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Ante nosotros… el progreso
Consciente o inconscientemente, la tecnología opera las 24 horas, full time. Bastará levantarse para calentar el desayuno en el microondas, utilizar el lavarropas (que calcula el nivel de agua apropiado, la cantidad de detergente y el tiempo de lavado), secar la ropa (no al aire libre, sino por medio de un dispositivo que, además, elimina arrugas, marcas y olores), o mandar un e-mail (en detrimento de las tan seductoras cartas escritas a mano). El precepto parece: hacer lo mismo que antaño, pero de manera diferente.
“Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) impactan con una velocidad sorprendente”, agrega De Bernardis. “Están presentes en lo que nos rodea, aunque, a veces, menos perceptible. Por ejemplo, la electrónica de los automóviles: hasta los modelos más simples incorporaron microcomputadoras para controlar las funciones vitales del vehículo, como el motor, sistemas de seguridad, seguimiento satelital y de identificación por radiofrecuencia –que se utilizan en las llaves inteligentes, que permiten abrirlos a distancia–”. ¿Cuán diferente lo habrá imaginado Karl Benz cuando, en 1886, patentó el primer auto?
Por su parte, la polifuncionalidad de los celulares contribuyó a los quehaceres del día. “En un principio, se compraban teléfonos móviles sólo para hacer llamadas de voz. Ahora, conceden escribir mensajes de texto, tener una agenda electrónica, escuchar música y sacar fotos (¿qué suerte correrá el revelado?). Integran en sí, multiplicidad de usos y costumbres. Hasta ya se habla de dispositivos multimedia que puedan reemplazar a la PC”, adelanta Jorge Aguilera, gerente de Comunicaciones Corporativas de Nokia Latinoamérica. “La vida cotidiana se ha modificado drásticamente a raíz del uso del teléfono celular; tanto en lo profesional como en lo personal. Cuando se lo olvidan en sus casas, las personas regresan a buscarlo. Allí poseen lo que necesitan”. Según el INDEC, tres de cada cuatro argentinos tiene un celular. E internacionalmente, durante 2005, se vendieron más de 825 millones de aparatos.
El Sistema de Posicionamiento Satelital (GPS) es otro paso adelante que da la ciencia. “Se aplicó siempre al seguimiento vehicular y ya se comienza a utilizar para seguridad personal, tanto a nivel corporativo como familiar”, detalla De Bernardis.
El futuro se impone. ¿Estamos preparados frente a semejante aluvión? “Según la teoría moderna, podemos dividir a la población en dos grupos: los ‘nativos’, menores de 20 años que nacieron con la tecnología; y los ‘inmigrantes’, el resto de los ciudadanos. Cuanta más edad tenés, más ‘inmigrante’ sos. Pero no hay otra alternativa que migrar, porque estar fuera de la onda tecnológica, es estar fuera de la sociedad”, sentencia Moiguer.
Internet, la gran vedette
¿Cuántas dificultades dejaron de subsistir con la irrupción de la tecnología? ¿Cuántos beneficios sobrevinieron? La computadora es, sin dudas, un claro ejemplo de ello. Quizá, su pariente lejano sea la perdida en el olvido máquina de escribir. En contraposición, estudiantes santafesinos ya diseñaron un dispositivo con el que se podrá escribir en la PC… soplando.
Y paralelamente, claro, la Red. “Internet nos facilitó la existencia”, asegura Susana Finquelievich, investigadora del CONICET. “Sus dos conceptos fuerza son: aceleración e instantaneidad. En la sociedad del conocimiento, el insumo más importante es la información, que genera conocimiento. Vivimos en la era donde todo sucede en tiempo real. Y acontecen hechos antes impensados: ¡mando un mail que se recibe en segundos! Se actúa, se trabaja y se vive en red. La comunicación no es bidireccional, sino que tiene trayectorias múltiples”.
Según la investigadora, la Red es un elemento socializador que le alteró el devenir diario a gran parte de la población Moiguer analiza, en cuanto a Internet, a “inmigrantes” y “nativos”. “Los primeros, los que construyeron su lógica desde un libro, tienen una manera de navegar muy ordenada. Con principio, desarrollo y fin. Son más cuidadosos, inseguros. En cambio, los segundos, navegan por navegar; a la deriva, con el relax de quien se deja flotar. Los ‘inmigrantes’ nunca lo tomarán así. El padre le enseñaba al hijo; ahora el proceso se invirtió”, concluye.
“Hay mucho miedo a la tecnología”, coincide Finquelievich. “Una resistencia incomprensible, si se entiende lo provechosa que es”.
¿Para bien o para mal?
Los adelantos no están exentos de acarrear dolores de cabeza. Y es literal, ya que, por ejemplo, el abuso de la computadora provoca cefaleas, problemas visuales y trastornos en cuello, muñecas y espalda (por mala posición). Usar el MP3 a altísimo volumen también genera dificultades auditivas.
Asimismo, la adicción por lo último de lo último puede inducir a obsesiones irreversibles. “Vivimos atentos a los mails, al celular, la palm; y allí, la calidad de la relación personal pierde significado”, dice De Bernardis. “La tecnología refuerza las redes sociales, pero del mismo modo juega en contra. Hablamos de la virtualización del juego de los niños; no está mal, aunque no se deben perder los juguetes de madera, la canción de cuna o el cuento antes de ir a dormir”.
Entonces, ¿vivíamos mejor antes o ahora? “Nuestra vida se tornó más acelerada, nos exige estar siempre alerta”, define Balardini. “Es un mundo con más incertidumbres, exigencias y riesgos. Lo permanente es el cambio. No te da descanso, ni tenés garantizado el lugar donde te dejarán los futuros movimientos. Antes, el cambio era algo que acaecía después de un tiempo en que las cosas permanecían igual. Se perdieron estabilidades, pero se ganó flexibilidad frente a la rigidez”.
En lo que se refiere a relaciones interpersonales, la aislación es un gran mito que ronda a la tecnología. Finquelievich lo derriba: “Estamos más comunicados. No es cierto que antes nos relacionábamos mejor. Según estadísticas, el tiempo que le disponemos a Internet, se lo restamos a sentarnos frente a la TV. El contacto cara a cara tampoco disminuyó. ¿O el chat, los mensajes de texto, no son maneras de organización para reunirse? ¿Acaso el teléfono atentó contra el contacto personal?”. “¿La escritura debió dejarse de lado porque destruía la memoria oral?”, se suma Balardini. “La carta quedó en el orden romántico o el arte. El mail cambió la concepción de tiempo y espacio, la percepción de las distancias. ¿O las mujeres desean regresar a las épocas de subordinación, en vez de profundizar el reconocimiento que supieron obtener?”.
¿Podríamos, acaso, vivir sin los avances tecnológicos? “No hay que ser cínicos. La respuesta es ‘no’. Estos son fusión y soporte de nuestras actividades. No es posible volver hacia atrás. El progreso no nos resuelve la vida en el sentido de las utopías, pero tampoco nos trae problemas. Ni tecnofilia ni tecnofobia”, reclama el psicólogo.
Tal vez, la mesura sea la mejor aliada ante las bondades que brinda la modernidad. De Bernardis bien lo grafica: “Hay que lograr un equilibrio. La tecnología es útil para mejorar nuestra calidad de vida, pero de ninguna manera debe ser la base de nuestra existencia”.

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