Pesan los ojos y las piernas. Hastían el ejercicio y las tareas domésticas. Cuesta respirar. Asoma una leve fiebre que no deja espacio a la concentración. El cuerpo está cansado ¡No da más! Cada vez más personas llegan a los consultorios agobiados por estos síntomas, en busca de una solución. Y se encuentran con que las hipótesis son muchas: desde problema de tiroides, anemia, mala alimentación o hasta depresión. La gran paradoja es que, a pesar de la falta de energía, uno debe embarcarse en una seguidilla de estudios, exámenes y consultas para determinar la verdadera causa de tal …¿enfermedad?
“Lo primero que hay que buscar es la causa concreta, o sea, si efectivamente hay una enfermedad”, cuenta el médico clínico Germán Tombeur. Esto obliga, por supuesto, a inevitables análisis clínicos. “En general, la principal causa es por estrés”, continúa. “Estas personas no están enfermas, sino que deben bajar las ansiedades y el ritmo de vida. A ellas se les receta el ejercicio físico, reducir la carga laboral y aprender a lidiar con el estrés de una manera más saludable”. Y continúa: “Otros pueden tener anemia, problemas cardíacos o de tiroides y con el tratamiento indicado mejoran. Sin embargo, también hay casos de depresión y ansiedad. Estos pacientes deben ser tratados por un psiquiatra o psicólogo.”
Pero también hay una patología que tiene que ver con el cansancio por sí mismo, y que se conoce como el síndrome de fatiga crónica. “Por lo general, la sufren las mujeres –en una proporción de 3 a 1–, de 30 a 45 años, profesionales y exigentes”, cuenta el psiquiatra Alejandro Puente. Las preocupaciones que lo producen pueden ser variadísimas: desde exceso de trabajo hasta divorcios, mudanzas o viudez. Pero, uno de los mayores problemas que existe con respecto a esta patología es la falta de información. Muchas personas se pasan años deambulando de un médico a otro sin lograr obtener un diagnóstico preciso. Según cifras de la Asociación Argentina de Síndrome de Fatiga Crónica, el 72 % de los afectados tardan más de dos años en saber qué tienen. De ese porcentaje, un 30 % tarda entre dos y cinco años y el otro entre seis y veinte. La mala noticia es que cuanto más se tarda en recibir el tratamiento adecuado, más aumenta el nivel de cronicidad y cristalización de los síntomas.
Buscar la solución
“Es difícil asumir y tratar de explicar que uno no puede leer ni concentrarse. Los ojos se secan, se vuelve imposible enfocar la vista…aparecen los mareos y la imperiosa necesidad de descansar. Lo peor es que, muchas veces, los médicos no saben decirte qué pasa exactamente, y cada vez surgen más síntomas”, comenta afligida Alejandra Rodríguez en un foro creado para personas que comparten su mismo pesar. Porque, justamente, lo difícil de diagnosticar el cansancio como algo crónico es que los estudios salen bien y el problema persiste. “Para diagnosticarlo, debe existir una fatiga que disminuya el rendimiento en las tareas diarias en un 50 % durante seis meses, sin que el descanso pueda remediarlo, y que no haya ninguna enfermedad orgánica que lo posibilite”, explica Puente y agrega que la psiquiatría es importante cuando se trabaja con este tipo de pacientes “a pesar de que muchos se resisten a probar”.
En los casos en que hay fiebre, los especialistas pueden adjudicarlo a una infección. Y así muchos recurren a un infectólogo. “A nuestros pacientes les recomendamos descansar cada dos horas unos diez minutos. Yo les digo que son como un coche grande pero con tanque de nafta chico, que si no lo recargan varias veces al día no puede funcionar”, dice el conocido médico y profesor Daniel Stamboulián. A veces, se les receta antidepresivos para que se sientan más activos. Otros optan por terapias alternativas como la kinesia psicosomática. “Primero hay que reconocer el cuerpo, la estructura muscular y ósea a través del tacto. De ahí vamos extrayendo nuestras propias conclusiones y después los tratamos con diferentes técnicas de kinesiología. Existen distintas terapias acorde a cada persona y para que responda todo el organismo en su totalidad. Después está la parte psicológica para interpretar los síntomas”, describe la kinesióloga, investigadora –autora de dos libros sobre el tema– Susana Berman. Estas terapias no son partidarias de medicar, en cambio, prefieren tratar a la persona en su totalidad.
Más de lo mismo
Además del síndrome de fatiga crónica hay otros diagnósticos muy parecidos, como la fibromialgia. “Ambos se tratan de la misma manera. Son iguales, lo que cambia es el nombre porque uno hace hincapié en los músculos y la otra en todo el cuerpo”, asegura Berman. Ambas nacen por un alto grado de estrés que puede darse por variadas razones y traen terribles dolores. Justamente, “fibromialgia” significa que hay dolor en los músculos y en los tejidos que conectan huesos, ligamentos y tendones.
Por otra parte, cuando el malestar es producto del estrés laboral crónico se lo denomina “síndrome del consumido o totalmente quemado”. Quienes lo padecen presentan agotamiento extremo que se refleja en la baja autoestima, despersonalización y aislamiento profesional. Los afectados destacan que los desencadenantes son: la sobrecarga laboral, indefinición de tareas y funciones, carencia de autoestima y autoridad para tomar decisiones, así como los rápidos cambios tecnológicos a los que deben adaptarse. En este caso, los afectados son fundamentalmente varones de entre 35 y 50 años, con horarios de trabajo prolongados y otras cargas generadoras de estrés.
¿Y los chicos?
Los especialistas en psicología aseguran que el exceso de trabajo se percibe desde la niñez ya que, en los tiempos que corren, las exigencias comienzan a una edad muy temprana. Especialmente en niños autocríticos, exigentes, y con padres muy perfeccionistas que esperan demasiado de sus hijos. La sociedad de hoy impone mucha tensión y enseña que lo más importante en la vida es triunfar. Así, los consultorios se llenan de chicos que desde los ocho o nueve años ya perdieron su vitalidad y se sienten extenuados y con ganas de dormir sin parar. “Ellos, al igual que los adultos, tienen presiones: sea de la escuela, de los deportes, de la fiestas…”, relata Berman. Como será que la Asociación Argentina del Síndrome de Fatiga Crónica declara que el 4 % de los pacientes son infantes, y lo que es más grave aún, se calcula que cada vez va a haber más. Por eso, es muy importante que los padres pongan atención en sus hijos porque el avance veloz de la niñez es irreversible. Los chicos tienen que repartir su tiempo entre la escuela, el juego, lo social y el sueño. Además, es bueno que los papás puedan comunicarse fluidamente con ellos, que respeten sus diferencias y no los comparen continuamente con otros; y darles un buen ejemplo, porque en las familias destruidas el estrés en los niños es mucho mayor.
Se cura
“Para curar es importante tomar a la persona en los comienzos del síndrome y hacer un tratamiento muy prolongado. Lo que puede durar meses o años, depende el paciente”, explica Berman. Por eso, lo imprescindible es empezar a tratarse desde el comienzo. “La cura depende mucho del paciente”, enfatiza Puente. En Argentina, el 40 % de las personas en tratamiento dicen que han mejorado en más de un 50 %. Sin embargo, no hay que olvidar nunca que la clave está en la cabeza y en cómo decide cada uno vivir su propia vida. Tal vez sea mejor relegar un poco el éxito por una vida más saludable para uno y para quienes lo rodean, que sufren ante la desesperación de ver a quien quieren, literalmente postrado en una cama. Quizás el verdadero triunfo de esta época sea vivir estos tiempos con un poco más de paz.
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