Este año puede ser crucial en su ascendente
carrera artística. A punto de protagonizar una película, vuelve a posar como modelo y cuenta cómo hay que salir a buscar el éxito y el destino.
Sin saber por qué, ante su presencia el recuerdo de Caetano Veloso aflora sin pedir permiso, pero con respeto: “Tigresa, con algunos hombres fue feliz, y con otros fue mujer”.
Por supuesto, Carolina Peleritti no revelará, por ninguna razón, con qué hombres fue feliz y con cuáles, mujer. Su vida privada la preserva a rajatabla, tal como lo viene haciendo desde que se bajó de aquel carromato de velocidad y frivolidad en que se había convertido el mundo de las pasarelas en los años 90.
Hablará, en cambio, de ese buen día en que, llevada por la fama y confiada por sus incipientes estudios de teatro, se animó a la actuación y protagonizó una serie muy promocionada llamada Cibersix, que aunque no tuvo rating, no la desanimó. “Cuando una es famosa te empiezan a ofrecer más cosas”, comenta al recordar aquel Cibersix al que le precedió una participación en Mi cuñado y le continuaron 099 Central, Historias de sexo de gente común, Doble Vida y, más recientemente, # 15, entre otros.
Diez años después, instalada en el mundo de la actuación, recuerda que no pensaba eso: “Obviamente las críticas fueron para mí porque era la protagonista. Pero quería ser actriz, era lo que me gustaba, entonces dejé el modelaje a pesar del éxito que tenía y paré tres años en los que me dediqué a mejorar y prepararme para hacer lo que deseaba”. Intuición femenina, capricho de diva o lo que sea, el tiempo le dio la razón y el estudio, la preparación suficiente para cumplir su anhelo. Incursionó en el cine, en la televisión le fue bien y en el teatro pudo darse el lujo de trabajar junto a una grande como Norma Aleandro en La señorita de Tacna. Ahora está todo listo para que protagonice una comedia en el cine, junto a Diego Peretti, la cual comenzará a filmarse entre abril y mayo bajo la dirección de Juan Taratuto, el mismo de No sos vos, soy yo.
“Protagonizar esta película es una felicidad muy grande para mí. Es una propuesta que se venía gestando desde hacía un año y ahora se me da. Es lo que siempre quise hacer. Es un lujo.Es un lujo”.
Se la nota feliz con esta noticia que le permite seguir creciendo como actriz. “Hacer cine es como un sueño, un deseo de contar cosas con otro lenguaje”, continúa.
Almorzando a las cuatro de la tarde, en pleno descanso de verano, esta morocha de cuerpo despampanante, hará un clip mental que la llevará desde aquellas noches en que se escapaba de su casa en Martínez para caminar por Recoleta hasta este presente que la muestra afianzada en la actuación.
“Mi nombre es Kunta Kinte”
“Un día empecé a darme cuenta de que había cambios en mi cuerpo y me desorienté. Iba a primer año y todavía me gustaba correr y jugar y ya no podía hacerlo: me empecé a convertir en mujer”, recuerda. Era el año 1985; poco antes acababa de protagonizar una pelea callejera a la salida del colegio con un cargoso compañero que no paraba de molestarla porque era “alta y grandota” y que no había tenido mejor idea, el muy vivo, de apodarle Kunta Kinte, como el personaje de la serie Raíces. Todavía era callada, introvertida y solitaria; algo, esto último, que no ha cambiado.
Cuando se alejaba del espejo, cuenta, gastaba plata en ropa y maquillajes; de a poco, dejaba de ponerse las vestimentas de su mamá para caminar por su casa de Martínez cuando nadie la miraba. Compraba también la revista Para Ti, que por esos días traería el anuncio que le cambiaría la vida.
“El aviso de la revista decía que buscaban modelos y que había que llevar una foto”. Carolina se dejó entusiasmar por una amiga, y se presentó a la cita. Hizo la enorme fila pensando que no iba a ser la elegida, entregó dos fotografías y, ya de noche, se fue a tomar el colectivo para volver a su casa. Pero en la parada el destino comenzó a jugar su juego. “Me avivé de que no me iban a devolver las fotos así que volví a buscarlas. Golpeé la puerta de la oficina y cuando pasé justo las estaban mirando. Me dijeron que me tenía que cortar el pelo bien cortito y, si les gustaba, era la elegida”. Al día siguiente partió con su novio, su mamá y una amiga al peluquero que le había asignado la agencia. Volvió casi pelada y llena de incertidumbres: “El pelo tan corto me recordaba a mi infancia, cuando me lo cortaban por los piojos”, dice entre sonrisas. El asunto es que le gustó y, previa autorización de su padre ya que era menor de edad, de la noche a la mañana se convirtió en modelo.
“Te volvés a casa ahora mismo”
“Desde los 16 a los veintipico trabajé como modelo, pero a los 18 empecé a estudiar teatro con Norman Brisky. Y hoy, me siento definitivamente actriz. Ya no modelo más, no extraño ese trabajo y desde hace 8 años vivo de la actuación”, asegura quien para seguir su sueño dejó el importante dinero que le daba aquella profesión que ejerció durante doce años. “Lo único que hacen los prejuicios es encasillar, no permiten ver qué le pasa a otra persona. Y eso pasaba por el hecho de que yo había sido modelo. Pero si uno tiene confianza en su capacidad va a poder hacer lo que le gusta. Y esa confianza me llegó gracias a tres años de nutrirme, de disfrutar de la decisión de dejar mi trabajo de modelo”.
Por aquellos tiempos tenía como aliada a una amante que sabe seducir: la fama. “Era raro eso de que me reconocieran en la calle. Yo era muy chica y la gente se me abalanzaba sin conocerme. Ya no me pasa eso porque ahora tengo otro contacto con el público, porque estoy más parada en lo que soy”, dice.
A los 20 viajó junto a su colega Elizabeth Márquez a Europa de donde conserva los mejores recuerdos.“Salía a bailar, estaba con amigos, vivía con mucha libertad”. Sus padres se esforzaban infructuosamente para convencerla de volver pero no había caso. Un día su madre fue a buscarla. “Yo estaba feliz allá. Fueron tres o cuatro meses mágicos. Por eso me encanta España, porque la asocio con la libertad”.
“Creo en mi destino”
España la sigue subyugando y el año pasado regresó: “Fui de descanso dos meses y aproveché para hacer contactos y ver la posibilidad de trabajar allá. Creo en mi destino, en lo que me ha pasado a mí”, explica y hace hincapié en la palabra “mí”, para que no queden dudas.
Todo lo que le sucedió lo adjudica al haber estado en el lugar preciso, en el momento justo. “Hay cosas que no pueden explicarse, pero suceden porque hay algo que se está gestando y necesita una chispa para que se pueda concretar. Como cuando empecé a estudiar teatro sin saber que iba a ser actriz”.
A los 34 años sigue siendo tan reservada como era cuando empezó a descubrir que el mundo iba más allá de las bicicletas y los árboles a los que trepaba en las veredas de Martínez. “Sólo hablo de mi intimidad con mis amigos, con quienes me conocen”, se defiende.
Y defiende, también, su placer por la soledad: “Un buen libro, una obra de teatro, una película son cosas que necesito y que me hacen bien”.
Parece feliz en esta tarde estival en que algunas personas, cuando pasan a su lado, la reconocen y le regalan miradas y susurran comentarios del tipo “mirá, ahí está Carolina Peleritti”. Ella parece ignorar los comentarios. Y esquiva, con un silencio tajante, la pregunta acerca de si está en pareja. Sólo dirá que, para seguir siendo feliz, le gustaría tener un hijo. “Está en mis planes desde que soy mujer”, comenta. Luego, con énfasis, agregará: “En algún momento se dará”.
or A. Duchini / Fotos: Ariel Gutraich / Produccón: Inés Tanoira y Abril Bellati. Maquilló y peinó: Emiliana De Media Agradecemos a: Chocolate, Clara Ibarguren y Salsipuedes.
Para Carolina, los chicos primero
Carolina Peleritti colabora para desterrar la problemática infantil que se suscita a raíz de la mala alimentación, algo que se ha incrementado en los últimos años en este país: “Me preocupa la desnutrición de los chicos”, cuenta. Y explica: “Tiene que ver con la educación, es un problema gravísimo. Quizás no tengamos conciencia de los daños que eso genera en los niños”. Además de preocuparla, este tema la “ocupa”. En los últimos meses viajó a Córdoba para apoyar a una institución local que lucha contra este flagelo. “Estoy en contacto con gente que trabaja en el tema. La desnutrición infantil es algo que nos atañe a todos”.
“Lo único que hacen los prejuicios es encasillar, no permiten ver qué
le pasa a otra persona.”
Trayectoria Actoral
De su actividad como actriz, Carolina Peleritti guarda su más que grato recuerdo de Orinoco, una obra de teatro que había ensayado a principio de los años 90 junto a grandes de la escena nacional como Inda Ledesma y Susú Pecoraro. “Fue una experiencia que nunca voy a olvidar. Si bien, finalmente, no actué, me sirvió para darme cuenta de que ese, el de actriz, era mi lugar, y que quería estar ahí”, recuerda.
De todos modos, entre la televisión, el cine y el teatro fue armando una trayectoria que hoy le da autoridad para definirse como “actriz” de profesión. En el año 2000 se destacó sobre las tablas con Confesiones de mujeres de 30; y le siguieron: Monólogos de la vagina, De rigurosa etiqueta (dirigida por Norma Aleandro), Porteñas y La Señorita de Tacna. En la pantalla grande se inició en 1995 con Geisha, dirigida por Eduardo Raspo, y le siguieron la segunda parte de El lado oscuro del corazón (que como la primera fue dirigda por Eliseo Subiela) y Samy y yo. El año pasado le puso voz en el doblaje al castellano de Los Increíbles a Mirage, la asistente de Síndrome, el malo de la película.