Se sabe. Durante el verano la playa marca tendencia y hay que seguirla bien de cerca para no desentonar con la movida. Y si usted –señora o señor– es de los que a la hora de armar el bolso dicen “naaaa, tiro tres pilchitas y listo”, no desespere. Con esto no le estamos proponiendo que cambie a su querido compañero de vacaciones por una valija tamaño ‘dos-ambientes-con-dependencia-de-servicio’ para cargar el vestidor completo. Sino que sepa cuáles son esas ‘tres pilchitas’ que tiene que elegir este año para estar en sintonía con el último grito de la moda.

De pies a cabeza
Como todas las cosas, la moda también tiene sus ‘pro’ y sus ‘contras’, ya que no siempre estilo y comodidad van de la mano. Por suerte, esa no parece ser la premisa del verano 2006, en el que mandan el relax y la vida saludable. Empecemos desde abajo.
Pata pata. Las ojotas de goma –finitas y bien cancheras– siguen siendo un básico imprescindible, tanto para el día como para la noche. Eso sí, hay que variar los colores y obviamente, combinarlos con el atuendo elegido. Las damas, además, pueden optar por el modelo con plataforma, que ayuda a estilizar la figura. Un poco más sofisticadas, las sandalias con diferentes tipos de bordados, lentejuelas, piedras y canutillos también están a la orden del día. Suela de madera bien chata y la parte de la sandalia propiamente dicha con tiras de cuero u otros materiales que cruzan el dedo gordo, agarran el talón y generalmente se unen en el tobillo. Y las clásicas plataformas de yute pisan fuerte sobre la arena. ¿Para salir? Sirve el look teen: zapatillas de lona (en lo posible sin cordones) para los más hippies; zapatillas deportivas en tonos metalizados para ir al boliche; y para las damas, botas de media caña o caña alta con un dejo de onda texana (hay quienes se animan a las botitas de box para ir a la playa).
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Vestidos para matar. En la playa ellos se manejan con el ‘prolijo estilo desprolijo’. Es decir, me arreglo para que no parezca que estoy arreglado. Bermudas de colores varios –por arriba de la rodilla, aunque vale usar las más larguitas que sobrevivieron al verano pasado– y musculosas, a los que se suma el clásico buzo o canguro cuando cae la noche. Los modernos se animan al look ‘hindú-hippie-chic’, sin duda, el furor de la temporada. Para ellas siguen las túnicas, los bordados, las polleras amplias de encaje o bambula blancas y las babuchas, también de bambula (en versión dama o caballero). Y se agrega una prenda infaltable: la mini de jean (que durante el día puede alternarse con un short bien cortito del mismo material). Se combinan con camisas de telas bien livianas y semi transparentes y strapless, también aplicable a los tradicionales vestidos cortos de algodón.
¿Objetivo? ¡Bronceado! En el rubro ‘trajes de baño’ la oferta sigue creciendo. Si repasamos los colores, nos encontramos con mucho shocking: estampados de rayas, lunares, búlgaros y hasta comics que combinan marrones y toda la gama de los turquesas, verdes y amarillos. Hay materiales metalizados y, como siempre, un poco de animal print (aunque no demasiado). Los brillos cobran fuerza en modelos bordados con lentejuelas, canutillos y otros apliques, como los herrajes. Siguen predominando las dos piezas, con bombachas que van desde las diminutas micro bikinis para las más osadas (y mejor dotadas, por cierto) hasta los culottes para las que prefieren no mostrar tanto. Arriba, triangulitos en todas sus versiones. Los corpiños con aro –así como los bandeaux– parecen haber ‘pedido gancho’ y se tomaron un respiro esta temporada. Todo esto, claro, si usted no es de las que se se juegan con un topless, modalidad que prospera especialmente en Punta del Este. El otro que sigue sumando adeptos a pasos agigantados es el trikini, a medio camino entre la bikini y la malla enteriza: están los que se unen en la zona del abdomen y los que lo hacen por alguno de los costados. Y entre los caballeros, cada vez hay más que se animan al short elastizado, no tan cavado como la zunga carioca pero bastante más ajustado de lo que los argentinos están acostumbrados a ver (y a mostrar).
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Mucho más que un detalle. Y si de ver se trata, es imposible no hablar de los anteojos oscuros, herramienta más que imprescindible para protegerse del sol (y para ver sin que se sepa que uno está mirando). Se usan tanto para el día como para la noche. Como sucedió durante los últimos años vienen grandes, grandes, grandísimos. Con importantes marcos, en lo posible dorados o plateados. Pero no es lo único. Durante las 24 horas las mujeres de todas las edades recurren a los collares bien vistosos, con piedras, semillas y los detalles más variados. Ellos siguen usando muñequeras (generalmente para el boliche porque de día atentan contra el bronceado parejo). Pero, ¡alto ahí! No se le ocurra salir hacia la playa con la cabellera al viento. Una vez más, la moda aporta una solución práctica y cómoda que además protege el pelo de las agresiones del mar y la arena. Básicamente son tres opciones: mega pañuelo en la cabeza (como vincha o bandana, a gusto de la usuaria); sombreros de ala ancha o capelinas; y los infaltables caps deportivos (nada más y nada menos que la clásica gorrita con visera, pero con nombre aggiornado), que tanto ellas como ellos usan bajo el sol y bajo la luna.
¿Vio que no era tanto? Después no diga que no se lo avisamos.
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