En la sala de espera, la señora saborea un chocolate mientras espera que la llamen. Sobre la camilla vuelve a ingerir otro trocito de su manjar preferido. Hay alguien a quien también le fascina ese sabor de cacao y leche, y comienza a demostrarlo. Se mueve, patea… “parece que está contento”, dice la mujer, y el técnico ecografista lo comprueba: en la pantalla el bebé de treinta semanas, en constante movimiento, pareciera saludar a la cámara.
Cada vez se sabe más sobre lo que pasa dentro del útero y, sobre todo, acerca de cómo lo externo (alimentos, música, voces) impacta sobre el bebé en gestación. La tendencia es vivir las nueve lunas de un modo diferente: cuidando y protegiendo a la criatura que está en el vientre materno. Por eso hoy las madres modifican sus actitudes frente a la panza que crece y disfrutan del embarazo con todos los sentidos.
“Mamá? me ama, me mima, me habla”
Un futuro hijo, aún a meses de nacer, mantiene una conexión con su madre, mucho más estrecha que la meramente biológica. Se trata de un vínculo particular que incluye desde emociones profundas a estímulos sonoros, pasando por alimentos sabrosos y aromas que armonizan y relajan.
Efectivamente, el bebé por nacer y su futura mamá están en sintonía. “Todo lo que estrese, preocupe o impacte emocional o físicamente a la madre puede provocar consecuencias indeseadas en el bebé a través de mecanismos neurohormonales”, afirma Alexia Rattazzi, psiquiatra infanto juvenil.
Madre e hijo también “conversan”, aunque todavía no lo hagan cara a cara. La voz de la mamá es la preferida del bebé, que responde a ella con movimientos particulares. Hay evidencia científica de que el futuro retoño oye antes de su nacimiento, es decir, que quienes hablan a la panza no lo hacen en vano. “Se cree que ya escucha algunos sonidos a las 26 ó 28 semanas de gestación. Es cierto que reconoce la voz de la madre, además de los sonidos de la placenta y de, por ejemplo, los latidos del corazón. Es sabido que el beba puede memorizar la voz de la madre. De hecho, se hizo un experimento en el que se les hacía escuchar una reproducción de la voz de la progenitora y una de una voz extraña, y la frecuencia cardiaca fetal aumentaba sólo cuando escuchaba la voz de su madre”, continúa diciendo quien es jefa del Departamento de Psiquiatría Infanto juvenil del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.
Por eso es conveniente que la embarazada evite los ambientes molestos o ruidosos. En esta etapa tan especial de su vida, no debe olvidar que “los ruidos externos muy intensos o persistentes pueden dañar la audición del bebé y provocar cambios conductuales, al igual que la propia audición de la madre”, añade la especialista. Así también, las emociones fuertes, efecto del estrés, la violencia doméstica, la ingesta de antidepresivos o ciertos medicamentos deben evitarse si fuera posible: “Toda situación negativa para la madre, desde el punto de vista emocional, como situaciones violentas, traumáticas o duelos, puede tener consecuencias en el bebé. Es muy importante que la madre no ingiera sustancias nocivas de ningún tipo durante el embarazo: fumar y tomar medicamentos, por ejemplo, ya que la gran mayoría pasa a través de la placenta y puede causar efectos indeseados. Hay pocas medicaciones permitidas durante el embarazo. Es muy importante consultar con el obstetra”.
En cambio, algunos alimentos y bebidas influyen positivamente en el bebé. “La exposición fetal a distintos alimentos afecta las preferencias en el gusto del bebé luego del nacimiento. Si se pone una sustancia dulce en el líquido amniótico luego de las 24 semanas, se ve que el bebé por nacer traga más frecuentemente. Si, en cambio, se pone una amarga, traga con una frecuencia menor y puede que modifique su expresión facial”, puntualiza Rattazzi, quien advierte que una nutrición adecuada de la madre es trascendental, ya que así está brindando a su bebé los nutrientes necesarios para su crecimiento y desarrollo.
¿Qué? pasa allí adentro?
“La panza es un habitáculo nutriente en varios sentidos; uno de ellos es en sonidos y estímulos sonoros”, indica Claudia Barreyro, creadora y directora del Tinkunaco, Primer Centro Santafecino de Preparación Multidisciplinaria para la Maternidad-Paternidad y Crianza, y agrega: “para que eso se verifique, además de la elección de una música apropiada, tienen que darse algunos elementos tales como: disposición de la madre, lugar tranquilo, escucha y volumen adecuados. Así, se entretejen otras sensaciones, no sólo la escucha”.
Por su parte, Enzo Valls, creador de Musicreciendo (Educación Musical en la Temprana Infancia basada en la Teoría del Aprendizaje Musical, de Edwin Gordon), considera que hay algo más detrás de la tendencia a utilizar música durante el embarazo (aunque esto no la hace menos efectiva, aclara): “Algo de moda hay; una moda alimentada por un mercado tan poderoso como es el que tiene que ver con el mundo de la infancia, en el que proliferan todo tipo de artículos para niños, obviamente, pensados por adultos. Pero no hay dudas de que los aportes recientes de la ciencia se van haciendo vox populi”.
Entonces, ¿es posible aportar beneficios al bebé por nacer a través de sonidos agradables y armónicos? “Seguro”, responde Valls, “pero el concepto de sonidos agradables puede ser ambiguo y prestarse a diferentes interpretaciones. Una cajita musical produce sonidos agradables, pero proponer Mozart o los Beatles con sonido sintetizado de cajita musical es una aberración. Yo aconsejo a los padres que les hagan escuchar a sus bebés, nacidos y por nacer, música variada, compleja y de calidad. Para mí no existe la música para niños. Por supuesto hay canciones que utilizan la música para contar historias, enseñar cosas interesantes, estimular la fantasía, pero ese es otro cantar (valga el juego de palabras): en ese caso la música es sólo un medio, un vehículo para transmitir otros contenidos. Yo aconsejo que los niños escuchen la misma música que los adultos, sin arreglos ni sonoridades especiales. Pero el primer consejo es, en realidad, que los grandes les canten mucho, y no sólo canciones de cunas o nanas. Es importante saber que la transmisión de los primeros elementos de la cultura musical se producen, sobre todo, a través de la voz de la madre, pero también de los demás integrantes de la familia que rodea al niño desde la panza hasta los 2 ó 3 años. Las comunidades antiguas, y hasta nuestra misma sociedad de hace sólo pocas décadas, cantaban mucho: hoy delegamos demasiado el canto en los artistas y, por lo tanto, escuchamos casi exclusivamente música mediada por la tecnología”, evidencia el experto.
De algo no hay dudas: lo que resulta grato y placentero para la madre lo es también para su crío en gestación. Barreyro asiente: “Claro, porque la madre, al recibir una experiencia gratificante, vuelca al torrente sanguíneo hormonas que, como increíbles conductoras de sensaciones, llevan el mensaje de bienestar también al bebé. Sucede lo mismo con experiencias adversas o negativas”.
Panza llena, bebe contento
El doctor Juan Ignacio Rojas, médico neurólogo del Servicio de Neurología del Hospital Italiano de Buenos Aires, fundamenta científicamente la escena de la embarazada que, al comienzo de la nota, ingería chocolate y provocaba, así, determinados movimientos en su bebito por nacer. “Diversos alimentos, principalmente aquellos con un alto contenido en glucosa (chocolates, dulces), desencadenan una mayor cantidad de movimientos fetales, principalmente, patadas. Este principio de movimientos reactivos al consumo se da por la presencia de componentes activos biológicamente en aquellos alimentos, tales como metilxantinas y aminas biogénicas, que desatan las consecuencias fisiológicas y conductuales percibidas por la madre en dicha circunstancia. Si bien este principio es utilizado para comprobar la salud fetal, se desconoce si tendría una influencia sobre el estado de ánimo del bebé en gestación, tal como alegría u otra manifestación anímica. Mas allá de este punto en particular, algunos estudios realizados en embarazadas establecieron una asociación entre el consumo de chocolates durante el embarazo y la presencia de niños más reactivos y activos a los 6 meses de vida, teorizando un rol de las sustancias activas presentes en el chocolate y el desarrollo del temperamento en el niño, al actuar sobre áreas estratégicas del desarrollo conductual y del ánimo del niño en gestación. Estos datos deben ser tomados con suma cautela, ya que el diseño de los estudios incluyó a un bajo número de madres y niños evaluados con un seguimiento de tiempo corto y con otras posibles explicaciones. Futuras investigaciones permitirán aclarar si el consumo de sustancias dulces durante el embarazo tendría un rol en el desarrollo anímico-conductual, más allá del de generar los movimientos utilizados como screening de salud fetal secundarios a la presencia de sustancias biológicamente activas”, alega el doctor.
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