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Interés general
Por qué los países
se llaman así
 

¿Porteños o triniteños?

Otero señala una curiosidad. La hoy ciudad capital de la Argentina fue fundada como “Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires”. Por alguna razón, prosperó solamente lo de Buenos Aires. Pero, vuelve a señalar Otero, “no existe decreto o acta alguna que haya anulado el nombre de Santísima Trinidad, vigente hasta hoy, por lo cual llamar a sus habitantes triniteños es tan lícito como llamarlos porteños”. El escritor está preparando un libro sobre el origen de los nombres de las ciudades más importantes del mundo, su significado y sus curiosidades.

 
En un libro que ya va por su cuarta edición, el escritor Edgardo Otero revela detalles insospechados sobre el origen de los nombres de los países, que muchas veces nacen de caprichos o conveniencias políticas o tienen una historia de independencias y orgullos que merece conocerse.

Todos conocemos que el nombre de Argentina proviene del latín argentum, plata. Pero, ¿cuándo y por qué comenzó a llamarse así? Nuestro entrevistado nos dice que “el español Martín del Barco Centenera (en cuyo honor hay una calle con su nombre en Buenos Aires) llamó así a la región en 1572, en un poema. Casi simultáneamente, el Mar Dulce (o Mar de Solís) fue llamado Río de la Plata. Las razones fueron las mismas. Creían que la plata abundaba. Y también el oro”. Es cierto que había yacimientos de ambos metales, pero no abundaban. El economista (y humorista) Enrique Silverstein lo resumió así: “Cuando los españoles llegaron a lo que hoy es la Argentina, creían que había oro y plata tirados por las calles, y descubrieron tres cosas: primero, no había oro ni plata; segundo, tampoco había calles; tercero, los estaban esperando a ellos para que las hicieran”.
–Pero –sigue Edgardo Otero– Centenera tal vez se apoyó en la existencia de ese nombre en algunas ciudades europeas. Por ejemplo, hasta el siglo IX, la actual ciudad de Estrasburgo, en Francia, se llamaba Argentina.
–Edgardo, ¿por qué y cómo se le ocurrió un libro sobre el origen de los nombres?
–Bien, hace bastante tiempo, unos diez años, vinieron unos ingenieros canadienses que colaboraban con la empresa electrónica en donde trabajo. Hicimos trabajos juntos, y un día se me ocurrió preguntarles qué significaba el nombre Canadá. Me dijeron que se lo habían enseñado en la escuela, pero que no se acordaban. Entonces me puse a buscar en Internet, y en las bibliotecas, un libro que explicara el significado de los nombres de los países y descubrí que ese libro no existía. Me puse a investigar. Me llevó mucho tiempo, pero el resultado fue mi primer libro, que ya va por la cuarta edición. Comencé por simple curiosidad, para saber el porqué. Y me acordé de que cuando estudiaba portugués, mi profesora contó el origen del nombre Brasil.
–¿Y cuál es?
–Bien, los portugueses, que durante siglos fueron grandes navegantes, encontraron en algunas islas asiáticas un árbol rojizo, y por una palabra en latín que significa brasa, llamaron brasil a esa madera. Cuando llegaron a América del Sur, encontraron un árbol semejante. Usaban el rojo para teñir de colorado las ropas. Y comenzaron a referirse al nuevo territorio como “el país del palo brasil”, y finalmente, Brasil. Los tupíes y guaraníes llamaban a ese árbol ubirapitanga, pero el nombre de Brasil se impuso y sirvió para llamar al país más extenso de Sudamérica. Lamentablemente, talaron tantos árboles que hoy sólo se lo ve en algún jardín botánico, y quizás los haya en la selva del Amazonas. Casi no hay brasiles en Brasil.

Todos los nombres
En muchos países, fueron las tribus o etnias dominantes las que dieron nombre a las regiones. Así, explica el escritor, Francia es la tierra de los francos, y se llamó Galia cuando los galos fueron la tribu dominante.
–¿E Italia?
–Hay varias versiones. La más aceptada habla de un rey llamado Italo. Hay quienes mencionan la tribu de los ítalos. Otros dicen que es una deformación de Vitelius, palabra que significaba ternero, por lo cual Italia vendría a ser la tierra de los terneros.
Pero, de hecho, en algunos casos, uno solamente puede consignar las versiones. Los nombres de muchos países se han perdido en un mar de conjeturas, y nadie sabe cuál es la versión verdadera. En otros países, los nombres los pusieron los conquistadores, pero los nativos nunca los aceptaron y cuando lograron la independencia, volvieron a los nombres originales. Y hay quienes no aceptan traducciones.
–¿Por ejemplo?
–Por ejemplo, el país africano que llamamos Costa de Marfil. Ellos se oponen de un modo muy curioso, porque no reclaman usar el nombre original, sino el nombre en francés, Cote d´Ivoire. Otros tienen razones políticas. Así, Bielorrusia se llama ahora Belaruz. El primer nombre les recuerda que estaban dominados por Rusia. Y Birmania quiere llamarse Myanmar, pero al mismo tiempo caen en una contradicción, porque el gentilicio no es myanmareño, sino birmano.
–El conquistador inglés Cecil Rhodes llamó a una vasta región africana Rhodesia.
–Pero apenas pudieron declararse independientes volvieron al viejo y antiguo nombre de Zimbabwe. La idea es despegarse de la colonia. Y se comienza por el nombre. Cambiar las estructuras coloniales por otras es una tarea más lenta. Esto ocurre en los países americanos que fueron colonia, y en Asia y en el Africa. En estos momentos hay alrededor de doscientos países (a veces son islas no demasiado extensas) que reclaman su independencia y ser llamados de otro modo.

¿América para quien?
Otero recuerda que lo que hoy es América fue descubierto por los vikingos, mucho antes de que Colón pretendiera ir a las Indias y tropezara con la isla de Santo Domingo, en el Caribe. “Los vikingos llamaron Vinla al territorio descubierto. Lo de América vino mucho después, según versiones, en homenaje al navegante y geógrafo Américo Vespucio. La cuestión me recuerda algo irritante, y es que los estadounidenses hablen de sí mismos como americanos. Son tan americanos como un peruano o un colombiano o como nosotros. Deberían referirse a sí mismos como estadounidenses. Los canadienses los llaman así. La cuestión es más bien política, como cuando el presidente estadounidense Monroe dijo ‘América para los americanos’, con lo cual quería decir que todo el continente, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, de algún modo les pertenecía. Pero para los españoles toda América fueron las Indias Occidentales, llamaron a los aborígenes ‘indios’ (cuando, en realidad, indios son los habitantes de la India), y a los descendientes de europeos nacidos en América, ‘indianos’”.
–Vamos a nuestros vecinos americanos. ¿Qué significa “Uruguay”?
–Bien, la y, y aún la i, en guaraní, significa agua o río. Algunos estudiosos traducen la palabra Uruguay como “río de los caracoles”, otros, “río de los pájaros”. El nombre de Paraguay está también ligado a su río. El guaraní es un idioma muy hermoso y potente. La actual provincia argentina de Corrientes se llamó, durante siglos, Taraguí.
–¿Y Bolivia?
–El nombre es un homenaje al libertador Simón Bolívar. El venezolano llegó a enterarse de que le ponían su nombre a la región antes llamada Alto Perú y se opuso, pero no le hicieron caso.
–¿Cómo es el caso de Perú y de Chile?
–Chile es una palabra en lengua araucana. Había –hay– un pájaro que repetía una palabra que se escuchaba como chili, y el nombre nunca fue cambiado. Incluso en la época de la conquista se hablaba de la Capitanía general de Chile. Los españoles nunca cambiaron el nombre. En cuanto a Perú, hay tres versiones. Unos hablan de un río llamado Pirú, palabra que con el uso se deformó en Perú. Otros hablan de un cacique inca llamado Birú. Por fin, se menciona a una región llamada Pirú, pero se desconoce si tiene traducción al castellano.

A las tres de la tarde
Algunos países nacieron por capricho o por conveniencia política de las potencias. Es conocida la anécdota de Winston Churchill, el ex primer ministro inglés, quien recibió al embajador de un país de Oriente Medio (al que vamos a llamar Asinia). El embajador protestó por la presencia de tropas inglesas en su recientemente independizado país, y Churchill le contestó: “Déjese de molestar. Asinia fue una idea que se me ocurrió un jueves de la primavera pasada, a las tres de la tarde”.
–¿Y Malvinas?
–Investigué esa cuestión. Como se sabe, se llama Malvinas porque los primeros navegantes que llegaron a la isla fueron franceses de Saint Malo, cuyo gentilicio es malouinos. En cuanto a los miniestados, también son un capricho político, como Mónaco, o San Marino, Andorra y tantos más. Los primitivos dueños europeos de la isla de Manhattan fueron los holandeses, que llamaron a la ciudad Nueva Amsterdam. Y los ingleses se la cambiaron por la Guyana, que pasó a ser Guyana Holandesa y hoy se llama Surinam. Un trueque que ignoraba a los aborígenes. Pero todos los conquistadores ignoraban a los aborígenes. Hubo uno que escribió, refiriéndose a los nativos: “Hemos encontrado unos animales que se nos parecen”. Mataban por capricho, y sigue siendo así, lamentablemente.
–A todo esto: al comenzar a hablar, me dijo que su curiosidad comenzó por el nombre Canadá. ¿Y qué significa Canadá?
–Es una deformación de canata, palabra que equivale a casa.