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Reconstruir un corazon,
¿Mision Imposible?
      

En su primera visita a Buenos Aires, el doctor Vincent Dor nos habla sobre su revolucionaria técnica que permite evitar el transplante cardíaco. En qué consiste y cuándo puede utilizarse.


Vincent Dor es palabra santa en tratamientos quirúrgicos para recomponer el corazón. Aterrizó en Buenos Aires para participar del III Simposio Cardiovascular Insuficiencia Cardiaca FLENI 2006. En el lobby del hotel, gracias a su simpatía y a su estilo desacartonado, parece un turista más esperando que pare de llover para disfrutar de alguna excursión por el centro porteño. Su agenda, en cambio, está solicitadísima. No es para menos: este cirujano cardiovascular francés es el creador de la técnica de reconstrucción ventricular más revolucionaria para pacientes que han sufrido un infarto agudo de miocardio. Después de ser operados, pueden “casi” recuperar el órgano, aliviar los síntomas de la insuficiencia cardíaca y mejorar la calidad de vida. En algunos casos, se convierte en una alternativa válida antes de someterse a un transplante de corazón.
En un inglés “afrancesado”, Vincent, considerado un emblema en el mundo de la cirugía cardiovascular, se acomoda los lentes y, con la pedagogía propia de un docente, cuenta de qué se trata el procedimiento que lleva su nombre.

–¿Su técnica es considerada la más revolucionaria, ¿por qué?
–La técnica no es revolucionaria en sí. Es simple y consiste en extirpar la cicatriz que deja un infarto, poner un parche, que habitualmente es circular, coserlo en derredor del músculo sano, y de esa manera, reconstruir el corazón. Concretamente implica sacar esa cicatriz que tiene el corazón.
–¿En qué casos se usa?
–Cuando el corazón tiene áreas que no se mueven, y adelgazadas, producto de infartos antiguos. Estas áreas “que no se mueven” o cicatrices –en una superficie mayor al 40%– son responsables del futuro deterioro de la función cardíaca. También puede ser usada cuando el corazón tiene complicaciones mecánicas en el transcurso de un infarto agudo de miocardio, tal es el caso de la insuficiencia mitral aguda o la comunicación interventricular. Y además, en presencia de arritmias ventriculares severas y grandes superficies de cicatriz, o simplemente como complemento en la revascularización coronaria –técnica de bypass–, asociada a extensiones de cicatriz mayores al 40%.
–¿En qué pacientes reemplaza o evita el trasplante?
–La inmensa mayoría de los pacientes que tienen el 40% de cicatriz en el corazón, pueden reconstruirlo. A pesar de que estén con tratamiento médico y tomando medicinas para la insuficiencia cardíaca, la técnica les resulta adecuada. Una pequeña proporción de pacientes, que va del 10 al 15%, igualmente será candidata a transplante.
–¿En qué casos no es viable?
–El límite real de esta técnica es que no haya un pedacito de corazón sano. Si existe músculo sano, la técnica es posible. Si el corazón está totalmente destruido, no hace magia. Solo podemos reconstruir cuando la cicatriz es anterior o posterior, no cuando la cicatriz es anterior y posterior. Las alternativas en estos casos serían el corazón mecánico o el trasplante cardíaco.
–¿En qué medida mejora la calidad de vida de pacientes?
–A los pacientes se los divide según su clase funcional, en 4 grados: en el primero, la incapacidad es ligera y no tiene grandes dificultades para hacer su vida cotidiana; quien está en grado dos posee una capacidad limitada para hacer ejercicios; en tercer lugar, el enfermo tiene incapacidad para vestirse y hacer pequeños movimientos como ir al baño o ducharse; en el grado cuatro, el paciente permanece en cama y no tiene ningún tipo de posibilidad de salir de ella. Los pacientes que trato están habitualmente en clase 3 y 4, o sea, están gravemente enfermos. Quienes se someten a esta técnica quirúrgica pasan a la clase funcional 1 ó 2 y se reinsertan en una vida casi normal.

Una voz autorizada
–Las investigaciones para mejorar la salud del corazón, ¿hacia dónde apuntan?
–Las esperanzas, desarrolladas extensamente son: en primer lugar, la prevención primaria y secundaria, que están siendo de gran ayuda y han avanzado en los últimos años con resultados notables. La prevención primaria es evitar la aparición de la enfermedad y la secundaria está encaminada a evitar las complicaciones de la misma una vez que ha aparecido o evitar su reaparición o extensión. También el transplante o implante de células madre para restaurar el miocardio normal, con dos diferentes puntos de vista: resultados fascinantes en lo experimental, pero, al momento, sin resultados clínicos confiables.
Asimismo, contamos con algunas evidencias como la evaluación temprana y completa de quien ha sufrido un infarto agudo de miocardio, en pos de un completo y minucioso estudio y seguimiento. Además, el desarrollo de nuevas drogas y la investigación genética, seguramente serán de una gran utilidad en el futuro.
–En los últimos años, ¿cuáles fueron las grandes revoluciones en cardiología?
–No hay revoluciones sino progresos paso a paso. Supuestas “revoluciones”, como la terapia con láser, la cardiomiplastia, la ventriculectomía parcial lateral, fueron publicadas como tales y ahora están en el “cementerio del elefante”, pues se han abandonado totalmente. Por el contrario, los progresos paso a paso son numerosos en las últimas décadas. Uno es el tratamiento del infarto agudo mediante angioplastia, progreso importante que disminuye fuertemente la mortalidad después del infarto del miocardio; otro es el tratamiento de la insuficiencia cardíaca mediante fármacos y su coordinación con el tratamiento quirúrgico y el transplante cardíaco; asimismo, el diagnóstico prenatal de cardiopatías severas y su posibilidad de tratamiento intraútero.
–Usted viaja por el mundo dando conferencias, ¿cuál es su mensaje?
–No soy un profeta ni un gurú. No doy un mensaje –se ríe–. Soy simplemente un trabajador de la cardiología. Hay que hacer todo lo posible para evitar la miocardiopatía isquémico-necrótica post infarto. Por eso me gusta promover el trabajo interdisciplinario. Realmente pienso que la cardiología es una unidad en la que las sub-especialidades deben trabajar en forma conjunta: no existen muros entre ellas. Ese es mi mensaje. Los cirujanos, los cardiólogos clínicos, los hemodinamistas –quienes trabajaban con los catéteres–, los anestesiólogos, e intensivistas –son quienes se desempeñan en terapia intensiva–, deben evaluar conjuntamente al paciente. Ya no se da más el escenario en el que el cardiólogo, desde su escritorio, trabaja solo y decide lo que hará con su paciente. La cardiología está pensada para trabajar hoy como un team –equipo–, un grupo que debe tomar resoluciones en conjunto para evitar el avance de esta enfermedad que causa estragos en el corazón.

Su primera vez
El doctor Vincent Dor no conocía nuestro país, aunque considera que tiene un nivel excelente en cardiología, tanto en hospitales públicos como privados.
–¿Conoció a René Favaloro y su trabajo?
–Sí, lo conocí cuando estaba promoviendo la cirugía de bypass coronario en Cleveland –Ohio, Estados Unidos–, y ya tenía una destacada reputación a nivel mundial. Lo encontré durante reuniones en el exterior, pero nunca en Argentina. Su muerte causó gran conmoción a todos los cirujanos cardíacos.
–¿Qué impresión se lleva del país?
–Es mi primera estadía en Argentina, y como francés y con un discurso europeo, me siento cómodo en este país. Obviamente, su mezcla de raíces italianas y españolas le da una atmósfera que lo hace instantáneamente cálido a sus visitantes.

1. Aneurisma anterseptal apical. 2. Sutura del parche a nivel endocárdico. 3. Restauración de curvatura y medición de volúmenes ventriculares. 4. Reconstrucción con parche endoventricular.