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¿El fin de la era del hielo?
Los hielos del Polo Norte disminuyeron un 8% en los últimos 30 años, lo que equivale a un millón de km. Para el 2100, la superficie que ocupan se verá reducida en un 40% a causa del cambio climático. ¿Qué efectos puede tener a mediano y largo plazo? Especialistas argentinos y del mundo reflexionan.


Hace unos días una noticia impactó fuerte en los medios: “Los hielos del Polo Norte desaparecerán en medio siglo”, se anunciaba. Ante esto, devino el razonamiento obligado: el derretimiento de hielos producirá el consecuente aumento del nivel del mar, entonces… ¿nos veremos pasados por agua? Muy triste y, cabe aclarar para llevar calma –en especial a quienes residen en zonas costeras–, poco probable.
Lo que no es pamplina es que los hielos del Artico tienen los días contados: está comprobado que, de ahora en más, con proyección al 2100, la merma en la cobertura del hielo polar será del 40%. Por supuesto, no sin pocas e indeseables consecuencias.

Polo Norte cada vez más cálido
Debido a que el sentido común nos lleva a asociar “Polo Norte” con escalofríos, esquimales en casitas de cubitos de hielo y aguas que no invitan justamente a zambullirse, la noticia de que la zona se está volviendo más cálida, resulta inconcebible. Sin embargo, no es descabellada. El calentamiento global está haciendo estragos. De acuerdo al Informe ACIA –Artic Climate Impact Assessment– sobre los impactos del cambio climático en el Artico, la zona se está calentando dos a tres veces más rápidamente que el resto del mundo. Se espera que para el 2090, la temperatura allí haya aumentado 12ºC. ¿Cómo se explica? “El hielo refleja mucha luz solar al espacio y el océano absorbe esa luz como calor; este cambio tiene un gran impacto en procesos de calentamiento en el Artico durante los meses del verano. Esto afecta el nivel del mar global –agua más caliente que se expande– a través de un proceso muy lento, al derretirse las hojas de hielo en Groenlandia y el Antártico”, advierte David Carlson, director de la Oficina Internacional del Programa IPY 2007/2008 –International Polar Year, o sea, Año Polar Internacional–.

El hielo se derrite
Respecto a sus consecuencias sobre los hielos del Polo Norte, el doctor Osvaldo Canziani, meteorólogo especializado en cuestiones del cambio climático, co-presidente del Grupo de Trabajo II del IPCC, Panel Intergubernamental de Cambio Climático –especie de agencia científica que asesora a Naciones Unidas sobre el tema–, agrega: “Debido al calentamiento terrestre en los últimos 30 años, esas masas de hielo, instaladas principalmente como hielo sobre el mar, han mostrado una disminución en su extensión, del orden del 8% en 30 años, equivalente, aproximadamente, a un millón de kilómetros cuadrados. Y las observaciones realizadas desde el comienzo del siglo XXI muestran que la fusión se está acelerando”.

Fauna en serio peligro
Las consecuencias de este calentamiento son múltiples. “Se han hecho evidentes en las últimas décadas y se han exacerbado desde comienzo del siglo XXI. Ya en julio de 2001 algunas especies mayores, como los osos polares, comenzaban a tener dificultades para obtener las presas con las que se alimentaban debido a que no podían transitar sobre superficies de hielo sumamente delgadas. Esto mismo les ocurre a las demás especies terrestres como los renos y caribus. Los cambios ambientales derivados del calentamiento global están afectando, además, los hábitats estacionales de las aves migratorias, y generan la pérdida de especies como insectos y especies marinas y terrestres que proveen su alimentación. Sin temor a error, están modificando gravemente las condiciones del hábitat de la mayor parte de las especies polares del Hemisferio Norte. Así, focas, morsas y especies similares, que para su reproducción necesitan de superficies sólidas del hielo en el mar, están siendo aquejadas por la pérdida de especies de su cadena trófica”, comenta Canziani, quien señala que “algunos autores consideran que los osos polares desaparecerían en las próximas décadas”.

Los indígenas en riesgo
¿Acaso llegará el día en que estos animalitos estén más seguros en un zoológico que en su hábitat natural? Nadie lo sabe… Lo que sí es una certeza, de acuerdo con la información provista por la organización conservacionista internacional WWF, es que en los próximos 35 a 50 años se espera una declinación del 30% de la población del oso polar a nivel mundial a causa de la desaparición del hielo en el mar, su hábitat dominante. Las comunidades indígenas también están haciendo frente a impactos económicos y culturales resultantes del cambio climático. “Por milenios, los indígenas del Artico han confiado en el ambiente natural, usando su conocimiento tradicional sobre el tiempo, clima, animales y vegetación, para sobrevivir. Pero debido al clima que se vuelve más cálido, ese conocimiento tradicional es menos confiable ahora. Por ende, la supervivencia de algunas culturas estaría en riesgo”, adelanta un informe de WWF sobre Cambio Climático en el Artico.


Las focas, otra especie en serio peligro.

Antártida, ¿podría derretirse?
Como reza el dicho, “el sur también existe”; y no escapa a los efectos del cambio climático. ¿Cuál es el impacto más importante en la Antártida? “La fragmentación y la desaparición de las barreras de hielo, en particular la Barrera Larsen en la costa oriental de la Península Antártica en el Mar de Weddell, como sucedió recientemente. Su consecuencia es el aumento de la velocidad de los glaciares de la Península, que antes estaban bloqueados por la Barrera Larsen y han tenido ‘surges’, o sea, avances rápidos que vuelcan enormes cantidades de hielo en corto tiempo al mar, en forma de témpanos, lo que disminuye la salinidad del océano”, adelanta el doctor Jorge Rabassa, responsable del Laboratorio de Geología del Cuaternario del Centro Austral de Investigaciones Científicas –CADIC–. Sobre los efectos directos de estos cambios progresivos sobre las zonas continentales, detalla: “A fines del siglo XXI, se sentirá el efecto del ascenso de hasta un metro en el nivel del mar en zonas costeras y deltas, con inundaciones, mayor acción erosiva por el oleaje y contaminación de los acuíferos costeros con agua salada que penetra del mar. Afectará, por ejemplo, a los balnearios de la costa bonaerense”. Y hay más. “Los glaciares están en estado de retroceso violento como consecuencia del aumento de la temperatura media anual y el ascenso de la línea de nieves permanentes, lo cual les restringe alimentación nival que se transformaba en hielo glacial. Las condiciones presentes evidencian que en 20 años podría no haber glaciares de montaña en la Patagonia ni en Tierra del Fuego y los mantos de hielo de montaña quedarían reducidos a una mínima expresión”, añade.

¿Qué se puede hacer?
Uno de los principales motivos del cambio climático es, vaya novedad, la acción del hombre y su manera de devastar recursos naturales sin medir consecuencias, entre las cuales se destaca la liberación de tóxicos a la atmósfera. Pero no todo está perdido. “Los gases que ya están en la atmósfera permanecerán por décadas, quizás un siglo o dos, por lo que el calentamiento sucederá, incluso, si cambiamos sistemas y políticas de energía. Digo, y muchos –no todos– científicos acuerdan, que tenemos una situación que podemos identificar como muy seria, pero no desastrosa: todos nosotros, países, comunidades e individuos podemos y debemos realizar opciones elegantes y cambios urgentes en la década próxima”, incentiva Carlson. Es posible. ¿Cómo? “Restringiendo al máximo el uso de combustibles fósiles –carbón, petróleo, gas–, forestando a gran escala, protegiendo los pastizales y humedales, cambiando la economía consumista por una economía racional, apoyando el cumplimiento a rajatabla del Protocolo de Kyoto, comenzando a trabajar en un tratado climático aun más severo”, asegura Rabassa.