Cuando cambié de empleo, una de las condiciones que puse fue poder trabajar cuatro días a la semana, de manera que yo pudiera ayudar en el cuidado de mis hijos”, dice Don Leitch, empleado inglés de 37 años, en una nota publicada hace poco más de dos meses en la versión digital del periódico británico The Guardian. Padre de Caitlin, de 5, y de Mary-Ann, de 3, Don tuvo suerte: su jefe aceptó y él obtuvo el puesto.
Ir al trabajo cuatro días a la semana le significó a Don marcar una clara línea divisoria entre el hogar y su empleo. “Cuando trabajaba cinco, corría a casa para ver a los chicos antes de irme a dormir, pero ahora que sé que tengo un día entero extra con ellos, estoy menos presionado los otros cuatro, y puedo trabajar más duro si quiero”, asegura.
Según el mismo artículo, como Don, cada vez son más los padres que están negociando flexibilizar sus horarios laborales para lograr así un equilibrio entre el trabajo y los niños: en los últimos dos años, expone el diario, 1,2 millones de hombres –el 10 por ciento de la mano de obra masculina– ha aumentado el tiempo que pasa en su hogar. Hasta el nuevo líder conservador David Cameron, probable competidor de Tony Blair, adelantó a su partido que quiere tener un día y medio por semana para dedicarlos a su familia y que desea salir temprano del trabajo 2 veces por semana para estar con los chicos cuando llegan del colegio.
Pero... y por casa, ¿cómo andamos? Bien: desde la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades entre Varones y Mujeres en el Mundo Laboral (CTIO) del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, afirman que en nuestro país no existen estadísticas al respecto, que el tema no se “visualiza tan claramente”. Pero que sí existe una tendencia a que se vayan extendiendo los plazos de licencia por paternidad.
En la actualidad, la ley laboral vigente (20.744) establece dos días (uno de ellos obligatoriamente hábil) de licencia por el nacimiento de un hijo, mientras que los convenios colectivos de las diferentes actividades, tanto públicas como privadas de todo el país, pueden –a través de acuerdos entre empleador y empleado– ampliar los plazos que instaura esta norma.
A nivel público, y sólo por nombrar algunos ejemplos, la Municipalidad de Rosario otorga a los empleados papás un plazo de 15 días por el nacimiento de sus chicos; mientras que los del Municipio de Morón, en el oeste del Gran Buenos Aires, gozan de 10 días hábiles, y los del Gobierno porteño, de 10 corridos. Por su parte, en las provincias de Entre Ríos y Córdoba, también fueron promovidas medidas similares a éstas a través de proyectos de ley u ordenanzas.
“Las leyes, sin embargo, son posteriores a las costumbres. Legislativamente no hay normas sobre cómo acompañar en el crecimiento a los chicos. Lo cultural se va desarrollando pero lo legislativo va quedando atrás”, opina Patricia Sáenz, abogada del mismo organismo.
En cuanto al sector privado, también se sienten vientos de cambio: “Ya hay una mayor conciencia –asegura Sáenz–. Las empresas están optando por darles más días a los empleados que acaban de ser papás, y estos a su vez quieren participar más en la vida de la familia”.
Así, algunas de las empresas ya comienzan a ampliar este beneficio y evalúan la posibilidad de flexibilizar los horarios de entrada y salida al trabajo, o bien la de otorgar la posibilidad de trabajar desde la propia casa los días posteriores al nacimiento de los bebés.
Por su parte, Sergio Sinay, especialista en vínculos humanos y autor de Ser padre es cosa de hombres, expone una mirada algo más cauta al respecto. Según él, aunque no existen estadísticas sobre este tema, de la comprobación fáctica se puede extraer que no existe en la Argentina una tendencia creciente a que los papás trabajen menos horas o pidan licencias para ocuparse de los hijos. “Hay padres que, individualmente, buscan formas de pasar más tiempo con sus chicos, pero aún no marcan una tendencia. Los hombres argentinos, inclusive los más evolucionados, no piden licencias para estar con sus hijos (exceptuando casos individuales). Los varones creen, todavía, que ese motivo no será considerado válido y hará que sus empleadores los vean como poco confiables y poco comprometidos con su trabajo”.
¿Un nuevo modelo?
Los cambios actuales responden quizás, o sin quizás, a lo que muchos ya llaman “la nueva paternidad” o el modelo de “padre posmoderno”, aquel que participa más activamente en la crianza y cuidado de los hijos y que perdió paulatinamente el rol de único proveedor, para ubicarse más a la par de la madre, tanto en lo práctico como en lo afectivo.
Y para posicionarse, también, en ámbitos que antes eran puramente maternos: hoy no llama (tanto) la atención ver padres en las reuniones de la escuela, la cocina del hogar, el almacén o las clases de matronatación. “La posmodernidad ha generado nuevas perspectivas sociales e intenta rescatar, reconocer y valorar otro tipo de discursos y formas de vida que no incluye el discurso dominante (...) Así, se ha desmitificado la familia nuclear como la organización normal y universal para reconocer otras formas de vida que también son llamadas familias”, expone el especialista en familias, el profesor Dr. Raúl Medina Centeno en un trabajo publicado en el número 63 de la revista Perspectivas sistémicas.
Allí mismo, Medina Centeno explica que el movimiento feminista –defendido por la posmodernidad– tuvo impacto en esta nueva paternidad: “La gran variedad de estudios feministas sobre el género influyó directamente en el concepto de masculinidad y produjo nuevos estilos de ser padre. Las relaciones entre la pareja se hicieron más simétricas, y la negociación día a día sobre lo que significa ser padre-hombre y madre-mujer crearon una parentalidad más igualitaria y, en consecuencia, nuevas maneras de ser padre y madre”. Agrega, además, que otro factor influyente en la gestación de un nuevo padre fue el aumento del divorcio. “En nuestro país, este cambio fue producido por una obligación, ha habido una inversión de roles a partir de la crisis económica, por la cual muchos hombres que quedaron desempleados debieron permanecer en casa en lugar de la mujer. No sé si ahora los padres pasan más tiempo con sus hijos, porque la gente hoy en día tiene que trabajar más. El rol paterno no puede medirse en horas, sino en actitudes: antes, el padre pasaba mucho tiempo en el hogar pero su función allí era únicamente la de proveedor. Hoy tal vez llega a las 9 de la noche pero se pone a bañar a los chicos”, explica el doctor Luis María Lafuente, médico psicoterapeuta especialista en familia y miembro de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar.
Existe, según Lafuente, un padre más participativo, cuya diferencia con el de generaciones anteriores se da sobre todo en el permiso que estos se otorgan para demostrar más abiertamente sus sentimientos. “Compartir el afecto, a veces, también compensa las imposibilidades materiales, como no poder llevar a la familia de vacaciones”, asegura Lafuente. “En las últimas dos décadas, gradualmente y a nivel mundial, fue cambiando ese estereotipo tan arraigado del varón proveedor, en parte por la mayor presencia de la mujer en el mundo laboral”, coincide Claudio Deschamps, psicoterapeuta de parejas y familias, miembro de la comisión directiva de la Asociación de Psicoterapia de la República Argentina y editor de la revista Perspectivas sistémicas.
Deschamps explica, igual que Lafuente, que este fenómeno se produjo en muchas familias de toda la Argentina a causa de la crisis. Pero que luego, estos cambios, por buenos, se afianzaron: “Muchos roles se van reestructurando como reacción a los problemas y a la evolución educativa, y luego estos impactos generan la idea de que es óptimo este nuevo rol”. “Los padres no esperan a ser abuelos para mostrar su cariño, dice el especialista. Ahora se ven papás que cargan a sus hijos en el morral, pegados a su pecho, algo que era muy de la mamá. Es común también que ahora los padres asistan al parto y, si no lo hacen, que den explicaciones de por qué no lo hicieron. Antes, no había ni que explicarlo. Actualmente, cuando el niño aún no nació, los hombres ya empiezan el acompañamiento. La gama de posibilidades de acción por parte del papá ahora depende más de los gustos que de los prejuicios. La cultural hoy promueve, permite”, asegura Deschamps. “Este cambio se ve –continúa el especialista– incluso en las familias con matrimonios divorciados. Hay padres que, a pesar de la separación, eligen seguir teniendo un rol participativo en la crianza de los chicos. Lo que indica que el tema no es conyugal, sino parental”.
Cuando el terapeuta habla de que “se está perdiendo un estereotipo”, a lo que se refiere, en síntesis, es a que el padre, ahora, puede ser el que pone la norma... Pero también el que acaricia.
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