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Cuando los sueños corren

De muy chico partió al exterior con la ilusión de ser piloto profesional. Hoy, José María Pechito López está a un paso de correr en Fórmula 1. Mientras intenta seguir los pasos de Fangio, comparte a toda velocidad sus experiencias y anécdotas..


Con esa valentía inconsciente que otorga la infancia, subió a su karting decidido a afrontar su primera carrera. Aún no había cumplido los 10 años. Segundos después de la largada, bastó que un rival lo rozara en la curva para que diera dos vueltas en el aire. “Lo más gracioso fue que, como el karting no se había hecho nada, mi papá me preguntó si quería seguir. Pero yo le dije que creía que estaba quebrado. ¡Mentira, pero fue lo único que se me ocurrió decirle para no seguir!”. El debut no fue promisorio, pero quien ríe último…
El que recuerda sus comienzos en las pistas de tierra de Río Tercero es José María López (23 años), piloto de automovilismo en la categoría GP2 Series. Palabras más, palabras menos: la antesala de la Fórmula 1. Acaso, un sueño que cobra visos de realidad cuando Pechito prueba, para la escudería Renault, en los shakedown (chequeo previo a cada Gran Premio de la F1). O, por qué no, cuando se calza el buzo antiflama del campeón mundial Fernando Alonso. ¿Pero cómo llega este cordobés a colarse entre la high class de los fierros, ser la gran promesa nacional e intentar seguir las huellas de Juan Manuel Fangio? Como todo tiene un principio…



De Río Tercero a Italia

José María y Mabel son dos nombres que sellaron la fortuna de Pechito. “Fueron fundamentales en mi vida personal y deportiva. Mi realidad responde al apoyo que me brindaron. Muchas veces tuvieron que sacrificar y privarse de cosas para que yo pudiera hacer lo que me gusta”, reconoce el hermano menor de Gaspar (28) y Tamara (25); y el mayor de Juan Manuel (15).
Quien hoy reside en Middle Barton (una pequeña ciudad cercana a Oxford, Inglaterra) evoca cuando, en un Día del Niño, José María padre le compró su primer karting –que, a propósito, no arrancaba–. “Nos dirigimos a una pista cerca de casa y me empezó a empujar para darle arranque, ¡pero el bendito no quería encender! En un momento, me doy vuelta porque no me estaba moviendo y lo encuentro a varios metros, tendido sobre la pista, con mi madre reanimándolo. ¡Había dado una vuelta completa al circuito tratando de que el karting prendiera!”, rememora.
No había revés que pudiera con su pasión, más allá de algún coqueteo con el tenis o el rugby. “Lo que mejor me salía era correr”, admite. No se equivocaba como tampoco lo hicieron Walter Bosano y Pablo Scalerandi, personas que confiaron en él desde la hora cero.
Y comenzó el rally (no literalmente, claro). En 1993, recorrió Córdoba con un bus de línea urbana fuera de circulación. “Lo adaptamos a nuestras exigencias, con baño, camas, cocina –¡hacíamos unos lomitos!– y hasta un tallercito. Viajábamos adonde se compitiera. Gané mi primera carrera sobre tierra, y dos sobre asfalto”, se enorgullece.
Al año siguiente ya brillaba en los kartódromos y hasta viajó a San Pablo (Brasil) para presenciar seminarios sobre el tema.
El gran cambio se produjo cuando José María empezó a correr para la fábrica CRG. Antes, tuvo que pelear por su lugar: se trasladó a Italia para competir junto a otros dos pilotos. Fue el más rápido de los tres, lo que le valió ser parte del Mundial de Ugento. “Cuando los que me habían acompañado volvieron a Argentina, me di cuenta de que me había quedado realmente solo”, dice. Y allí se despidió de los suyos; la ciudad de Faenza y el Viejo Continente aguardaban por su talento. Tenía apenas 15 años.

Crecer de golpe
Con Ayrton Senna como ídolo y Juan Manuel Fangio como guía insoslayable, Pechito compite en 1999 en el Open Italiano, en el Campeonato Europeo, el Mundial de Bélgica y lo invitan a ser parte de la Copa del Mundo de Karts en Japón. El amateurismo quedaba definitivamente atrás… y la inocencia también. “En Japón me pasó una… Estaba con el equipo CRG y, antes de volver al aeropuerto, fuimos a pasear. ¡Los perdí de vista en el centro de Tokio; la desesperación fue terrible! ¡No hablaba una palabra en inglés, menos en japonés! (risas) Me acuerdo que lo llamé a mi papá diciéndole que me había perdido, pero desde Río Tercero no podía hacer mucho, ¿no? (risas)”.
José María agrega dos anécdotas más de lo que fue, en definitiva, madurar lejos del pago. “Cuando viajé a Milán, no me llegó la valija y tuve que andar una semana entera con un buzo de carrera. La temperatura era muy pero muy baja, ¡el frío que pasé! O cuando me agarró un terremoto en Faenza. No entendía nada; eran las tres de la mañana y tenía el ropero arriba de la cama”, suelta entre carcajadas.
Mejor preparado, en la actualidad Pechito domina el inglés, el italiano y el francés. En el 2000, la CRG lo nominó Piloto Oficial. “Fue una etapa muy dura, vivía solo en un departamento arriba de la fábrica. Cuando no armaba chasis, los días eran interminables porque estábamos alejados de la ciudad”.
Las épocas del Kart llegaron a su fin. “Efectué el paso lógico hacia el automovilismo; otro mundo, otros tiempos, rectas y frenadas más largas. En el 2002, competí con el equipo CRAM dentro de la Fórmula Renault 2000 Italiana. Logré ganar dos veces el Campeonato Italiano, lo que me permitió, formar parte del grupo de pilotos de Renault. Fue muy especial, porque lideraba palmo a palmo con el piloto Robert Kubica. El torneo ya lo había ganado una fecha antes, pero previo a la clasificación le dieron unos puntos que le habían quitado. ¡Muy raro! No me quedaba otra que correr. Gané y salí campeón”, se emociona.
La travesía prosiguió en Le Mans (Francia), en la Fórmula Renault V6, con resultados prometedores: otro laurel, cinco carreras ganadas, ocho pole position (primero en la clasificación) y ocho récords de vuelta. “Como premio, en diciembre de 2003, probé por primera vez un F1. Fue algo increíble. Viajaron mi viejo y Gaspar. La primera vuelta fue impresionante. No debe haber auto de carrera que acelere tan rápido y tenga una velocidad de curva como un F1. ¡Cuando me bajé tenía un susto bárbaro! (risas). Pensé que nunca me acostumbraría”, confiesa.
“No soy de aquí ni soy de allá”, podría entonar José María, ya que volvió a residir en Italia para disputar la Fórmula 3000 Internacional (al tiempo que seguía con los shakedown), hoy reemplazada por la GP2. Traducido: la hija de la F1 (se corre con monoplazas teconológica y potencialmente similares a las de esa categoría). “En la F3000 logré subir al podio dos veces, así como también conseguí dos récords de vuelta. Al final, terminé en la sexta posición. Después, en los principios de la GP2, viví en Barcelona; allí pude ganar”, relata quien hoy integra el equipo Super Nova y se ubica en el séptimo lugar del certamen.
–Te codeas con Alonso, Schumacher, Barrichello. ¿Acariciás la F1?
–Sí, estoy más cerca que nunca y siento que cada vez me falta menos para poder ingresar de lleno. Adquirí experiencia y madurez en la pista. Eso es algo que se logra sólo con el tiempo. Me siento más completo; sé esperar lo momentos justos, cuándo atacar y cuándo quedarme en el lugar; aunque siempre me caracterizó ser un piloto aguerrido.
–¿Podemos soñar con un argentino en el máximo nivel?
–Primero, sería muy bueno terminar el año de la mejor manera, ganando carreras y siendo protagonista. En 2007 me gustaría ser tercer piloto en la F1 para completar la enseñanza. Y después sí, intentar dar el salto definitivo.

Pechito se permite una pausa en la autobiografía que improvisó en palabras. Sabe que su ilusión es grande, tanto como la añoranza de su Río Tercero natal. “Siempre pienso qué estará haciendo mi hermanito Juan Manuel. También extraño a mis viejos y mis amigos. En los veranos, siempre nos juntamos con la familia en Villa del Dique”.
La distancia es la curva más difícil de tomar. “En la lejanía, es difícil mostrar lo que uno hace, y el sacrificio que eso conlleva. En el deporte de alta competencia, es complicado mantenerse siempre arriba; hoy hablan muy bien y, si las cosas salen mal, no se dice nada. Y a su vez, está el hecho de que todo nos cuesta el doble. Por ejemplo, no tenemos nada que envidiarles a los pilotos brasileros. El problema es que a veces somos dos argentinos contra 30 de ellos. Pero el argentino es fuerte”.
Como en la pista, José María no conoce de titubeos ni dudas. Pisa a fondo el acelerador y guarda presente aquel precepto que perpetuó el inolvidable Fangio: “Hay que tratar de ser el mejor, pero nunca creérselo o pensar que ya lo has logrado”.