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Entrevista
“No quiero tener 45 y seguir probando estar de novia”  


 
 
 
A pesar de atravesar una etapa profesional muy exitosa, Julieta Diaz no le escapa a las ansiedades que le provoca el cambio de decada. La proximidad de los 30 años la hace meditar sobre la pareja, la familia y los hijos. ¿y las arrugas? ¡a vivirlas con dignidad!

La primera vez que se encontraron frente a frente fue en la casa de él. Tomaron té con galletitas y conversaron durante unos cuarenta minutos. Ella descubrió un ser “talentoso, generoso, comprometido, humilde”. El, a la actriz que superó ampliamente la imagen ideal que él mismo tenía de la protagonista femenina de su próxima película. Julieta Díaz y Eduardo Mignona lograron hacer contacto unos días antes de la muerte del director. “Agradezco haberlo conocido. Hablamos de la vida, de lo agradecido que uno tiene que estar de poder trabajar de esta profesión. ‘Te vas a hacer de muchos amigos en este rodaje, ya vas a ver’, me dijo. Me habló mucho de su manera de disfrutar cada día de filmación, cada minuto, cada segundo. Ni se imagina lo importante que esa charla fue para mí”, cuenta Julieta, mientras aguarda para los primeros días de septiembre el estreno de La señal, proyecto que finalmente terminó dirigiendo Ricardo Darín.
–¿Cómo te conectás vos con el disfrute?
–Soy muy virginiana en eso. Virgo siempre se mira desde afuera, se critica y siempre cree que puede mejorar. Cuando la pasás muy bien, tenés culpa y cuando la pasás mal, te angustiás porque te da culpa no pasarla bien. Trato de estar muy consciente, de mirar siempre hacia atrás, ver el camino recorrido y disfrutar. Tengo que ser agradecida por el momento que estoy viviendo, no puede ser mejor. ¡Estoy donde quiero estar! (Lo remarca con sus manos sobre la mesa). La película con Ricardo, estar ensayando para hacer La Celestina. Cada vez que entro al Teatro San Martín y me veo atravesando esa puerta por la que tantas veces vi salir a mi padre y a otros compañeros, digo: “¡Que alegría estar acá!”. Es un honor pisar el escenario por el que pasaron grandes actrices que admiro.
–¿Gran escalón para tu carrera?
–¡Flor de escalón! Y no significa que mis trabajos anteriores no valgan. Siempre digo que no me siento actriz de teatro, cine o televisión. Soy actriz y me siento bien haciendo las tres cosas. Pero también es cierto que después de dos o tres años de decirles que no a proyectos muy importantes de televisión y haber arriesgado, estoy cosechando lo que sembré.
–¿Te habías cansado de la tele?
–No, no, no. Yo no me canso de la tele. Fue una decisión. Me dije: “Vengo trabajando desde hace siete años en la tele, estoy orgullosa y agradecida del lugar que tengo, pero también me gustaría crecer en cine y en teatro”.
–¿Qué te produce estar haciendo tanta cosa y ya tener proyectos para el 2008?
–Un placer enorme. Todas las mañanas me levanto y agradezco que, en este momento, mi conflicto laboral sea el tener tantas ofertas que me cueste decidirme por una o por otra. Nunca me olvido que vengo de una familia de laburantes.
–¿Te sentís diseñadora de tu carrera?
–Siempre me regí por la intuición, por lo que yo sentía interiormente que era para mí o no. Por ejemplo, cuando estaba haciendo Campeones, me llamaron para ir a desfilar al carnaval de Gualeguaychú y me ofrecían la tercera parte de mi sueldo por una noche. La verdad es que dije que no porque no me vía subida a una carroza y medio desnuda. Tampoco acepté nunca hacer fotos con poca ropa.
–Eso te colocó en el lugar de actriz difícil y distante para algunos.
–Si en algunas cosas me tengo que poner la careta de distante, seria, cerrada y hasta severa, no me importa porque sé que en lo verdaderamente importante de la vida –los valores, la libertad y demás–, soy cero careta. Creo que también choqué con una generación de actores jóvenes modernos (Remarca la letra “r”) y quedé como alguien más clásico que el resto... Me di cuenta de que cuando uno dice que no, está marcando una diferencia. Tengo un lugar público y defiendo valores que me parecen interesantes. Además, cuanto menos se sepa de mí, mejor. No quiero que me estén viendo actuar y piensen: “¡Ah! Esta es la que sale con tal”. Me encanta que la gente casi no me reconozca por la calle. Los protagonistas reales son mis personajes, la película, la obra o la tira, no Julieta Díaz.
–¿Años de terapia?
–Muchos. Me gusta enfrentarme una vez por semana a mis demonios y ver cómo poder domarlos. Trato de estar conectada con mi alma y para eso necesito silencio, algo que no siempre se puede tener. A mí me cuesta mucho el silencio mental. Mi familia, mis amigos, mi casa, mis libros, mis saumerios, mis CD, mi contrafrente con árboles... Esos son mis cables a tierra.
Según pasan los años
–Estás por cumplir 30, ¿cómo venís con eso?
–¡Edad bisagra! (Risas). Igual viste que ahora esa bisagra se corrió como a los 35. Lo más fuerte que me pasa con esto es que hace unos años aseguraba que no iba a tener hijos, que iba a tener una pareja, pero que seguramente iba a querer viajar libremente, ir de acá para allá sin ataduras... Ahora empecé a prestarles atención a algunas mujeres –con las que puedo sentirme identificada–, y me gusta ver cómo se relacionan con sus parejas, con ellas mismas, con su trabajo y, además, son madres. La familia de uno, ¿no? Más allá lá de lo difícil que sea construirla.
–Veo que te pegó fuerte el temita.
–Además, no sé si quiero tener 45 años y seguir probando eternamente estar de novia. Tengo ganas de llegar a los 50 y tener mis hijos. Quiero vivir los reproches de un hijo adolescente o el miedo de que mi marido me deje porque estoy gorda... ¿Ves? Ahora estoy sola, pero tengo ganas de convivir con alguien.
–¿Nunca conviviste?
–No. Con mi ex (el actor Sergio Surraco) pensábamos, pero bueno no se dio. Vivo sola desde los 21 y la paso bien, pero hay algo que me está pidiendo pasar por esa experiencia que –en mi caso–, tiene que ver con superar ciertos egoísmos.
–¿Creés en el amor para toda la vida?
–No sé si se trata de creer o no creer. Mis padres se separaron cuando yo tenía seis años y después de tener otras parejas, recién a los 40 y pico, encontraron la persona definitiva. (Piensa). Puede existir el amor para toda la vida, pero no tiene que ver con una cosa mágica, sino con que esas personas que están juntas, se vuelven a elegir más allá de los cambios de cada uno. Que uno puso límites, y el otro aceptó, que crecieron juntos...
–¿Afortunada o desafortunada en el amor?
–Creo que fui afortunada porque me quisieron mucho y yo también quise. Siempre estuve con gente que me cuidó, buenas personas, pero siento que tengo que aprender y es difícil... Tampoco he sufrido mucho por amor.
–¿Y cómo se hace para no sufrir frente a una separación, por ejemplo?
–Obvio que hay dolor, pero soy una persona que no puede sostener algo que no va. Prefiero cortar por lo sano, porque no me gusta perder ni hacer perder el tiempo. Esto es algo que me pasa en todos los ámbitos de mi vida.
–¿Cuál es tu tipo de hombre?
–Los hombres que pueden poner las cartas sobre la mesa cuando hay que ponerlas, pero que, además, se permiten ser sensibles. Creo que las mujeres despistamos a los hombres cuando creemos que lo podemos todo, que somos todo en uno. No quiero sonar tradicionalista, pero hay lugares que son del hombre, y está bien que así sea. Hubo y hay mucho cambio de roles.
–Y pocos encuentros...
–Los encuentros se producen, pero lo que sucede después es raro. Me parece que lo mejor siempre es ser muy sincero con uno mismo y con el otro. Sería algo así como “no sé lo que quiero, entonces te libero”. Creo que estamos viviendo tiempos de poco compromiso.
–La difícil tarea de estar en pareja, ¿no?
–Porque para mí es el vínculo donde converge todo: tu mamá, tu papá, tus miedos, tus deseos, tu pasado, tu presente... Y además, está metido el sexo, algo que tiene que ver con lo instintivo, con las energías más primarias. Creo que la idea de la media naranja, el idealizar, eso de tener que enamorarse al toque muchas veces nos juega en contra. Hay que poder ser más sabio, pero me cuesta. Lo digo porque es mi ideal, pero me cuesta...
–¿Cómo sos cuando te gusta alguien?
–Me agarra una cosa casi infantil, caprichosa. Soy recontroladora y pretendo saber qué quiere el otro de manera casi absoluta, qué va a pasar mañana. En realidad, creo que no es otra cosa que miedo. Siento que si no controlo, me pierdo en las emociones... Me pierdo... Hay que buscar el punto medio, ir aprendiendo.
–Nada nuevo bajo el sol: se trata de aprender a vivir.
–Tal cual. Y lo que más me gusta de la vida es que, cuando me la creo y pienso que ya lo sé todo, aparece algo que me muestra que no. Pero aún tengo 29, imaginate todo lo que me falta. (Risas).
–Otra vez el tema de la edad.
–Reconozcamos que el paso de los años es mucho más difícil para las mujeres que para los hombres. Por suerte, ahora estamos con el boom de las de 40 y son todas unas “bombonas”. Está bueno que una mujer de 70 pueda llevar sus arrugas con hermosura.
–¿Cirugía o “arrugas llevadas con altura”?
–Me juego un 99% que voy por el camino de las arrugas con dignidad. Pero tampoco quiero decir no a las cirugías. Tal vez un retoque, pero nunca que las cejas me queden en la nuca.

 
Por Sebastián Fernández Zini / Fotos: Inés Tanoira / Maquilló y peinó: Lucía Narduzzi / Agradecemos a Milion (www.milion.com.ar) y Vestite y andate