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El factor masculino
Cuando la infertilidad de la pareja es atribuible, en forma parcial o total, a un problema del hombre, la medicina lo denomina “factor masculino”. El factor masculino es “leve” o “moderado” cuando el problema se soluciona fácilmente, con técnicas poco invasivas. El factor masculino es “severo” cuando son necesarios tratamientos de alta complejidad para lograr la fecundación.
Según el Dr. Omar Layus, andrólogo de Instituto Médico Halitus, las causas de la infertilidad masculina pueden dividirse en tres categorías.
Las causas pre-testiculares están relacionadas con la producción de hormonas. La glándula pituitaria libera las hormonas folículo-estimulante (FSH) y luteinizante (LH), encargadas de estimular la producción de testosterona que, a su vez, participa en la producción de espermatozoides. Una alteración a nivel hormonal tiene, por lo tanto, consecuencias en la calidad espermática del hombre.
Dentro de las causas testiculares, la presencia de un varicocele –vena en el exterior del testículo que aumenta la temperatura escrotal y crea un clima poco favorable para la producción de espermatozoides sanos– es el problema más común. “Están presentes en el 15% de los hombres, y lo sufre el 45% de quienes ingresan a un centro de fertilidad”, explicó Layus. Por último, las post-testiculares tienen que ver con la obstrucción de alguna de las vías de salida del esperma (como la vía seminal) o con la ausencia (o baja concentración) de espermatozoides en el momento de la expulsión.
Estas causas –genéticas o fisiológicas– pueden estar agravadas por factores externos que se dieron durante la vida del hombre: la contaminación ambiental, el tabaco, y el uso de drogas –como la marihuana y la cocaína– pueden afectar de manera negativa la calidad del esperma.
La edad del hombre es otro de los puntos que se empieza a tener en cuenta. Pero mientras que en la mujer la edad es uno de los factores fundamentales a la hora de dar un pronóstico de fertilidad, en el hombre parece tener un rol menos importante. “Un estudio que se realizó recientemente en Francia demostró que después de los 40 años, los espermatozoides del hombre empiezan a perder capacidad para fertilizar al óvulo”, contó el Dr. Ramiro Quintana, subdirector del IFER. “Sin embargo, los resultados todavía no son concluyentes ni pueden compararse con la importancia de la edad en la mujer”.
Un diagnóstico difícil
El estudio fundamental para diagnosticar la infertilidad en el hombre es el espermograma, y se necesitan, por lo menos, dos o tres para dar un diagnóstico preciso.
El espermograma mide la concentración espermática, estima la motilidad de los espermatozoides (habilidad para avanzar) y realiza un examen de morfología (forma).
Al espermograma se suman otros estudios básicos que son necesarios para dar un pronóstico de fertilidad, entre ellos un perfil hormonal (para evaluar los niveles de testosterona y FSH) y un eco doppler para detectar la presencia de varicocele.
En el 15% de los casos, los estudios no logran determinar por qué la pareja no consigue el embarazo. “Se lo denomina esterilidad sin causa aparente y es, ni más ni menos, que la imposibilidad de la medicina de dar un diagnóstico preciso”, explicó Quintana.
Los expertos coinciden en que un diagnóstico de infertilidad repercute de manera distinta en el hombre y en la mujer. “La reacción inicial del hombre es de angustia: ven disminuida su imagen masculina y se juzgan negativamente. Dependiendo de cómo lo toma la pareja, en algunos casos recomendamos ayuda psicológica”, contó Layus.
Según Quintana, son muchos los hombres que piensan que los problemas para concebir están relacionados con su función sexual, pero “una vez que se les explica que la reproducción no tiene nada que ver con la sexualidad, el grado de aceptación es distinto”.
Tratamientos y novedades
Una vez realizado el diagnóstico, el especialista deberá decidir cómo tratar el problema. Se tendrán en cuenta las causas de la infertilidad, por supuesto, pero también el grado de complejidad del tratamiento y el precio. Los tratamientos de baja complejidad, explica Isabel Rolando, presidente de la Asociación Concebir, un grupo de apoyo para parejas con trastornos en la reproducción, se realizan en centros privados y en hospitales públicos.
“Cuando la pareja requiere un tratamiento de alta complejidad, el hospital la deriva a centros privados con convenio, y la pareja pasa al centro como paciente hospitalario, pagando la mitad de los honorarios que en un centro privado. Las obras sociales y las entidades de medicina prepaga no cubren ni diagnóstico, medicación, ni tratamientos porque aquí no se considera la infertilidad como una enfermedad, que según la OMS lo es, por lo tanto al no haber Ley de Reproducción Asistida no hay cobertura para nuestra problemática”, asegura Rolando, quien además es ex paciente.
La inseminación artificial intrauterina (IUI) es un tratamiento de baja complejidad y consiste en introducir una cantidad de semen en el útero de la mujer para facilitar la fecundación. Se obtienen mejores resultados cuando la inseminación coincide con la ovulación inducida con medicamentos. La tasa de éxito es del 10 al 15%, con lo cual muchas veces es necesario repetir la inseminación. Sin embargo, después “de 4 a 6 intentos fallidos la tasa de embarazo disminuye por lo que se prefiere, en general, encarar un procedimiento de fertilización asistida de alta complejidad”, explicó Osés, quien dirige uno de los principales bancos de semen de la Argentina.
La Fertilización In Vitro es el método de fertilización más utilizado en el mundo y su tasa de éxito ronda el 40% de los casos. El tratamiento consiste en retirar uno o dos óvulos de los ovarios para fertilizarlos con el esperma del hombre en el laboratorio y después transferir los embriones al útero para ser implantados.
A la Fertilización In Vitro se suma, desde hace algunos años, un nuevo método denominado ICSI (Inyección Intracitoplasmática de Esperma), que revolucionó el mundo de la fertilidad. El ICSI consiste “en sujetar un solo óvulo y penetrarlo con una aguja. Por la aguja se introduce un espermatozoide que, en el 60 ó 70% de los casos, logra fertilizar al óvulo”, explicó Osés. Entre dos y tres días más tarde, el embrión puede ser introducido en el útero.
Este nuevo método solucionó muchos de los casos de factor masculino severo, porque facilita muchísimo el proceso de fecundación. Inclusive en los pacientes que sufren de azoospermia (ausencia de gametas en la expulsión), los espermatozoides pueden ser extraídos directamente del testículo mediante un biopsia.
La fertilidad de a dos
“Claro que la fertilidad es de a dos. El pronóstico de fertilidad de un hombre depende de la mujer a quien quiera embarazar”, aseguró Osés.
Los expertos insisten en que resulta imposible separar un diagnóstico del otro y que para dar un pronóstico completo es necesario tener en cuenta el tiempo de exposición de la pareja al embarazo, la edad de la mujer, el espermograma y los estudios ginecológicos.
La paternidad está cambiando, y hoy los hombres viven el proceso de buscar el embarazo codo a codo con la mujer. “Están muchísimo más involucrados y se angustian de la misma manera que sus esposas”, aseguró Layus. El proceso implica soportar la frustración de tratamientos que fracasan y deseos que no se concretan.
Sin embargo, cuando las expectativas se cumplen, la gratificación no tiene precio.

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