En abril de este año, Sabrina Garciarena arribó a Buenos Aires desde Madrid –donde estaba trabajando por primera vez como actriz– para visitar a su familia sólo por una semana. Pero, además, se hizo tiempo para reunirse con la directora de cine Teresa Costantini y hablar del proyecto que hoy las tiene atrapadas en cuerpo y alma: la película sobre la vida de Felicitas Guerrero, considerada la mujer más hermosa de la República y quien fue asesinada a los 26 años por un amante no correspondido en 1872. “Conozco esta historia desde que tengo cuatro años y siempre me conmovió muchísimo. Más de una vez, cuando nos íbamos de vacaciones a la costa con mi familia, paramos para visitar el castillo donde ella había vivido. Así son las vueltas de la vida... Felicitas es un personaje al que siempre le hubiera dicho que sí”, cuenta la también hermosa actriz de ojos color miel y boca sensual, que se hizo conocida con aquella publicidad de cerveza en la que aparecían muchos famosos de apellido García y González, y ella era la novia recién casada que los esperaba en su fiesta multitudinaria.
–¿Cómo te definirías?
–Soy frontal, digo siempre lo que pienso, defiendo mis pensamientos, conozco cuáles son mis límites y los dejo en claro, pero jamás se me ocurría maltratar a alguien. Soy archí enemiga de la violencia en todas sus formas y colores.
–Felicitas también llevaba adelante decisiones que, en su época, la colocaban en un lugar de mujer de armas tomar. ¿Hay algo de eso en vos?
–Puede ser. Yo soy de las que van por lo que quieren y se comprometen con eso. No me gusta defraudar ni defraudarme y en todo lo que hago –tanto en mi vida como en mi profesión–, pongo el corazón.
–¿Por ejemplo?
–Una amiga creó la fundación Flexer, que ayuda a chicos con cáncer, y yo le doy una mano en todo lo que puedo, más allá de si sale o no una foto mía en una revista colaborando con esa causa. ¿Soy clara? Siento que tener un lugar público y ser conocida me abre puertas. Hay quienes luchan cien veces más que yo y aún así, les cuesta cien veces más conseguir lo mismo que puedo lograr yo. ¡Horrible!
–¿Siempre soñaste con ser actriz?
–Siempre, siempre. Mi abuela paterna quiso ser actriz, pero su padre –que era escenógrafo del Teatro Colón– no la dejó. Yo casi no la conocí, pero siempre está muy presente en mi vida y en las charlas familiares. A veces pienso que haber elegido esta profesión, y que esa elección se haya dado tan naturalmente, tal vez tenga que ver con una especie de reivindicación de los deseos frustrados de mi abuela.
–¿Cómo fue ser una chica de novela por tiempo completo durante tantos años?
–Re loco. Un martes terminaba de grabar una y al jueves siguiente, ya estaba empezando con la otra. Me divertía porque eran historias bien contadas, donde cualquier cosa te podía pasar, bien típico de los culebrones. Puntualmente, me gusta actuar y en ese momento era en la tele; ahora, es en el cine.
–¿Parar con la tele fue una decisión meditada o se dio por casualidad?
–Mirá, el año pasado mientras grababa La ley del amor, también filmé Tocar el cielo y Amor en tránsito. Era grabar 12 horas y después filmar casi siempre de noche o en los huecos de la novela. El último día de grabación de la novela, me tomé un avión a Madrid para ir a presentar Tocar… y allá aproveché para presentarme en varios castings. Me parece que uno va preparando el terreno para que las cosas se den como uno quiere.
–¿Cómo fue la experiencia de trabajar en el exterior?
–Fue raro porque todo el tiempo me trataron con mucha confianza, como si nos conociéramos desde siempre. Para mí fue una muy buena oportunidad de hacer comedia, algo que acá no había podido mostrar demasiado.
–¿Harías “la gran Sbaraglia”?
–Me encanta España y tengo amigos y gente conocida, pero extraño mucho. Leo Sbaraglia está acompañado por su familia, y eso hace todo más llevadero. Irme sola a vivir allá me parece un plan un poco duro.
El amor fuera de la TV
–Hablando de la familia, ¿cuánto pesa el ejemplo de tus padres al armar tu propia historia de amor?
–Me gusta ver una historia de amor estable y con tanto respeto como la de mis papás, pero no me genera presión. Me parece que hoy nos tocan vivir tiempos de hiper individualismo, falta de compromiso y desencuentros. Enamorarse es para mí algo mágico, y pasa muy poco.
–¿Estás en pareja?
–No, pero no quiero hablar del tema. (Se sonríe tímida).
–¿Te llevas bien con la soledad?
–Sí, no sé. Igualmente he tenido muchos noviazgos largos porque es un estado que me gusta.
–¿Qué significa el tenista Gastón Gaudio en tu vida?
–¿Quién? ¿Quién es Gaudio? (Silencio). No voy a hablar, ¿eh?
–¿Tenés planes de casamiento, hijos?
–…
–No te estoy preguntando con respecto a Gaudio, es una pregunta en general.
–Hoy por hoy, no me veo con hijos. Creo que se complicaría compatibilizarlo con mi trabajo. Siento que me gustaría parar y dedicarme casi exclusivamente a la maternidad. Pero mira que soy muy buena tía, ¿eh? (Se ríe).
–¿Pero fantasees con el tema?
–No sería mamá sólo por un tema de realización personal. No tengo ese rollo de que una es más mujer si es madre. Cada vez tengo más en claro que un hijo es el gran proyecto de dos personas que mueren de amor la una por la otra. Sé que es una idealización absoluta, pero me gustaría que fuera de esa manera.
–¿Podrías definirte a la hora de estar en pareja?
–Intento, construyo y trabajo mientras estoy con el otro. Me ha pasado que después de una separación hayan querido volver a intentarlo, pero a mí no me sale. Quizás algunos reaccionaron cuando ya me habían perdido.
–¿Cómo se juega en vos el tema de tu belleza? ¿Alguna vez te “enemistaste” o siempre supiste capitalizarla?
–Pienso que uno no se sostiene sólo por ser bello. Cuando salgo a la calle, veo muchas mujeres hermosas y no todas trabajan como actrices o no todas son exitosas. Tal vez puede ser un plus, pero por ejemplo, para interpretar a Felicitas estoy aprendiendo a montar a caballo, trabajando con una foníatra, buscando la postura que llevaban las mujeres del 1800, haciendo baile, leyendo sobre la Guerra de la Triple Alianza y la fiebre amarilla. Si alguien reduce todo ese trabajo a la forma de mis ojos y mi boca, me excede. El trabajo de actriz es mucho más que una cara bonita.
–¿Qué es lo que más te atrae de ser actriz?
–Es una carrera que no tiene techo, y creo que eso es lo que la hace más interesante. Poder vivir otras vidas, tener constantes desafíos. Antes de La ley del amor, me habían ofrecido un protagónico y, sin embargo, me fui a Pol-ka a hacer una comedia, que era nuevo para mí. Soy muy curiosa y me gusta ir cambiando. Siempre me inclino por los papeles en los que siento que me juego algo, roles que tocan otras cuerdas.
–Si mirás hacia atrás, ¿ves un camino bordeado de una gran cuota de suerte o sentís que hay mucho de esfuerzo, trabajo y constancia?
–Estoy convencida de que uno va por la vida enviando información de lo que quiere y desea. Creo que haber hecho cuatro películas en los dos últimos años tiene que ver con un deseo muy mío de querer trabajar en cine. Para mí se relaciona también con preguntas que uno se va haciendo: “¿Me veo haciendo tal cosa? Sí, me veo”.
–¿Te animarías a tocar una puerta para ofrecerte para un proyecto?
–Nunca lo hice, pero creo que no me daría pudor. Creo que si Teresa, la directora de la peli, no me hubiera ofrecido el papel de Felicitas, tal vez habría ido feliz a ofrecerme.
–¿Cómo te imaginás dentro de 10 años?
–Actuando. Ahora estoy estudiando canto y me encantaría hacer algo para chicos. Aunque quien te dice que largo todo y me pongo a pintar, una asignatura aún pendiente en mi vida. Quién lo sabe…
|