De un tiempo a esta parte, una afección que podría calificarse de moderna y a la que algunos ya han dado en llamar “la enfermedad del siglo XXI”, se ha instalado en los consultorios médicos. Se trata de la Fibromialgia (FM), cuya característica fundamental es un profundo dolor en los músculos del cuerpo a nivel general, y la causa de que se le atribuya a nuestros tiempos tiene que ver con que es frecuentemente asociada a un actor que ha pasado a ser protagonista en la vida diaria actual: el estrés.
“La fibromialgia, fibrositis, reumatismo no articular, reumatismo de partes blandas, es una enfermedad reumática no articular que cursa con dolor musculoesquelético crónico, que posee puntos dolorosos bien definidos, presenta rigidez y fatiga muscular y trastornos en el sueño”, define el doctor Alfredo Arturi, Profesor titular de la Cátedra de Posgrado de Reumatología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata y presidente electo de la Sociedad Argentina de Reumatología. Arturi explica que la causa de esta afección es desconocida, pero que se le implican factores emocionales, enfermedades autoinmunes e infecciones virales como desencadenantes.
“A nivel psíquico hay síntomas como irritabilidad, estado de ánimo depresivo, ansioso, nerviosismo”, detalla la médica psiquiatra Aída Solodki, magíster en Psiconeuroinmunoendocrinología por la Fundación Favaloro y miembro de la Asociación de Psiquiatras Argentinos. Solodki, quien habla con conocimiento de causa ya que sufre los padecimientos de esta enfermedad, agrega: “A la FM la relacionamos íntimamente con el estrés, aunque no quiere decir que el cien por cien de los pacientes lo haya tenido, sino que muchas veces es un disparador de esta patología. Pensamos así porque puede aparecer después de una situación de estrés, ya sea físico, como una cirugía o un accidente; o psíquico, originado por la pérdida de un ser querido, de un trabajo, una crisis vital o ante situaciones estresantes como un casamiento”.
Solodki, quien realizó un trabajo de estudio de esta afección junto a una psicóloga, menciona las cifras que arroja la fibromialgia: “Afecta aproximadamente un 3% de la población general y más a mujeres que a hombres, en una proporción de 9 a 1”. En su mayoría, dice, los más afectados son personas de entre 30 y 50 años, “aunque se ha visto en niños y ancianos también”.
Joven, moderna y dolorosa
Además de atribuirla al siglo XXI, algunos también la apodaron como la “enfermedad silenciosa”. Es que la fibromialgia no se manifiesta de ninguna manera a la vista de quienes no la padecen. Además, afirma Solodki, “no es evidencial por ningún tipo de estudio”, lo que significa que no puede ser detectada por análisis de sangre, radiografías o tomografías, por ejemplo. “El diagnóstico sólo puede establecerse a través de los síntomas clínicos que presenta el paciente. Muchas veces la FM está emparentada con el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), por algunos síntomas en común, pero lo que las diferencia es que en la FM prima el dolor y en la SFC, la fatiga”.
En rigor, tal como lo estableció en 1990 el Colegio Americano de Reumatología (American College of Rheumatology), una persona sufre de fibromialgia cuando el dolor aparece en 11 o más de 18 puntos dolorosos específicos, en forma sostenida y durante al menos tres meses.
En la práctica, se trata de un problema de difícil diagnóstico, por el cual, a menudo, los pacientes que la padecen suelen recorrer un largo camino que incluye la visita a varios especialistas antes de que uno de ellos dé en la tecla. “El paciente va al clínico, el clínico lo manda al traumatólogo o al reumatólogo, y así va pasando de un médico a otro con este dolor”, cuenta Solodki, basada en su experiencia personal y de consultorio. Acerca de esta instancia de detección, la psiquiatra explica: “El médico hace un interrogatorio que incluye preguntas acerca de cómo duerme, cuál es el estado de ánimo, dónde le duele. En principio se va al clínico, y este evalúa si lo derivará al reumatólogo, que, por lo general, tiene más presente a esta enfermedad”.
Cambio de vida
La fibromialgia, con su dolor generalizado y permanente y sus síntomas asociados –a los que se pueden sumar falta de concentración y dificultades de memoria–, le cobra caro al que la padece: “Todo lo antes mencionado trae aparejado mala calidad de vida, dolor crónico, mal dormir y alteraciones emocionales”, explica el Dr Arturi. Por su parte, Solodki agrega: “La FM no es una enfermedad grave, ni invalidante, pero sí afecta la calidad de vida de quienes la padecen. Desde lo anímico, una persona que no duerme bien está cansada, el cansancio y el sueño no reparador traen irritabilidad, mal humor. Además, a veces los pacientes con FM tienen depresión y ansiedad, y dichos estados de ánimo se ven reflejados, en lo laboral, con bajo rendimiento y dificultad en la concentración; y en lo social, a veces trae malestar en los vínculos interpersonales”.
Ahora bien, ¿cómo atenuar todo esto? “El tratamiento de la fibromialgia requiere de un abordaje multidisciplinario adecuado, es necesaria la utilización de un tratamiento físico, psíquico y médico. Tanto los pacientes como sus familiares deben ser informados sobre la patología”, afirma Alicia Bertotti, médica neuróloga y fisiatra a cargo de la Sección de Neurofisiología Clínica del Hospital Alemán y jefa de la misma División en el Hospital de Clínicas.
La especialista menciona la importancia de que los pacientes confíen en el profesional que los atiende y resuelvan sus dudas, “dado que ellos sienten que su enfermedad es progresiva y que pueden quedar discapacitados. Se le debe enseñar sobre los factores que agravan sus estados. La fatiga, la vida sedentaria, la ansiedad y la falta de sueño pueden exacerbar los síntomas”, agrega Bertotti.
Terapias
“Para ayudar a modular estos factores –enumera– es necesario un clima cálido, con duchas calientes, actividad corporal adecuada, relajación y un buen sueño reparador. La terapia corporal ocupa un papel integral como parte de la resolución de los síntomas. Se realizan programas de actividad física general asociados a hidroterapia, con ejercicios aeróbicos en piletas con agua climatizada. Tanto el masaje profundo como la terapia mediante calor son beneficiosas. Algunas veces se utiliza TENS (estimulación nerviosa transcutánea) así como infiltraciones sobre los puntos dolorosos característicos de la enfermedad”.
Otro de los aspectos importantes del tratamiento es la terapia médica. Bertotti explica que consiste en el control del dolor, la reducción de la inflamación, la medicación específica para mejorar el sueño y antidepresivos. “Se utilizan antidepresivos tricíclicos y drogas antiinflamatorias no esteroideas. Los pacientes con fibromialgia suelen ser muy sensibles a la medicación, razón por la cual debe iniciarse el tratamiento con dosis muy bajas teniendo en cuenta la tolerancia del paciente”, concluye.
Un tercer factor para tener en cuenta a la hora del tratamiento es la psicoterapia. “En principio –dice Aída Solodki– si asociamos a la enfermedad con una situación de estrés, hay que trabajar sobre cuál ha sido el disparador”. En este sentido, la psiquiatra sugiere que el tratamiento debe ser de tipo psicoeducacional, es decir, que enseñe y ayude a los pacientes a vivir mejor a pesar de su problema, “que se le den pautas como ‘levántese todas las mañanas y haga una actividad física, camine o nade’”, ejemplifica, y concluye: “Uno tiene que aprender a diferenciar qué es lo importante y qué no lo es, cuáles son aquellas cosas que merecen que afecten el organismo”.
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