Desfiles
Tendencias
Entrevista
Actualidad
Tiempo Libre
Predicciones

 

La danza de los señuelos

La pesca con mosca es una de las actividades que más ha crecido en el país en los últimos años.
Su evolución radica en la cantidad de lugares en los que se puede practicar y en su ideal
de conservacionismo, donde lo importante no es sólo pescar sino devolver el pez a su hábitat natural.

Imagine la más maravillosa de las postales patagónicas. Dibuje en su mente una serie de montañas con sus picos nevados, determine la altura de esos frondosos árboles, centenarios algunos de ellos, y vislumbre el río junto a una ladera. Los colores lo impactan, lo sacuden e inmovilizan. Guarde el recuerdo y agréguele el sonido del agua cristalina. Agua de deshielo que baja surcando la montaña, abriendo caminos en medio de un bosque encantado. No diga que no es un lugar perfecto. No diga que nunca quiso estar en ese cuadro viviente. Claro que quiere estar allí. ¿Acaso hay alguien que no quiera olvidarse de las relaciones laborales, el estrés de la ciudad y las obligaciones familiares por un tiempo? En estos días en que hacer demasiadas cosas es normal, apretar el botón de ¡Stop! para sentirse parte de un paisaje puede no ser sólo un gusto, incluso podría llegar a tratarse de una necesidad. En nuestro país, miles de fanáticos hacen uso de este ‘derecho’, y lejos de ser una elite, no hay quién no haya tomado una caña para practicar la pesca con mosca y exigirle a todos sus conocidos que, al menos, vean de qué se trata.

Al principio fue la caña...
En el inicio la pesca sólo era un medio para poder comer, pero la evolución del hombre siempre estuvo ligada a sus necesidades. Y aunque la forma de la captura no ha sufrido grandes cambios, ha surgido en las últimas décadas un revés previsible. Ese es el caso de la pesca con mosca. Es que desde hace un tiempo, y dejando de lado algunas excepciones, sólo se permite capturar una pieza por persona porque, por sobre todas las cosas, hay algo mucho más importante que la pesca: la conservación de las especies.
Muy a pesar de lo que pueda imaginarse, la pesca con mosca no es una novedad. Hay datos de que hace ya 17 siglos, tribus nómades utilizaban el formato del anzuelo falso como método de pesca. Tal vez por eso los pescadores con mosca advierten que este deporte constituye casi un arte, y que gracias a ciertas tradiciones se convierte en algo especial para el espíritu, algo que sólo se consigue entender una vez que se practica en su totalidad.

El deporte, hoy
Santiago Noriega es especialista en pesca de Arelauquen Golf & Country Club, el lodge cinco estrellas ubicado a pocos kilómetros de la ciudad de San Carlos de Bariloche, y explica: “Si tuviéramos que aportar una simple definición podemos decir que la pesca con mosca consiste en capturar un pez con un señuelo artificial hecho con plumas, pelos naturales y materiales sintéticos, con los cuales se imita el alimento de los peces (insectos, pequeños peces y crustáceos, entre otros). Y puede practicarse tanto en agua dulce como en agua salada”. Pero Noriega no se queda sólo con la ‘descripción de manual’. Al igual que la mayoría de los amantes de la pesca, sugiere que “el concepto de ‘Catch & Release’ (captura y devolución) está estrechamente ligado a esta actividad. El pescador con mosca no sacrifica las piezas que captura, ya que ha entendido que los peces como recurso son finitos y que es importantísimo preservarlos pare él mismo y para las futuras generaciones”.
Noriega no es el único que tiene conciencia con relación al medio ambiente. La ONG Fundación Salmónidos de Angostura aboga por el mejoramiento de la pesca deportiva. Entre sus objetivos se encuentra el “lograr para el lago Nahuel Huapi un manejo tal que optimicé una mejor y mayor población de peces”, como así también “la concientización del público en general, pero sobre todo de pescadores, respecto de un mejor aprovechamiento del recurso”.
La variante con mosca no se utiliza para pescar cualquier especie. “Se capturan salmónidos (truchas arcoiris, marrones y fontinalis) en la Patagonia. Y desde hace algunos años también se utiliza para dorados, pacúes y otros en la zona de la mesopotamia argentina, y en cualquier lugar en donde un pez se alimente de otro o de un insecto”, refiere Noriega. No sólo eso, en el Caribe se suele utilizar este método para la pesca de Bonfish, Tarpon y Permit. Puede practicarla cualquier persona que haya adquirido previamente la técnica de lanzamiento ya que a diferencia de la pesca convencional, en la pesca con mosca el peso a lanzar se encuentra en la línea y no en la plomada.
Pero vamos por partes. Los elementos básicos con los que uno tiene que contar antes de largarse a esta aventura son: una caña adecuada para el ambiente en el que se va a pescar ya que difieren en el peso y el largo. Un reel o carrete especial con una línea que puede ser de flote o de hundimiento (éstas últimas varían dependiendo de la rapidez de hundimiento que el pescador necesite). Luego necesita un wader, que es un traje especial con el cual el pescador puede vadear (hacer pie en el río en el que llevará a cabo la actividad) sin mojarse y que puede ser de neoprene o de algún tipo de tela “respirable”, que impiden que el agua penetre pero la transpiración salga. También se suelen utilizar botas de vadeo que poseen suela de fieltro para que el pescador no patine. Y un “arsenal” interminable de modelos, tipos y tamaños de moscas. “Tal vez sea una de las cosas más divertidas. Miles de modelos, aptos para un tipo de pesca determinada. Eso es fantástico. Pero lo más grandioso es capturar una pieza, admirarla y luego dejarla ir. Esta es una idea tan apasionante. Y ni hablar del lugar en el que estás”, cuenta, entusiasmado, Marcelo Bastía, que pertenece a un grupo de aficionados a la pesca con mosca de Bahía Blanca y que asegura no hacer menos de 15 viajes por año “para despuntar el vicio... Aunque más que un vicio es un deleite”.
En la Patagonia, por ejemplo, la temporada de pesca se inicia en noviembre y llega hasta fines de abril, y como dice Noriega: “Esta es una actividad en donde el pescador se mimetiza con el ambiente y a partir de ello disfruta de paisajes increíbles, aguas claras y paisajes vírgenes”. ¿No me diga que le gustó esto de la pesca con mosca y ahora tiene ganas de saber cómo es la técnica?

La técnica
Abelardo Rivanera, vicepresidente de la Asociación Mosqueros Buenos Aires (AMBA) tiene 48 años, pesca desde los siete pero abordó la especialidad con mosca hace 15. Como conocedor de la técnica, detalla: “Las premisas básicas son el cast o lanzamiento, la mosca, leer bien el río y la voluntad que uno deposita en lo que está haciendo. La pesca con mosca es tan difícil como uno quiera. Esto significa que en este nuevo año pescará mejor que el anterior pero peor que el próximo”. El casting o lanzamiento es la primera pata de la pesca con mosca. Lo más importante es que la fuerza que se emplea es excesivamente sutil y conviene imaginarla como una percepción de empuje con continuos cambios de velocidad. El movimiento de la muñeca es clave y es el secreto del engaño: el pez tiene que creer que se trata de alimento y no de una trampa.
La mosca es el señuelo. Su variedad es tan grande y diversa que existen unas 7.000 formas diferentes y se dividen en: imitadoras (simulan un insecto, pez o cualquier otro organismo), atractoras (no imitan nada en particular y basan su poder de atracción en colores, brillos, formas, etc.) e impresionistas (son moscas muy simples y confeccionadas con pocos materiales, resultan muy llamativas en ciertas circunstancias). Las moscas también se clasifican al igual que los señuelos; es decir, de acuerdo con la profundidad para la cual han sido diseñadas. Si trabajan sobre la superficie del agua se denominan “moscas secas”, y si trabajan hundidas a cualquier profundidad, “moscas húmedas”.
Para entender el comportamiento del río hace falta un poco más de experiencia, sobre todo porque la comprensión de éste permitirá orientar al pescador sobre la conducta de los peces. Para Rivanera, “con cinco clases y un par de charlas teóricas cualquiera puede pescar con mosca”. Más aún, porque según este experto, “la población de pescadores es cada vez más grande y más numerosa”.
Se trata de desconectarse y entender la naturaleza como un elemento intocable. Jugar con ella, sí. Es válido y es la mejor idea si lo que pretende es vivir la experiencia de sentirse parte de un paisaje único, arrollador por sus colores, olores y dimensiones, y porque le permite disfrutar de la pesca con mosca, el engaño perfecto para agarrar... y también para liberar y conservar.