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Al borde de un ataque de nervios
En 1985, cuando el cineasta español Pedro Almodóvar todavía no había filmado Mujeres al borde de un ataque de nervios, Maitena ya hacía humor con señoras y señoritas más o menos en ese estado. Para entonces, ya estaba divorciada de su primer marido y padre de su hijo mayor, con quien se casó a los 19 años “porque él entendía mis chistes”, y de quien se separó “porque mis chistes era lo único que entendía de mí”.
–Un escritor argentino, Carlos Arcidiácono, tenía la teoría de que cuando una persona dice “Buenos días”, según el tono que use, está contando la historia de su vida, o por
lo menos está contando cómo le va ese día.¿Sus mujeres son usted misma?
–A veces sí, y a veces no. En mis historietas yo hablo, entre otras cosas, de la soledad, de la separación, de enamorarse, de la angustia, del fracaso, del éxito, de la relación con los hijos, y de los tipos de hombre a quienes hay que dejar antes de que sea demasiado tarde. Es decir, de circunstancias comunes a todas las mujeres. Lo que me pasa a mí le pasa a una española, a una santafecina, a una porteña, a una limeña y a todas las mujeres.
En la adolescencia las personas tendemos a pensar que somos diferentes, pero después comprendemos que la mayor parte de los seres humanos, y no me refiero solamente a las mujeres, nos parecemos bastante.
–Es aquello de Borges,“los seres humanos nos parecemos hasta en eso de creernos diferentes”, ¿no? De paso ¿por qué habla
casi siempre de mujeres y
no de hombres? Uno diría que
las mujeres son cosas
de hombres, y viceversa.
–Es que conozco más a las mujeres, que cada día que pasa me conozco mejor a mí misma. Y con los hombres, pasa que no tienen autocrítica. Si uno les dice algo que no les gusta, reaccionan diciendo “Ya no me querés”.
–Bueno... no todos, supongo...
–Casi todos.
 El mar y el asfalto
Desde la ventana de la casa uruguaya de Maitena, a menos de cincuenta metros, se ven gaviotas, el Atlántico azul y las olas de espumas blancas. El mar enorme, desaforado, “y eso que sólo se ve la parte de arriba”, como decía Carlos Warnes. Desde la ventana del departamento porteño de Maitena se ve la avenida Callao, gris, y edificios grises, y se escuchan inevitablemente, las bocinas y los motores del tránsito.
–Por eso eligió vivir sin ruidos y sin grises, ¿no?
–No. Creo que eso de vivir frente al mar está bueno después de cierta edad. De muy joven, a uno le gusta la ciudad, hay un ritmo de ciudad que te resulta fascinante, los amigos, las salidas, una marcha interesante. Bueno, son etapas de la vida. Ahora estoy en la de vivir frente al mar, trabajar en mi huerta, cuidar mi jardín y salir con los perros.
–¿Eso es una crítica velada a un cuerpo social un tanto enfermo?
–No, no estoy de acuerdo con vos. En toda la Argentina hay gente maravillosa, gente que ayuda a los otros, que ayuda a los hospitales, y a las escuelas y a los vecinos. Me interesa la política pero no es mi tema. Cuando digo que hay gente muy buena no hablo de política. Hablo de vecinos de Buenos Aires o de Tucumán o de Río Negro que son gente fantástica y positiva. Lo que ocurre es que la felicidad no sale en los diarios. El periodismo sólo muestra malas noticias, o casi. Y la vida no es así. Hay buenos momentos y buenas personas, solidarias, dispuestas a querer al prójimo y ayudarlo. No estamos ciegos al dolor y a la necesidad, hay una conciencia social bastante fuerte.
–¿Trabaja para esas personas?
–Trabajo más para las mujeres, de todas las edades, desde nenas chiquitas hasta mujeres de 70 años o más. Por lo demás, el tipo de trabajo que hago solamente lo podría hacer una mujer, pero no hago proselitismo feminista. No entiendo a la mujer sin el hombre o al hombre sin la mujer. Aunque, te repito, ustedes carecen de autocrítica. Nosotras estamos más acostumbradas a pensar que cometemos errores.
Libertad
de atreverse
Maitena asegura: “En mis trabajos intento ver qué le pasa a la gente de todos los días, no a los dirigentes”. En ellos habla de las crisis domésticas cotidianas, y de una mujer generalmente urbana. Admite que a veces se le va la mano y que “mi temática es, en esas ocasiones, de pesadilla”.
–¿Y por qué cree que le gustan tanto a la gente sus trabajos?
–Supongo que algunas personas se reconocen en lo que les pasa a mis personajes.
–Lo que le pasa a usted misma, digamos.
–No. Mi trabajo no es autorreferencial, no cuento la historia de mi vida.
–¿Le gusta que la conozcan, ser famosa?
–Bueno, tan famosa no soy. Pero es bueno que a uno le reconozcan que hace un trabajo más o menos bien. Hay una cosa curiosa. Fuera de la Argentina, por ejemplo, en el resto de América latina, creen que soy española, porque me conocen por mis trabajos en el diario español El País. Y no es raro, porque los latinoamericanos seguimos mirando hacia Europa.
Los admiradores de Maitena dicen que con sus historietas humorísticas ella “va a lo más profundo del ser humano”, y tal vez no estén de acuerdo con eso de que deje de dibujar mujeres alteradas y peligrosas o en peligro.
–¿De veras por un año no habrá más Maitena?
–Estoy cansada. En mucho tiempo no produciré otro libro de historietas. Quiero levantar la cabeza y mirar al futuro más o menos cercano. Y la voy a pasar muy bien.
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