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“Si me llaman
de la Selección, voy”

Sinónimo del fútbol argentino, Carlos Bilardo no descarta volver a dirigir al equipo nacional. Mientras tanto, a días del Mundial de Alemania, analiza las chances de la albiceleste y evoca las hazañas de México e Italia.

El tiempo es oro, reza el refrán. Y la máxima podría ser el lema de cabecera de Carlos Salvador Bilardo. ¿Por qué? Es que encontrar un casillero libre en su agenda resulta una verdadera odisea. A sus 67 años, el técnico campeón del mundo con Argentina, lleva una vida más que ajetreada: programas de radio, televisión, conferencias y bastantes etcéteras más.
Sin embargo, la pelota continúa siendo el principal planeta de su universo y la excusa perfecta para evocar su paso por los mundiales. La tecla exacta para que, en un despacho de la radio, ingrese en una matriz y se entusiasme, enfatice y hasta logre detener ese tiempo caprichoso. Café mediante, el doctor también aprovecha para sacarle una radiografía a Alemania ‘06.
–Hace algunas semanas usted recordaba el Mundial de Italia ‘90 y argumentaba que “el segundo puesto no sirve”. ¿Se vive tan así?
–Para Brasil, Alemania, Italia, Argentina, sí. Para otros países, no. Por ejemplo, si Grecia sale tercero o cuarto, ¡se abrazan! México, por ejemplo, pasó la primera ronda y eran héroes. Ahora su técnico, Ricardo Lavolpe, dijo que tienen que dar un paso más. Siempre tenés que dar un paso más, un paso más, un paso más. Entonces, Argentina tiene que ser campeón.
–¿Es optimista con la Selección?
–Tenemos muy buenos jugadores. Lo que hay que definir ahora es la táctica a emplear y decir: “esto es lo que vamos a hacer”.
–¿Qué opina de José Pekerman?
–A Pekerman hay que verlo ahora. Los cambios, las actitudes; cuando tenés que sacar a un tipo que es ídolo… estos no son más nenes de pecho, ganan miles de dolares por año.
–¿No le parece que estamos un poco susceptibles al definir a nuestra zona como “el grupo de la muerte”?
–Eso es la gente... Serbia y Montenegro no va a salir campeón, Costa de Marfil tampoco, Holanda puede ser… y bueno, es el último partido. Jugamos, nos clasificamos los dos y ya no nos cruzamos más. Hay otras zonas más agresivas. Lo que pasa es que nos acordamos de Corea-Japón 2002. Y allí, Inglaterra jugó una final del mundo y Argentina un partido más. Ese partido fue quiebre porque ahí saltó Simeone, Verón… saltaron todos. No fue Suecia el desencadenante. El lío fue antes.
–Riquelme declaró que el primer partido es el más importante. ¿Piensa lo mismo?
–Sí, porque lo ganás y tenés tranquilidad; si lo perdés, te volvés loco.
–Usted lo dirá por experiencia. ¿Costa de Marfil puede ser el Camerún del ‘90?
–Puede pasar, en cualquier partido. Recuerdo que tuve que hablarles a los jugadores como dos, tres horas, ¡dos días! No te recuperás y tenés que cambiar a cuatro tipos, porque los que no jugaron están bien y los que lo hicieron están muertos. Tuve que hacer ¡pum! (lanza un puño al aire), dar un golpe porque no te da el tiempo. En un Mundial no podes decir: “Dejá, después empato…”.
–Sigamos con Riquelme: el equipo parece depender de su inspiración, gira en torno a él. ¿No debería preverse alguna alternativa?
–Riquelme es buen jugador, muy bueno. Y todos los equipos giran alrededor de uno. De Riquelme, de D´Alessandro, de Insúa. Pero hay que acompañarlo, siempre tiene que haber otro, siempre son dos. Para que se junte y juegue con él.
–Carlos, finalmente en el ámbito local Palacio le ganó la pulseada a Agüero…
–Es que hoy Palacio es mejor que Agüero. Además, Crespo no tiene quien lo asista bien y Palacio, bien abierto, puede hacerlo. Como lo hace con Palermo en Boca.
–Usted como periodista cubrirá Alemania ‘06. ¿Nos deparará alguna sorpresa?
–No, ni táctica ni futbolísticamente. Te podés equivocar más o menos, pero son cinco tipos los que pelean, siempre los mismos: Argentina, Alemania, Inglaterra, Brasil, Italia. Los demás van a ver a dónde llegan.
–¿No puede haber una revelación como Grecia que ganó la Eurocopa ’04, en Portugal?
–No, la Euro fue distinta. Hablé con el técnico Felipe Scolari y me explicó que con Portugal se preparó sólo 10 días, mientras que los griegos lo hicieron por dos meses y jugaban todo de córner…
–Usted mencionó que se vería un certamen de pelota parada… ¿Y los Ronaldinho y los Messi?
–Juegan bien, pero va a haber mucho goles de pelota parada, de tiro libre, de córner. Ronaldinho también hizo muchos goles así. ¿Cuántos hizo de tiro libre?
–¿Será acaso la gran figura en Alemania?
–Ronaldinho está bien, ya jugó la copa, lo nombraron dos veces mejor jugador de Europa…
Hablemos de Messi, ¿no estamos un poco apresurados con él?
–Sí, algunos lo quieren comparar con Maradona, pero todavía no… Para ser como él, hay que ganar un Mundial. Antes de México ‘86, decían que Michel Platini iba a ser el mejor; venía de ganar cinco títulos con la Juventus. Abajo estaba Diego, Rummenigge y Hugo Sánchez. Ganó el Mundial Diego, fue Diego.
–Ronaldinho ganó una copa entonces…
–Sí, pero no era lo que es hoy. Si hoy Ronaldinho gana el Campeonato del Mundo es otra cosa…
–Ni lo mencionemos, con el miedo que le tenemos ahora a Brasil…
–Depende… mirá, cuando jugamos con Brasil en el ‘90 decían: “No ganamos”. Y yo dije que íbamos a ganar. ¿Por qué? ¡Y porque tenemos que ganarle! ¿Son más que nosotros? Hay que transmitirle confianza a la gente.
–Ultimamente usted prefería no hablar de la Selección porque el año pasado lo criticaron cuando denunció que “algo andaba mal” en el plantel. La pelea pública que protagonizaron Sorín y Verón parece haberle dado la razón…
–Pero yo sé cosas que el periodismo no y ni las cuento en la radio. Me piden que lo haga, pero no, no puedo, porque son técnicos y empresarios amigos. Pero “algo pasa…”, dije y... ¿Ahora? No, no sé, a partir de ese día no quise hablar nada más.

Nostalgias
Para Bilardo, Osvaldo Zubeldía significa algo más que un simple nombre. De su conductor y mentor (en aquel Estudiantes de la Plata campeón del mundo), aprendió a ser un teórico del fútbol. Algo que aplicó como jugador (se inició en San Lorenzo y Deportivo Español), pero que llevó a su máxima expresión cuando se calzó el buzo de director técnico. Primero, al mando de los pincharratas (donde se transformó en ídolo de culto) y, luego, en San Lorenzo, el Deportivo Cali, la Selección de Colombia, el Sevilla, Boca y hasta en la Selección de Libia (un destino que no sorprendería si se tiene en cuenta sus charlas en India, Japón, Israel, Egipto, República Checa o Argelia).
Pero, claro, su gloria comenzó a gestarse en 1982 cuando reemplazó a César Luis Menotti al frente de la Selección Nacional. Allí no sólo enarboló un proceso exitoso (campeón y subcampeón en México ’86 e Italia ’90 respectivamente), sino que fue el ideólogo de la última estrategia en el fútbol. El denominado 3-5-2 (un líbero, dos stoppers, cinco mediocampistas y dos delanteros) es considerado en el mundo entero como la última de las 10 tácticas del siglo XX.
Olfato nunca le faltó, aunque sepa en su fuero íntimo que en el exterior se lo reconoce aún más que en la Argentina. “Puede ser que aquí sean un poco injustos. Se acuerdan de la aguja, el bidón, pero me lo tomo en broma. En el Mundial de Francia ’98 participé de un congreso con 700 técnicos. Ahí pasé videos desde el año ‘67 hasta la actualidad explicando cómo nació el sistema”.
–En ochos años al frente de la Selección, ¿qué experiencias recogió?
–Muchas, pasó de todo. Tenés que leer los diarios de la época para darte cuenta de lo que vivimos. Desde que nombré a Maradona como capitán, que se armó el gran lío… Uhhh… fueron mil peleas; con la prensa, el público… Después entienden cuando vos ganás. A nosotros nos criticaban, pero salimos campeones del mundo.
–¿Ese título supo más a venganza que alegría?
–No, venganza no, no la sentí en ese momento. Las críticas no me molestaban, porque sos vos el que le tiene que hacer entender a la gente. ¿Cómo? Ganando, no hay otra manera. En aquella época, jugar con pelota parada estaba mal; jugar al offside, con tres defensores y sin winnes, también. ¿Querés más? Jugar con dos delanteros era mal visto, hoy lo hacen todos. Tiro libre de costado… hoy los goles se hacen de tiro libre y córner. Llevar a Cuciuffo, Garré, Giusti, Burruchaga, Pumpido, ¡estaba mal! Menos a Ruggeri y a Maradona, había que convocar a otros. Y bueh… ahora se entiende todo, pero pasaron 20 años.
–¿Ningún gustito sintió después de tanta contra?
–No, mirá, a mí me calmó una persona en plena calle Corrientes. Me dijo: “Bilardo, usted se enoja a veces porque lo critican. No tiene que enojarse, porque el día que no lo critiquen, usted va a ser uno más. Mejor que no lo entiendan”.
–Convengamos que la performance de los años previos a México no era muy alentadora…
–Nosotros teníamos los jugadores. Decíamos: “Están bien, están bien…”, porque ¡es-ta-ban bi-en! Enfrentamos a Francia; erra un gol Maradona, nos los hacen ellos. Vamos a jugar con Noruega; pifia el gol Burruchaga y nos lo meten ellos. ¡Pero la pucha! ¡Algun día la vamos a tener con nosotros!
–Pasemos a Italia ‘90. ¿Cómo llegamos a otra final con un equipo tan diferente al de cuatro años atrás?
–En el ‘86 estábamos bien, bien, bien. Después se me lesionó Brown, Enrique, Valdano, mucha gente importante. No pude llegar bien a Italia, lo hicimos apurados. Burruchaga se lesionó el menisco, el ligamento; jugaba en una pierna.
–En el inconsciente popular subyace que en ese Mundial existió una mano negra que nos terminó perjudicando…
–Y no se sabe… A ese nivel… Fue raro, ese tipo de penales, en esa instancia, no te los cobran (NdR: se refiere al que sancionó el árbitro mexicano Edgardo Codesal en la final con Alemania). Pero bueno…
–¿En su vida, la Selección es un capítulo cerrado?
–No.
–¿La volvería a dirigir?
–Y por ahí sí, no sé. Si me llaman, voy. Pero vamos a ver, ahora hay que dejar que siga este baile.

 

 

 

 

 

 


Bilardo, el showman. El día que brindó con Gatorei, previo a un River Estudiantes