Un ejecutivo entra en su oficina. En ese instante, un androide femenino toma su saco y deja una taza de café sobre su escritorio, mientras le recuerda las citas del día y las tareas pendientes. Simultáneamente, esta secretaria electrónica sincroniza las anotaciones grabadas en su memoria con las de la computadora portátil de su jefe. Tras una larga jornada de trabajo, el empresario regresa a su casa y, durante el trayecto, envía una orden a su robot hogareño para que encienda la calefacción, comience a preparar su cena y le prepare un baño relajante. No, no. No se trata de la descripción de una escena de una película de ciencia ficción. Aunque podría serlo. Según estiman los especialistas de Euron, la red de robótica europea, en menos de 20 años será habitual encontrar en todas las casas y compañías un robot que haga más sencillas las labores diarias.
De todas formas, en algunos sectores económicos –como el agropecuario, la industria automotriz, las fábricas de alimentos y las de bebidas–, la presencia de robots ya es un hecho. También se utilizan estas máquinas inteligentes en ciertas universidades, investigaciones espaciales y actividades militares. “Por ahora se trata de un mercado en el que se invierte en investigación y desarrollo mucho más de lo que se recauda, pero todos los fabricantes tienen en claro que en breve el esquema se invertirá”, resume Gonzalo Zabala, docente investigador de la Facultad de Tecnología Informática de la Universidad Abierta Interamericana (UAI).
Clasificación
Los robots pueden catalogarse teniendo en cuenta diferentes aspectos. Robótica de Mendoza, el portal especializado de Mendoza.edu.ar, menciona diversos tipos de clasificaciones, pero la más conocida es la que los divide de acuerdo con su arquitectura. En este caso pueden ser: androides (parecen y actúan como los seres humanos), móviles (tienen patas y ruedas para desplazarse según su programación), zoomórficos (imitan a seres vivos), médicos (prótesis para disminuidos físicos) e industriales (realizan en forma automática determinados procesos de fabricación). Además, están los teleoperadores, que pueden o no considerarse robots porque los controla remotamente un operador humano. Por lo general, son muy sofisticados y muy útiles en entornos peligrosos, como pueden ser los residuos químicos o la desactivación de bombas. Y, por último, están los híbridos, robots compuestos por la combinación de una o más de las categorías mencionadas.
Pero también se clasifican según las tareas que desempeñan: industriales, de entretenimiento, militares, de investigación, domésticos y de seguridad. Entre los más desarrollados se encuentran los industriales, que son mundialmente adquiridos por compañías para sistematizar sus procesos y ahorrar dinero. Los robots militares son los más cuestionados porque se utilizan para destruir vidas humanas. “Lamentablemente este rubro avanza a pasos agigantados. Casi la totalidad de los proyectos de investigación que cuentan con los mayores presupuestos están vinculados al desarrollo de este armamento autónomo”, destaca Zabala. Dentro de la categoría de robots de investigación, la Argentina ya está avanzando. Uno de los principales fabricantes locales es Xior, quien vende sus creaciones al Conicet y a varias universidades. Los robots domésticos son aquellos que ayudan en los quehaceres de la casa, los que resuelven las tareas más desagradables para los humanos. Mientras que los de entretenimiento, como su nombre lo indica, sólo buscan divertir a sus dueños. Luego se encuentran los humanoides, semejantes al hombre y con una asombrosa movilidad, aunque todavía falta desarrollar su inteligencia para que puedan ejecutar tareas más complejas. Y, por último, los robots de seguridad, que se adaptan a diferentes mercados. Xior, por ejemplo, tiene los suyos para instalaciones de petróleo, donde reemplazan a las personas en tareas peligrosas. También se utilizan en fábricas, minas e instalaciones nucleares. “Además, estamos trabajando en aplicaciones de seguridad domésticas, como un robot que pueda ser controlado por celular. La idea es que el usuario llame y, por ejemplo, pueda pedirle determinados datos de la casa”, cuenta Julián da Silva de la empresa.
Situación del país
Por ahora la fabricación de robots en la Argentina es escasa. Algunos protagonistas de este mercado aseguran que, entre los principales problemas, se destaca la mala infraestructura de producción. “El país tiene una gran capacidad de desarrollo, sin embargo, la alta tecnología no está disponible”, sostiene da Silva. Y agrega que es necesario que se agilicen los procesos de importación. “Si tengo que ingresar al país una pieza que aquí no se fabrica, debería poder hacerlo de manera más sencilla. También considero fundamental que haya mejores proveedores, con productos de calidad similares a los que se venden en el exterior. Y que aseguren continuidad de sus productos para que podemos fabricar en escala. Por último, sería bueno contar con más créditos para las empresas tecnológicas”, señala.
Por su parte, el docente de la UAI afirma: “Es imprescindible una política nacional y de largo plazo para poder insertarse de a poco en este campo. Mi visión es un poco pesimista. Como están dadas las cosas hoy, sólo podremos aspirar a tener localmente un taller de reparaciones de robots. Un proyecto mediano de investigación, en la Universidad de Carnegie Mellon, de los Estados Unidos, tiene el mismo presupuesto anual que todos los proyectos de investigación de la Argentina juntos durante una década”. Según Zabala, para cambiar esta situación es fundamental aunar esfuerzos entre las empresas, las universidades y el Estado, realizando proyectos de larga duración.
Los más famosos
Hay algunos robots que ya son ‘estrellas’ debido a la cantidad de unidades vendidas, su popularidad y sus innovadoras y atractivas formas. Uno de los más populares dentro del rubro doméstico es, sin dudas, la aspiradora Roomba, fabricada por iRobot. Está entre los más vendidos en la historia, sin embargo, no hace tareas muy complejas ni tiene formas muy divertidas. Limpia los pisos al igual que una aspiradora, pero se maneja solo, recorre la casa y atraviesa las diferentes superficies. Además, posee un censor que impide las caídas y los golpes. Cuesta aproximadamente US$ 300.
Entre los de entretenimiento, el más famoso es, sin dudas, el perrito Aibo, de Sony. Se trata de un entrañable robot-canino que mueve su cola cuando está contento, juega, aprende de la experiencia, reconoce a sus dueños, responde a sus órdenes y manifiesta sus sentimientos con luces. Pero no sólo son tiernas mascotas, además son guardianes, pequeñas computadoras y pueden filmar y sacar fotos porque sus ojos funcionan como cámaras. Comenzaron a venderse en 1999 y ya dejaron de fabricase, únicamente comercializan el stock disponible.
Asimo (Advanced Step in Innovative Mobility) es el androide de Honda que también se ganó el corazón de quienes lo conocieron. Pesa 43 kg y mide 120 cm. En la empresa aseguran que desean “desarrollar robots capaces de actuar en el mundo real y ayudar a la gente”. Comenzaron en 1986 y en diciembre de 2004 anunciaron que estaba listo para funcionar. Aunque sus capacidades motrices son similares a la de los seres humanos, todavía no ejecutan actividades demasiado complejas.
Fujitsu es otro de los jugadores importantes de este mercado con su robot humanoide HOAP-3. Aunque muchos lo calificaron de feo, este pequeño androide es simpático y su cerebro procesa y responde a los sonidos e imágenes que recibe. Mide 60 cm y pesa 8,8 kg.
Por último se destaca Qrio, también de Sony. Se trata de un pequeño robotito de 60 cm y 7 kg que puede trotar a una velocidad de 14 metros por minuto. El gran avance tecnológico que lograron consiste en conseguir que los dos pies del robot se separen del suelo durante un momento mientras corren. Además, puede lanzar una pelota a tres o cuatro metros o agarrar a su pareja de baile, porque posee un avanzado control de sus dedos.
“En aproximadamente cinco años, habrá robots en todas partes”, asegura da Silva. Y aunque su afirmación suene a ciencia ficción habrá que creerle. Tal vez no estemos tan lejos.
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