Tiene 37 años recién cumplidos y casi 30 de profesión. Empezó en Señorita maestra en 1983 y pasó por Estrellita mía, La banda del Golden Rocket, Aprender a volar, Los machos, Nueve lunas, Alta comedia, Poliladron, Verano del 98, Mil millones, Infieles y Culpable de este amor, por nombrar sólo algunos. Hoy Gloria Carrá es Blanca, la malvada de Patito Feo, la tira que arrasa con los ratings desde hace más de un año. Tiene una hija de 9 años llamada Angela –de su relación con Marcelo Torres, hermano de Diego–, está en pareja con el actor Luciano Cáceres, tiene tremendas ganas de volver a ser madre y desde hace unos años, redes cubrió las tablas y encontró un espacio de lucimiento en el ámbito teatral. Un espacio que le valió dos nominaciones al Premio ACE como mejor actriz. Se la ve calma, contenta con este presente que le toca transitar. Tal vez porque se dio cuenta de que uno debe ir por lo que quiere, y está intentando ponerlo en práctica cada vez que la vida se lo requiera.
–En todos estos años, ¿cuántas veces reelegiste ser actriz?
–No tantas, si tenemos en cuenta que hace casi 30 años que trabajo en esto. No he tenido crisis vocacionales. Como es algo que vengo haciendo desde muy chica, estoy acostumbrada y me es muy placentero. Lo que pienso mucho ahora es para dónde quiero llevar mi carrera.
–¿Por qué decís “ahora”?
–Porque cuando estás sola o tenés que mantener a tu familia, no hay muchas chances de elegir.
–¿Para dónde querés llevar tu carrera? ¿Un poco de freno a la TV?
–No a la televisión en sí, sino a qué hacer en la tele. Como buena geminiana, me gusta la tele porque todo el tiempo me pasan cosas distintas. Igualmente, siento que me gustaría trabajar en un horario más nocturno. Me encanta Patito Feo, amo el personaje de Blanca y me gusta trabajar para chicos, pero a esta altura me gustaría estar con un programa a la noche contando otras historias
–Feas contra lindas, ser popular o divina... ¿es un mensaje que te preocupa?
–Me parece que eso estaba mucho más marcado el año pasado. Igualmente creo que el programa deja en claro que “las lindas” no la pasan del todo bien y que, por lo general, las populares –a la larga o a la corta– terminan siendo las que ganan. La historia siempre lleva a que las malas nos veamos como auténticas tontas. Por ejemplo, a las protagonistas les gusta el mismo chico y él está enamorado de Patito. Pienso que este tema es más un rollo de los adultos que de los chicos que miran la tira.
–¿Pensás que aún te falta llegar?
–Sí, pero creo que yo también colaboré para que eso sucediera. Hubo momentos en los que me alejé de los medios, no hacía notas ni iba a programas de televisión cuando me invitaban. Si uno está en este medio, se tiene que vender. Entendí, por ejemplo, que si hoy me tenía que levantar muy temprano para hacer esta nota, lo tengo que hacer y listo.
–¿Tenías miedo de mostrarte, de hablar de vos?
–Algunas veces por eso, otras porque me daba fiaca… Tampoco soy de mostrarme demasiado, no me meto en escándalos, no suelo ir a eventos. Muchas veces elijo quedarme en mi casa, con mi hija. Hay quienes se visten, se maquillan y salen. Esa es otra manera de encarar la carrera. Igual no creo que haya cosas que no se me den sólo por eso. (Risas)
–¿No habrá algo prejuicioso en vos?
–No lo tengo muy claro. Hice papeles más comprometidos por los que me felicitaron mucho, pero después todo se quedaba ahí. Creo que hay algo de prejuicio también. De hecho, cuando empecé a actuar en las obras de Javier (Daulte), hubo gente que le decía “No puedo creer que llames a Gloria Carrá para trabajar”. La misma gente que después le decía: “Che, qué bien Gloria, jamás me lo hubiera imaginado”. El lugar que tengo en el teatro, me gusta, me es muy grato.
–Por lo que sé, ese lugar lo buscaste.
–En realidad, empecé a estudiar con Javi…
–Perdón, ¿es cierto que recién comenzaste a estudiar teatro a los 27 años?
–Es cierto. A esa edad empecé con Carlos Gandolfo y después con Julio Chávez. Volviendo a lo anterior, fui a ver Gore, dirigida por Javier, y fue la primera vez que vibré desde una butaca. Dije “yo quiero esto” y puse mi deseo ahí. Amo hacer teatro y no puedo creer que sea algo que me provoque tanto pánico. En los estrenos, quiero desaparecer.
–¿Sentís que te tocó hacer mucho en soledad, sin ayuda?
–Desde chiquita. A los 5 años, murió mi papá, yo empecé a trabajar, mantenía a mi familia y después ayudé mucho a mis hermanos. Es rara esta profesión, y cuando estás sola con todo, es más difícil aún. Hubo momentos en que la pasé feo.
–¿Le reprochás algo a tu madre?
–No, no, porque estoy segura de que siempre hice lo que quise. Obviamente, me hubiera gustado hacer la escuela secundaria, pero bueno… Creo que siempre hay reclamos para con los padres. Cada vez que hago o le digo algo a Angela, me pregunto “¿Esto la traumará?” y siempre hay alguien que me contesta “Quedate tranquila que todo la va a traumar”(Risas). También pienso que el camino que hice, me puso donde estoy ahora y estoy contenta con mi vida.
–¿Es cierto que tu hija quiere ser actriz?
–Va a ser una actriz potente. Me pide siempre que quiere actuar y yo no estoy muy de acuerdo. Pero un día habló con Mario Schajris, autor de Patito, y le pidió que le escribiera algo. ¡Es un personaje! Finalmente grabó tres o cuatro capítulos, pero yo nunca me metí.
–¿Dice que quiere ser como la mamá?
–No sé si quiere ser como yo. Ella dice que me admira, que le gusta mi personaje, pero creo que tiene una personalidad más fuerte que la mía. Ahora quisieron que volviera a grabar, pero ni su padre ni yo queremos que trabaje desde tan chica. Ya le expliqué que tiene que ir al cole, jugar, hacer otras cosas. Igualmente sé que no la voy a poder frenar y tampoco quiero hacerlo porque sería cortarle algo muy de ella. Le encanta bailar, cantar, se arma coreografías… Le viene de familia: Lolita Torres, los tíos, se ve que lo lleva en la sangre.
–¿Ya tienen charlas de mujer a mujer?
–Muchas. Somos muy amigas, peleamos mucho y también nos amamos mucho. Ella me cuestiona y me reprocha todo: si trabajo mucho porque trabajo mucho, si no trabajo porque no trabajo (Risas).
–Estás en pareja con un actor: misma profesión, mismo elenco de teatro, mismo director…
–Estamos felices y además hace mucho que nos conocemos, salimos juntos de gira y hasta vivimos durante un mes en España con otros dos actores bajo un mismo techo.
–Se ve que en ese momento no se registraban.
–No nos habíamos visto. Esas cosas de la vida, muy loco. Me parecía divino, muy buena persona, pero cada uno estaba en la suya.
–¿Cuándo fue el flechazo?
–En la obra La felicidad. Fue muy lindo y muy raro a la vez. Hoy nos miramos y nos preguntamos cómo pasó, cómo estamos en esto.
–¿Cómo es estar con alguien con el que compartís la profesión?
–Está bueno estar con él, no sé cómo habría sido con otro. Nos llevamos bien, estamos mucho juntos, vemos teatro, es compañero, buen consejero. Cero competencia, no podría estar con alguien competitivo. Muy relajado todo.
–Arriesgaría que hay dos Glorias: una que hizo tele desde muy chiquita, casi por inercia, y otra, a partir de los 30, más arriesgada, que se animó a hacer teatro, a jugarse por lo que quería.
–Totalmente. Después de los 30, renací con otras ganas, con otras fuerzas.
–Entonces ahí sí hubo un volver a elegir tu profesión.
–Sí, sí. Algo así como tener en claro que esto es lo que quiero para mí, pero que lo quiero de determinada manera.
–Me quedé pensando en eso del “el lugar merecido”.
–Creo que soy tímida, no me creo el personaje de la actriz que reclama, me cuesta ir por las cosas que quiero, pero sé que todo llega.
–¿Te psicoanalizás?
–A psicoanálisis he ido pocas veces como para ver cosas puntuales. Yo me analizo mucho solita (Risas). Lo que hice y hago es yoga, me ayuda muchísimo, me ayuda a encontrar mi propio eje.
–Completá la frase: “Tengo ganas de…”
–Hacer una película. Este año estuve a punto, pero por la tele no pude. ¿Ves? Me arrepiento un poco de no haberla hecho, pero no me podían arreglar los horarios de las grabaciones de Patito. Tal vez otra grita y patalea y lo consigue, pero no hablemos más porque me voy a poner a llorar (Risas).N
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