Ellos habitan la tierra del dragón de truenos, un pequeñísimo país de apenas 600 km de largo, enclavado en medio de las altas cumbres del Himalaya. Uno de los últimos bastiones medievales en un mundo tecnificado. En medio de dos gigantes como China e India, palpita Bhután, un reino que ha logrado vivir completamente al margen de la modernidad, donde lo que importa, además de preservar la naturaleza en su estado más puro, es la “felicidad nacional bruta”, o, como explica su propio monarca el nivel de satisfacción del pueblo. Y esto, se nota por donde se mire.
Del anonimato a la sofisticación
La bruma flota en sus paisajes montañosos. Desde siempre Bhután vivió envuelto en esta misma bruma en donde también se pierde su historia. Nada se sabe de este pequeño país hasta el siglo VIII, d.C., pero sí que por esa época el budismo tibetano desembarcó en sus tierras. Mucho más tarde, en el siglo XVII, un lama también originario del Tibet, Ngawana Namgyal, aparecería para vencer a los invasores, subyugar las rivalidades religiosas, codificaría un sistema de leyes y se establecería como rey. La paz duraría lo que su vida, porque luego de su muerte la guerra civil volvería para enquistarse en estas tierras casi 200 años más. En 1885, Ugyen Wangchuck en el poder haría buenas migas con el Imperio británico, establecido en la India, y ese mismo linaje es el que ocupa el reino de Bhután en estos días. Jigme Singye Wangchuck, el actual monarca, ocupa el trono desde 1972, cuando asumió con solo 16 años. El fue quien modernizó el país, descentralizó el gobierno, llevó la electricidad y abrió las puertas al turismo… y al mundo, cuando hace 7 años, como parte de la celebración por sus bodas de plata en el trono, les obsequió a sus súbditos, la televisión. Aunque, según los que lo conocieron entonces, el país cambió de manera radical precisamente en estos últimos 7 años –aumentaron la delincuencia y los divorcios–, también conectó a los bhutaneses con el resto del mundo. A estas alturas, ya hay también Internet y es común ver a los bhutaneses deambulando con el celular en mano.
En esta nueva etapa, el rey, preocupado –y ocupado– en evitar el turismo masivo solo autoriza a 80 agencias de turismo en el mundo a operar en este destino, adonde no se permiten turistas independientes. También dio el visto bueno a una conocida empresaria oriunda de Singapur, Christina Ong, referente obligado de la sofisticación en hotelería y turismo, para que desarrolle el Uma Paro spa, exclusivísimo hospedaje que combina el lujo asiático con las terapias milenarias, en medio de un paisaje bucólico y exótico. Lentamente, Bhután se va posicionando en la lista de los lugares a los que hay que ir. Kate Moss y Sarah Ferguson ya lo hicieron, hace un año.
Caminatas en la cima del mundo
Aunque los que anduvieron por esos pagos coinciden en que la gente y el trekking es lo que más los seduce del lugar, no son para despreciar las 770 especies de aves entre las que se encuentran las más originales del Himalaya, cientos de tipos de plantas y las más increíbles orquídeas. Bastan 7 días para recorrer de oeste a este el país por una única carretera, que por momentos alcanza los 5.000 m de altura, y fundirse casi por completo con al naturaleza en todo su esplendor. Porque si hay algo de lo que los bhutaneses se sienten orgullosos, es de vivir en completa armonía con la naturaleza. Atravesando las aldeas, en las que vive la mayoría de la población –que suman 750.000 habitantes–, uno se va cruzando con mujeres con su tradicional kira, una especie de kimono bhutanés, y hombres con la ropa típica trabajando en el campo. Los meses que van de diciembre a febrero son los mejores para ir, aunque el clima es impredecible por definición. Además de Thimphu (la capital), Paro y Punakha, vale la pena recorrer sus valles sagrados, y descubrir los bosques, cascadas y aldeas medievales, llenas de chicos de ojos brillantes y sonrisas generosas que se acercan a dar la bienvenida.
El exotismo de sus costumbres y los paisajes dejan sin aliento a los occidentales. Especialmente a aquellos que creen haberlo visto todo. Buthán es un paraíso quedado en el tiempo. Allí, hombres y mujeres tienen los mismos derechos y no existe una marcada división de clases: todos los habitantes tienen las mismas oportunidades sociales y educativas. También en aras de la felicidad de todos, el 17 de diciembre de 2004 se convirtió en el primer país del mundo en prohibir totalmente la venta de tabaco y la posibilidad de fumar en público. Una política que fue apoyada activamente por la Organización Mundial de la Salud.
¿Paraíso perdido?
Poco a poco, este país remoto y milenario, está comenzando a ser un secreto a voces. Cómo será que en 1974, ingresaron 300 turistas y treinta años más tarde esa cifra se elevó a 9.000, y, aunque no hay intenciones de aumentar este número mucho más, el año pasado ya lo visitaron 15.000 personas. Hasta no hace mucho, la mayoría de la gente no podía ubicar a este pequeñisimo país en un mapa. Hoy es el destino turístico más sofisticado por definición. ¿Por qué ahora todos quieren ir a Bhután? Porque es exótico, sofisticado y prácticamente virgen. Porque conserva la inocencia de haber estado durante toda su historia al margen del progreso. Porque lo que importa es que la gente sea feliz.
Algunos lo denominan nostalgia por el paraíso perdido. N
|