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Mariana Arias
“Cuando corro
riesgos quiero sentirlos con el corazón”

Acaba de publicar un libro de entrevistas que es el reflejo
de su programa periodístico. Ya no tan dependiente del mundo de las pasarelas, cuenta por qué es bueno “animarse a más” y habla de cómo superó el miedo a los cambios.

No te mueras sin decirme
adónde vas

La mujer desinhibida que ocupó el lugar de aquella de 13 años comenzó a brillar como modelo en los 80. Entre viajes, sensualidad y fama llegó al cine y junto a Darío Grandinetti protagonizó No te mueras sin decirme a dónde vas, dirigida por Eliseo Subiela. Luego en la telenovela Muñeca brava, junto a Natalia Oreiro se disputaban el amor de Facundo Arana. Más tarde apareció en Son amores. Fue por aquellos años que Mariana Arias decidió meterse más en el mundo del periodismo.
–Si tuvieras frente a vos a alguien muy conocido, quién te gustaría que fuera y qué le preguntarías.
–Marilyn Monroe: le preguntaría cuál fue el verdadero amor de su vida.
–¿Creés que lo sabría?
–Sí creo que sí.
–¿Recordás, siendo niña, cuál fue la primera inquietud que tuviste?
–Cuando era chica tenía mucha curiosidad por saber qué sentían otras personas: mi abuela, mi papá. Los observaba bastante. Yo era callada, no hablaba.
–¿Dónde te sentís más cómoda: preguntando o contestando?
–Preguntando. Muchas veces me pasó que cuando leí la nota publicada, me arrepentí de haber hablado de más. Además, es difícil que se respete el sentimiento de la gente. Creo que un periodista debe reflejar al entrevistado en todo sentido: en cómo se mueve, cómo siente. Ahora por suerte encontré un lugar que tiene mucho que ver conmigo.
–¿El haberte arriesgado a cambiar de actividad es un reflejo de tu personalidad?
–Siento que cuando las cosas funcionan bien uno se anima a seguir adelante. Yo quería cambiar de aire e incursioné como actriz. Esto tiene que ver con poner el cuerpo. Y creo que el periodismo en el caso del entrevistado, él es quien pone el alma.
–¿Padeciste, en algún sentido, el haber cambiado de actividad?
–No fue fácil y hasta sufrí con esto de comenzar a dedicarme a otra cosa distinta al modelaje: fue una decisión. No sé si la tomé de la mejor manera, pero estaba segura. Tampoco fue tan grave; fue una transformación. También tenía miedo cuando comencé a trabajar como modelo. A veces me pasa que veo las cosas después de que las hice.
–¿Te gusta correr riesgos?
–Sí, pero creo que hay determinados riesgos que deben estar avalados por una intención de preparación, con estar listos previamente para hacer algo. Me gusta correr riesgos pero esos riesgos quiero sentirlos con el corazón.
–¿Viviste muchas cosas de golpe?
–Uno a veces, en el medio del camino, tiene dudas. Pero en el interior siente que algo tiene que ver con su naturaleza. Pero cosas fuertes siempre se viven. Una de las últimas que viví no tuvo que ver ni con el modelaje ni con el periodismo.
–Con algo más personal, entonces.
–Sí: la muerte de mi padre. Fue uno de los momentos más difíciles de toda mi vida.
–…
–A todo el mundo se le muere el papá, la mamá, pero para mí fue especial, me duró mucho, me fue difícil salir pero por suerte encontré el camino.
En este momento, se nota en ella un esfuerzo por no llorar, aunque sus ojos se ponen brillosos y su tono de voz se vuelve más bajo, como si las palabras se quedasen en su interior en vez de salir. Toma aire y continúa:
–Creo que en las preguntas fui descubriendo cómo reinventarme. Mi papá era muy sensible, muy ligado al arte.
–¿Te quedaron cosas pendientes con él?
–Me hubiera gustado aprovecharlo más, ser más amiga. Tal vez nos faltó más tiempo para conseguirlo.
–¿Qué le querrías haber dicho?
–Me gustaría ver a papá y decirle… conversar con él, hablar de muchos temas, contarle cosas que no le conté y hacerle muchas preguntas. Y sobre todo abrazarlo.
–¿Y tu mamá?
–Con ella tengo la mejor onda, nos llevamos bárbaro. La quiero mucho, muchísimo.
–-¿Qué recordás de tu primer novio?
–Siempre me acuerdo de cuando era chiquitita y estábamos en Mar del Plata, adonde íbamos muy seguido porque mi padre era de allá, con esas tormentas de verano en las que corríamos en la rambla: caían piedras y salía el sol. Tenía 5 años y me veía con mi novio de entonces. Con los años seguimos siendo amigos. Hoy es un abogado. Muchas veces lo volví a ver. Nos perdimos un poco pero con el tiempo nos volvimos a encontrar.
–¿Cómo llevás el papel de madre de una hija adolescente?
–El de mi hija es un momento difícil, justamente, por su edad. Está en la etapa de separarse de la madre y encontrar su propia identidad. Tiene un carácter fuerte, también. Le gusta diseñar y escribir y le encanta la música.
–Y te usa la ropa.
–Y me usa la ropa, que es algo típico de las mujeres.
–Das la impresión de ser una mujer segura. ¿Es así?
–En este momento de mi vida estoy más segura que antes, pero no fue lo que me ha caracterizado, aunque con el paso del tiempo, sí, me voy encontrando más segura.
–¿Qué definición darías sobre vos misma?
–Soy una mujer de mucho trabajo, que respeta mucho a quien está enfrente y que siente que tiene mucho que aprender todavía. Creo también que tengo sensibilidad. Y en tercer lugar, me gusta dar y recibir amor.

 


 

 

“Soy una mujer
de mucho trabajo, que respeta mucho
a quien está enfrente y que siente
que tiene mucho que aprender todavía.”