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TRAGOS
DE AUTOR

Cada vez más, los cócteles son parte de la cultura nacional. El bartender “Tato” Giovannoni nos revela algunos de sus secretos mejor guardados.

A Renato Giovannoni le gusta estar del otro lado de la barra porque es allí donde su timidez desaparece. Es el lugar exacto en donde puede experimentar con los sabores de la cocina, pero sin perder el contacto con la gente.
Hoy, a los 32 años, Tato –a secas–, como se lo conoce en el medio, es uno de los referentes de la coctelería en Buenos Aires. Los mejores bares se lo disputan y no le faltan propuestas para diseñar cartas para el exterior. Porque cuando de crear un trago se trata, no conoce fronteras: famosas son sus increíbles combinaciones, entre las que se destacan el Bloody Mary de puré de mango y sus caipirinhas con tomates cherry. Para Tato la cocina es un mundo de posibilidades y lo que en ella encuentra lo utiliza con la sabiduría de un alquimista.



–¿Cómo se hace una carta?
–Todo importa para el diseño: la arquitectura, la estética, el menú y el público al que se apunta. Y desde mi lugar, hacer cosas distintas para cada cliente.
–¿Cada cuanto hay que cambiarla?
–En general se renueva cada 6 meses, pero esto es como la moda: están los clásicos de siempre y las propuestas para cada estación. Hay que darle el tiempo necesario a la gente para que pruebe y se acostumbre.
–¿Existe cultura de cócteles en Argentina?
–Por suerte sí. Especialmente con tanta influencia del exterior. Hoy, es común ir a un restaurante lleno de turistas y pedir lo que ellos están tomando. Por eso los bartenders estamos de moda.