Buscar
 
Cocina Investigacion Moda Personajes Turismo Contactenos
 
 
 
 
Entrevista


"Al actuar fantaseo con ser otras
personas"

 



Perfil
Nació el 26 de marzo de 1968, y desde mediados de los 90 Andrea Pietra se convirtió en una de las denominadas “chicas Suar”. No sólo fue una de las actrices de la recordada Poliladron (interpretaba a “La Negra”), sino que siguió vinculada a muchos otros proyectos profesionales del Chueco. Su rostro empezó a ser conocido gracias a La Banda del Golden Rocket. También trabajó en Por ese palpitar, Verdad consecuencia, Un mundo de sensaciones (que lo produjo ella misma), Locas de amor y algunos capítulos de Mujeres asesinas. Sin embargo, el año pasado su carrera se hizo más fuerte aún porque fue la novia de Osvaldo Laport en Son de Fierro y en el cine interpretó a Perla en La señal, con Ricardo Darín. Este año protagoniza Socias con Mercedes Morán y Nancy Dupláa.
En pareja con el empresario artístico Daniel Grinbank. Hoy dice sentirse feliz por su presente profesional y personal. Y asegura que en mucho tiene que ver el optimismo con el que encara cada cosa de su vida.




Andrea Pietra actriz, exitosa y sensible. No se cree la fama y apuesta al optimismo como única arma para seguir adelante.

Hay algo que no deja de llamar la atención: durante la entrevista, Andrea Pietra casi no paró de sonreír. Ni siquiera en los momentos en que se le nublaron los ojos al recordar a aquellos seres queridos que ya no están; entonces, se las ingenió para intentar una sonrisa que le peleaba a la tristeza asomando en el recuerdo y en sus ojos húmedos. Tiene 40 años recién cumplidos que parece llevar con una frescura transparente. En cada gesto transmitió una especie de fina honestidad. Después confirmará otro aspecto suyo que se le notó en la charla: no le es ajeno el dolor del otro. Le mueve el piso el desamparo de los más vulnerables. Así fue que en las pieles de los vulnerados se metió a través de sus interpretaciones. Actuación pura, podría decirse. Ir al fondo, hundirse en el personaje hasta hacerlo persona. Vivirlo, sentirlo. “Ser actriz para vivir vidas que no podré vivir nunca. Es tan corta la vida…”, explicó.
–¿Cuánto hace que vivís vidas ajenas? Dicho de otra forma: ¿cuántos años llevás como actriz?
–Hace veinte que vivo de esta profesión.
–Dijiste que actuás para poder sentir cosas que de otra forma no podrías. ¿Sólo por eso elegiste la actuación?
–Huy, ¡qué pregunta! Tendría que remontarme a mis veinte años, o a un tiempo antes, cuando me daba cuenta de que me gustaba la actuación. Supongo también que actúo para seguir jugando como cuando era chica. La actuación da posibilidades de hacer cosas que con otros trabajos no se podrían hacer.
–Algo mágico.
–Sí, eso. Uno puede vivir mundos mágicos. Y me parece que en algún punto todos los actores buscamos lo mismo: fantaseamos con ser una persona y después otra y así sucesivamente.
–¿Te pusiste a pensar alguna vez por qué pasa esto?
–Debe ser porque la vida es demasiado corta y no tenemos el tiempo suficiente ni la capacidad para vivir de todas las maneras que nos gustaría. Entonces algunos encontramos una salida por el lado de la actuación y así podemos ser lo que no conseguiríamos de otra forma. Se me hace que es maravilloso transitar otras historias.
–¿No sentiste alguna vez que corrías el riesgo de creerte algo o alguien que no sos?
–No, porque no mezclo la ficción con la realidad. Previamente a interpretar un papel, investigo a los personajes. Pero no me confundo con ellos. Tengo bien en claro que siempre soy yo.
–¿Se aprende de los personajes?
–Siempre. Todos me enseñaron algo. Desde los más borders hasta los más estructurados. Interpretar a una asesina o a una mujer policía te posibilita estar un ratito en otra vida que no es la de uno. Y eso te hace reflexionar.
–Ahora, en Socias, interpretás a una abogada bastante particular. ¿Se parece a vos?
–Hace dos años que leí el libro y desde entonces sentí que había un papel a mi medida y quise hacerlo. Esperaba que llegara este momento y en el camino apareció Son de Fierro, que me sirvió muchísimo, y La señal, con Ricardo Darín, que fue otro de mis sueños hecho realidad. Pero en tanto disfrutaba de esas actuaciones, no dejaba de pensar en la posibilidad de trabajar en Socias. Me encantan las características de Mía, una persona que resuelve todo desde la practicidad, que va al grano, que encuentra soluciones apelando a ejemplos de la vida diaria y que mira la vida con optimismo. Creo que el momento y el lugar tienen mucho que ver con las cosas que a uno le pasan.
–¿Por qué?
–Porque cuando alguien tiene un deseo muy fuerte, se cumple. Claro que hay que ayudarlo, ¿no? Hay que hacer para que ese deseo se concrete.

Alegrías y miedos
–¿Sos feliz con los deseos que concretaste?
–Sí. Y sigo sintiendo que en líneas generales me fue bien en mi carrera. Me alegra el hecho de que desde hace un tiempo no paro de trabajar en mi profesión. Sí, me siento bien.
–Decías recién que tu personaje en Socias es positivo. Entiendo que vos también lo sos…
–Sí. Soy de ir siempre para adelante, de mirar el medio vaso lleno. Tengo una visión positiva de la vida, encaro todo con el “más”, con el positivo para adelante. Y soy desestructurada. Lo que no soy es desordenada, como Mía. Me encanta el orden. Creo que hay que ser alegres dentro de lo posible. Esto no quiere decir que haya que reírse cuando se observan las cosas que se ven diariamente.
–Justamente, ¿cómo mantenés entonces el optimismo?
–El positivismo te tira hacia delante y yo tiendo a ser positiva. De hecho, creo que cuando a alguien le va bien es porque pone actitud. Por el contrario, hay gente que se queja todo el tiempo y creo que vivir así es perjudicial para uno mismo. Pero ojo, que también tengo mis momentos de enojos, de intempestiva.
–Aparentás ser muy susceptible.
–Lo soy, sí. Soy muy emocional. Todo me toca. Sensible es la palabra justa.
–¿Cómo contrarrestás esas sensibilidades?
–De diferentes maneras. Una de ellas es a través de mis personajes. Pienso que eso también es bueno para mi trabajo, porque ser actor tiene que ver con saber transformar e interpretar las emociones.
–¿Llorás?
–No estoy todo el tiempo llorando, pero percibo lo que pasa. Todo me llega: veo un noticiero y me pasan cosas. Vivimos en un país que tiene aspectos desgarradores: chicos en las calles, pobreza, muertes. Se vive una situación dolorosa. No entiendo la contradicción de un país tan rico en el que se vive tan mal. Hay mucho individualismo. La gente más vulnerable es la que más me mueve.
–¿A qué le tenés miedo?
–En un tiempo le temía a la pérdida. Pero he perdido mucho y ya no le temo a eso.
–¿Cuáles fueron tus pérdidas más dolorosas?
–La de mi mamá y la de mi mejor amigo… Son cosas imposibles de superar. Uno aprende, de todos modos. Eran dos personas que se murieron de cáncer y pude ver en ellos la falta de cuidados personales, o la ausencia de chequeos médicos para prevenir. Bueno, eso trato de transformarlo en mayores cuidados para mí, en mejorar ahora mi calidad de vida.
–¿Qué otras cosas te enseñó este tipo de situaciones?
–Que uno tiene que aprender a disfrutar lo más posible a los que tiene al lado mientras están. Eso es así. Después hay que aceptar las cosas como son. También aprendí que hay que enojarse menos, no tener rabietas tontas. Y disfrutar todo lo posible aquello que dé placer. Uno no se considera feliz cuando está sano, hasta que está enfermo.
–Valorar el día a día.
–Claro, valorar más la vida, los momentos buenos… Sigo sufriendo, tengo tristezas, como todos. Pero digamos que continúo viviendo y tratando de aprender siempre.
–Que te afecten menos las cosas que tal vez no son tan importantes como parecen.
–Antes era más vulnerable y ahora sé defenderme. No soy superada, pero me afectan menos las tonterías.
–¿Cómo fue tu infancia?
–Feliz. Una niñez típica. Nací en Haedo, después me fui a vivir a Caballito, jugaba mucho en la quinta de mi abuelo. Y era varonera, de jugar al fútbol y al poliladron.
–¿Extrañás esas cosas?
–No. Ya pasó aquello; no soy de pensar en el pasado, sino que voy valorizando cada vez más mi crecimiento. Creo que lo que pasó ya fue.
–¿Qué deseos tenés en este momento de tu vida?
–No tengo demasiados: hacer cosas que me gusten, estar con la gente que quiero estar, cocinar, caminar, que es algo que me encanta y hago desde hace 6 años. Y poder vivir de la actuación.
–¡Epa! Todo lo que deseás lo estás logrando...
–Sí, y soy feliz sintiendo que, en líneas generales, me fue bien. N

 
Por Alejandro Duchini / Fotos: Fernando Calzada y AVER S.A.