Aunque pensar en los mejores secundarios del mundo puede desencadenar un sinfín de ideas que tienen que ver con la excelencia académica, los cuadros de honor y los chicos prodigio en Olimpíadas, estos conceptos parecen estar pasados de moda.
En educación, la tendencia global apunta a ir más allá de los aprendizajes curriculares obligatorios para cada nivel y apostar por las capacidades individuales. Implica dejar de rotular al alumno a través de su boletín y concebirlo integralmente: con su impronta, fortalezas y debilidades, capacidad intelectual, pero por sobre todo, con sus talentos por desarrollar. Con inteligencia, los colegios deben integrar todos los ámbitos de la personalidad: el emocional, el intelectual, la creatividad y hasta la psicomotricidad, para lograr el desarrollo pleno de sus alumnos.
Las técnicas difieren de colegio en colegio, pero el objetivo es siempre el mismo: formar personas seguras de sí mismas, entusiastas y responsables, que puedan insertarse y contribuir a una sociedad mejor en un mundo cada vez más cambiante.
Alumnos estimulados
Todos los años, la prestigiosa revista Newsweek elige los 100 mejores High School públicos de los Estados Unidos, tomando en cuenta la preparación de los alumnos para entrar en la Universidad, la cantidad de graduados por año, las asignaturas preparatorias con crédito universitario (AP) y los exámenes de bachillerato internacional (IB) tomados por los estudiantes. Este año, el primer premio le tocó a la School for the Talented and Gifted at Yvonne A. Ewell Townview Center, en Dallas. Esta escuela pública, según palabras de su director Michael Satarino, tiene como objetivo proveer un entorno en el que la dignidad y las habilidades de cada chico no sólo se reconozcan, sino que, además, se cultiven y celebren. Allí, las clases son de 40 a 50 alumnos y tiene un promedio de egresados de un 100 %. Los alumnos, muchos de grupos minoritarios, coinciden en que se sienten unidos por el desafío. En las clases, los pupitres se disponen en forma circular para que todos estén en primera fila. Y esto es lo que se refleja en el ánimo de los chicos: todos tienen las mismas oportunidades al margen de sus posibilidades económicas. Otros factores que explican su éxito son los fondos invertidos y la riqueza de sus programas. “Anualmente se gastan unos 11 mil dólares por estudiante –el promedio en otras escuelas no supera los 6.300–. En mi opinión, la gente que dice que la inversión de dinero no ayuda a solucionar los problemas educacionales, está equivocada. Además, ofrece varios tipos de programas especiales: clases para avanzados y asistencia extra en educación”, cuenta Larry James, director de Central Dallas Ministries, organización que asesora a residentes de centros urbanos de Dallas y asiste en programas extraescolares a estudiantes de este secundario.
Aunque los exámenes AP y IB son indicadores de los esfuerzos que hace el colegio para lograr una mayor excelencia, no son indispensables para determinar la eficiencia en la educación. También hay otras formas de estimular y preparar a los alumnos.
La integración de razas y naciones es característica del Beau Soleil, en Suiza, uno de los colegios privados más renombrados del planeta que reúne 40 nacionalidades entre alumnos y profesores. “Los miembros de la comunidad pueden desarrollar una perspectiva multicultural. Se estimula la ampliación de perspectivas. Por esta razón, se organizan actividades por el mundo para promover el conocimiento cultural y la resolución de desafíos”, explica Jérôme de Meyer, director de la institución que trabaja de modo personalizado con chicos de bajo rendimiento para evitar su repitencia. “La primera tarea es identificar la naturaleza de los factores que influyen en la baja performance. Se organizan reuniones regulares con maestros en las que se discute el progreso de cada estudiante. El objetivo es que cada individuo se desempeñe hasta el límite de sus capacidades, que es distinto en cada uno. A los alumnos en condiciones de repetir, se les da la oportunidad de rendir nuevamente los exámenes de las materias en las que tienen un desempeño debajo del estándar. Su asistencia queda a cargo de los maestros; los casos serios se derivan al director académico. Y contamos con un sistema de tutores: son estudiantes mayores que ayudan a los más jóvenes en su desempeño. Son entrenados por un profesor y hacen esto como un servicio a la comunidad de la escuela”, explica.
Colegios última generación
Entre los que ponen a las nuevas tecnologías en primer lugar está el Colegio Internacional Torrequebrada de Málaga, España, que está dotado con los últimos avances tecnológicos en sus aulas. Este “colegio inteligente” persigue la formación integral del alumno considerando todo lo necesario para su éxito futuro. Por eso, además del aspecto académico, instrumentan proyectos paralelos. Por ejemplo, “Argos”: busca promover los valores universales, la protección del medio ambiente, la promoción y defensa de los derechos humanos; y “U2” –lo llaman you too que en español significa“vos también”– apunta a fomentar la integración de los alumnos en un ámbito no competitivo. Y hay más. Se basan en la excelencia académica y la atención individualizada como garantía contra el fracaso escolar y consecuentes baja autoestima y falta de motivación, a lo que se suma un sistema de e-class que “es una plataforma de e-learning para que los estudiantes sigan reforzando los conocimientos adquiridos en clase. Esa aula virtual es un apoyo a la docencia en el aula ‘real’ ya que a través de diferentes contenidos motivamos a nuestros alumnos a lo largo de todo el año”, comenta Marta de Pablos, responsable de Comunicación.
En Australia, la escuela pública Mount Eliza Secondary College, en Península Mornington, a unos 30 minutos de la ciudad de Melbourne, tiene un programa especial para los estudiantes de noveno año diseñado en base al dato –comprobado– de que, a esta edad los jóvenes empiezan a peder interés en la educación tradicional. Algunos de los “síntomas” son la falta de motivación y el aislamiento, que, en realidad, responden a la cantidad de cambios por los que están pasando. Para incorporar nuevos desafíos, les proponen explorar, equivocarse, consignas que no resulten rutinarias ni rígidas y sentir que pueden elegir, que son independientes. El Midware Program establece pautas que tienen que ver con “aprender a aprender”, comprender y funcionar exitosamente en la sociedad de hoy y mañana, y cultivar la vida en la comunidad. ¿Cómo lograrlo? Mediante trabajos individuales y grupales y distintas experiencias. Para un seguimiento personal, el programa cuenta con16 miembros de distintos backgrounds, que se reúnen con grupos de 5 a 6 estudiantes, cada quince días, para guiarlos. Además, aprovechando la tecnología se les brindan distintas facilidades: “A través de Intranet, un alumno que faltó a clase puede chequear sus deberes o un padre puede constatar que su hijo llegó y está en el colegio. También se hace un monitoreo constante de los estudiantes que permite detectar a tiempo alguna baja de rendimiento ya sea de modo individual o de toda una clase. Como si fuera poco, los jóvenes tienen cursos de computación avanzada y obtienen el Certificado Internacional ICDL. A través de programas de computación, realizan programas de aprendizaje. Así desarrollan independencia en el estudio y aprenden a ser estudiantes activos capaces de analizar sus problemáticas y encontrar soluciones a sus problemas de estudio”, relata Silvia Stocker, de Australia & New Zealand English, la división de cursos de inglés de A&NZ Travel.
Educación personalizada
Si hay algo que tienen en común estas instituciones es que no tratan de manera desigual a los chicos con bajo desempeño. A ellos, en el Wellington School, una escuela privada en Gran Bretaña, en donde se hace especial hincapié en que todos los chicos son diferentes y tienen distintas necesidades, se los asiste personalmente. Las clases tienen pocos alumnos, y se valoran el esfuerzo, el buen comportamiento y los buenos modales y el bienestar de todos los chicos. Allí, el trato personalizado es la regla y no la excepción. “Los estudiantes no repiten de año, explica Kim Martin, del departamento de Marketing. En vez, tienen tutores académicos que los supervisan de cerca, y disponen de talleres para materias en las que necesiten ayuda extra”.
No es casual, entonces, que los resultados sean positivos. Para los chicos, estudiar se vuelve interesante. Para lograrlo, las escuelas diseñan programas especiales, que implementan, siempre pensando en los alumnos y sus necesidades. No hay mejores ni peores, sino niños con distintos talentos, pero iguales oportunidades.
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