble: triunfó en el cine y ratificó su presencia en la televisión.

Un muchacho de cine, de tele...
Predispuesto para las imágenes, acompaña los pedidos del fotógrafo que lo quiere sobre una pared, sentado en un sillón después, y ante unas plantas que decoran el restaurante. No tiene prisa y se entusiasma al ver su imagen digitalizada. “Preguntá lo que quieras”, aclara mientras toma un poco de gaseosa. Después, una costumbre: cada respuesta la acompañará con un movimiento de cabeza. Y otra: casi no sonreirá durante la charla; la seriedad lo irá caracterizando hasta que, una vez que hayamos terminado, se marche en su camioneta para seguir una jornada laboral que, pese a lo movida, lo mantiene feliz como a un chico con juguete nuevo.
–¿Qué te gusta más: el cine, la televisión o el teatro?
–El cine. Creo que tiene más pensamiento, si bien es acción; y tiene más puesta en escena. El teatro es más acción, pero el lenguaje que tiene la cámara me atrae más como espectador y como actor.
–Me da la sensación de que elegís calidad sobre cantidad. ¿Es así?
–No sé. Tuve, como te decía, la suerte de que me gustaran los trabajos que me ofrecían.
–Antes hablábamos de un personaje tuyo que se hizo querer. ¿Te sentís querido por la gente en general?
–No sé si hay cariño por parte de la gente; sí noto mucho reconocimiento.
–¿Y la fama?
–¿Qué? ¿Qué pasa con la fama?
–¿Cómo te trata?
–La gente me saluda, me trata bien en la calle, le gusta lo que hago, pero puedo caminar por la vereda o ir a un lugar público con mi familia sin problemas. La mía es una fama placentera, no es masiva ni invasiva.
–¿Te pesó en algún momento el precio de la fama?
–Hay que tratar de que la fama no le gane al laburo en sí. A mí me gusta tanto lo que hago que fácilmente me doy cuenta si estoy haciendo algo que no me gusta. Y si interpreto un personaje que no engancho, que no me gusta, lo siento. Espero estar siempre así.

El simulador
–¿Disfrutás, entonces, de ser un Criminal?
–Lo que estoy haciendo en Criminal es lo que me gusta en este momento. Es una historia compleja, que estamos armando. Hay mucha pasión puesta. Hoy estoy absorbido por esa historia. Y la repercusión es mayor de lo que esperábamos.
–Se habla de la posibilidad de hacer Los Simuladores para el cine. ¿Cómo lo ves?
–Primero que nada, hay que escribir el guión pero no soy escritor. Si lo fuera, lo escribiría. Damián, Szifrón, tiene ganas de hacerlo pero si aún no lo hizo es porque no se le ocurrió nada. Ojalá que se le ocurra.
–¿Se engancharía la gente con Los Simuladores en la pantalla grande?
–En cine se vería bárbaro. Es un formato de cine más que de televisión. Uno siempre que hace un programa cree que tiene una cuota de interés en la gente. Cuando filmamos la serie para la televisión estábamos tan pendientes de lo que hacíamos que nunca nos planteábamos el éxito. Y si te gusta la historia, es posible que también le guste a otros.
–¿Sentís que es lo mismo que pasa con Tiempo de valientes?
–Tiempo de valientes arrancó bien. Gusta, el espectador la recomienda y está bien en las recaudaciones. Hay un guión muy bien escrito. Se trabajó como se tiene que trabajar.
–¿Es común trabajar como se debe?
–El cine hoy es con esfuerzos individuales, tal como cuando empecé. Lo que pasa es que este país siempre dio muy buenas individualidades. Entonces, para el cine de autor, siempre aparece gente talentosa, pero tengo la certeza de que no pueden expresarse o desarrollarse todo lo que pudieran. El país no exprime en ese sentido. Si hubiese apoyo habría mejoras en general: en recaudación, en todo. Pero no es una prioridad el cine ni el arte en general. No sé tampoco si existe un país en que sea prioritario, pero sí hay países que le dan más bolilla.
–¿Por qué?
–No lo sé.
–…
–Supongo que si no se le da la atención necesaria debe ser porque no tiene beneficios inmediatos, como la educación. Este es un país que no tiene una gran cantidad de referentes, que perdió cierto rumbo con respecto a dónde quiere ir. Eso hace que la plata se destine para los problemas más urgentes. Los gobiernos cambian mucho de un programa a otro. Es un país en cierto sentido inmaduro, porque los países que conocen su identidad, su historia, que tienen memoria, le prestan atención a la cultura porque es como el perfume que tienen.
–¿Se puede cambiar?
–Creo que sí, que se puede salir: un día trae el otro. El país sigue, el tiempo no se detiene. Pero qué va a pasar no tengo idea. Estoy acostumbrado a desilusionarme, políticamente hablando. Pero no tengo certezas.
–¿Y el cine o la televisión, al menos, comenzaron con ese cambio?
–El cine, la televisión… me parece que cada vez están contando más historias. Se dejó la cuestión pedagógica, didáctica, de bajada de línea. En la televisión hay una carencia grande de autores, que es el primer paso que debe darse para tener una ficción. Ese es un drama. El que tenga que invertir que lo haga en autores.
–Y vos: ¿sos un tipo feliz?
–Me gusta mucho lo que hago. Estoy contento. Se disfruta más la vida así; se disfruta haciendo lo que a uno le gusta. Se está atento, preocupado, pero vivo, con mucha pasión.

 

 

 

“En la televisión hay una carencia grande de autores, que es el primer paso que debe darse para tener una ficción. Ese es un drama. El que tenga que invertir que lo haga en autores.”

 

“Es un país en cierto sentido inmaduro, porque los países que conocen su identidad, su historia, que tienen memoria,
le prestan atención a
la cultura porque es como el perfume que tienen.”