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Un tema líquido
Los vinos atrapan cada día a más adeptos. Hasta el cine refleja esta tendencia. Entre copas hace algún tiempo, y ahora el documental de Jonathan Nossiter Mondovino exponen el polifacético orbe de las uvas y su significación en nuestra sociedad. Este universo se esparce a lo largo de anaqueles de vinotecas, góndolas de supermercados y cavas de restaurantes, ofreciendo un panorama tan diverso como asombroso. Pero más allá de estos referentes de la actualidad, lo sustancial es entender su rica diversidad, diferenciar y apreciar sus características, saboreándolos en plenitud.
Argentina sigue siendo uno de los países más consumidores de esta bebida, donde no sólo en ocasiones especiales, sino todos los días, hay en la mesa una copa de blanco, rosado o tinto. Tampoco es mero consumo de eruditos en la materia, aunque se dupliquen las escuelas de sommeliers, los cursos y las ferias. Vale considerar lo que ocurre con la mayoría de nuestra población que, aunque coman solos, para acompañar la comida prefieren 1 copa de alcohol. Ni hablar para una reunión de amigos con asado de por medio. Ahí, el vino se transforma en otro protagonista nacional.
Buenos tiempos para las uvas
Al parecer, la vendimia de esta temporada 2006 superó con creces las diez últimas anteriores. Así lo comunicó el Centro de Licenciados en Enología y en Industria Frutihortícola de la Republica Argentina en su informe oficial de la cosecha 2006, en el que más de 300 enólogos participaron y precisaron que esta recolección fue excepcional. Acreditados enólogos como Angel Mendoza, Juan Carlos Rodríguez Villa y Carlos Fiannanca, entre otros, cotejaron resultados para el testimonio final. La conclusión apunta a que hoy se vive una etapa de manejo vitícola más racional, con mayor capacitación y gestión optimizada, y un notable progreso tecnológico de las bodegas. A ello se suman las condiciones atmosféricas que favorecieron una correcta y equilibrada madurez de las uvas.
Federico Galdeano, enólogo de bodegas Trivento, acordó en que “fue una cosecha de características sanitarias extraordinarias, debido a que tanto las heladas como el granizo han sido escasos durante los meses peligrosos. Además, la primavera y el verano, previos a la recolección, fueron cálidos y secos, lo que derivó en plantas saludables”. Para el primer enólogo de Nieto Senetiner, Roberto González, “en esta cosecha se van a destacar los tintos, especialmente el Malbec. También serán de muy buena calidad los Cabernet Sauvignon, Merlot, Bonarda y Syrah”. Nuestra geografía hace lo suyo. Por algo, bodegas prestigiosas, como Möet Chandon, decidieron en su día instalarse en nuestro país, considerando las bondades de nuestra tierra capaz de producir vinos para todos los gustos. Chandon realizó grandes inversiones, y llegó a una capacidad de almacenamiento de 17.000.000 de litros. Cuenta con 500 hectáreas de viñedos propios, donde dedican sus esfuerzos en más de siete variedades de uvas.
Sabias sugerencias
El ingeniero Manuel Mas, marketing wizard (según lo define el propio Miguel Brascó), de la refinada Finca La Anita, recomienda dos cosas: probar muchos vinos y dejarse llevar por la propia intuición. “Observe fundamentalmente cuál vino de los probados genera ganas de seguir tomando, diferenciándolos de aquellos que, pese a sus alegados aromas de frutas extrañas y a otras sensaciones verbalmente sofisticadas, no nos atraen a una segunda copa”. Luego agrega: “Pensemos en un vino como se piensa en otras situaciones placenteras de la vida, una película que recomendaría a un amigo, un lugar al que le gustaría volver, música que quisiera nuevamente escuchar, sin dejarse influir por pautas publicitarias o mensajes literarios, que sobreabundan en el mundo de los vinos”.
Julio Viola, presidente de Bodega del Fin del Mundo, es más directo aún. “Consuman vino no sólo para acompañar una comida, sino como un placer en sí. Prueben variedades nuevas, regiones distintas, adiestrando sus sentidos mientras descubren los del vino. Cómprenlos de distinta procedencia, y distintas variedades y, a ciegas, sin saber qué están degustando, traten de identificar las variedades, descubrir qué les gusta más de cada uno y cuán influenciados están por ciertos preconceptos. Aprendan a disfrutar del vino prescindiendo de ideas preconcebidas”
Panorama de los gustos
En el horizonte de los vinos argentinos y frente a las múltiples corrientes del mercado internacional, los especialistas definen un escenario atractivo. Dice Julio Viola: “El panorama de los vinos argentinos no es muy diferente al de otros productos de exportación. Tenemos opciones excelentes y con una buena relación calidad-precio, pero competimos con monstruos del marketing total como Estados Unidos y Australia, y, además, con los grandes productores como Francia, Italia, España y Portugal que tradicionalmente coparon el mercado. Bodega del Fin del Mundo tiene, puntualmente, la ventaja de la designación Patagonia, algo que genera considerable interés en todo el mundo. Pero, abrir mercados y mantenerlos en el tiempo, implica un gran esfuerzo por ofrecer máxima calidad a precios competitivos. Un esfuerzo de las empresas y un compromiso por parte del gobierno. Es nuestro gran desafío como país en el terreno de las exportaciones”.
“En la actualidad –añade Manuel Mas– en aras de imitar modas extranjeras, el estilo de los vinos argentinos se muestra algo desorientado. Se empezó entronizando de modo absoluto a los varietales, buscando impactar al consumidor con mucha madera, vinos hiperconcentrados, frutas mermeladosas que terminan por empalagar.”. Y agrega: “Son como vinos para ganar medallas en concursos, para que uno diga ¡mirá que bárbaro! con el primer sorbo, pero que al final más de la mitad queda en las copas. Creo que esta tendencia poco a poco habrá de aminorar, tanto en el consumidor como en las bodegas y se volverá a gustos más tradicionaless, vinos más tranquilos, fáciles de beber, que añejen bien, con énfasis mayor en la elegancia, los aromas refinados y el paladar amable de perfiles argentinos”.
Jancis Robinson, editora del Oxford Companion to Wine, publicó recientemente en su influyente columna del Financial Times que, contra la inquietante uniformización del vino en todo el mundo, hay que favorecer y desarrollar los cepajes autóctonos de calidad y consumo minoritario, para que poco a poco se recupere la diversidad y la singularidad. En tal sentido, Argentina pareciera, entonces, estar yendo por el buen camino. Cultiva el abanico de cepajes más amplio en todo el mundo. Y con algunas variedades literalmene únicas, como el Malbec, el Torrontés, el Bonarda y, de alguna forma, el particular Syrah de los valles sanjuaninos.

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